Dilema lechero

Según los resultados del Dane sobre el comportamiento del PIB durante el tercer trimestre de 2017, la producción de leche aumentó, frente a igual período de 2016, en 9,6 por ciento, cifra que se ubica por encima del crecimiento del grupo de pecuarios, que fue del 5,0 por ciento.

Para el año corrido (enero-septiembre) de 2017, la producción lechera presenta un crecimiento del 12,6 por ciento, con lo que se convierte en la más alta del grupo de bovinos.

Sin embargo, según algunos voceros de los gremios lecheros, como consecuencia de la desaceleración de la economía, en la actualidad la industria de transformación no está en capacidad de absorber los mayores volúmenes de producción de leche.

La problemática que se registra en el mercado de la leche responde a que, con el propósito de brindarles una adecuada protección a los ganaderos, el Ministerio de Agricultura fija, a través de una resolución administrativa, el precio al que la industria debe garantizarle la compra a los productores.

Por este motivo, el precio de compra por parte de la industria no se ajusta a las condiciones variables de la producción interna y, en particular, a la situación de exceso de oferta que, según los ganaderos, se presenta actualmente.

Adicionalmente, como el propósito es proteger a los productores de la competencia externa, el precio interno de la leche se ubica por encima de las cotizaciones internacionales, haciendo que no se consoliden las exportaciones de leche en polvo.

Al querer defender (aún a costa de la realidad de los mercados) el ingreso de los ganaderos a través de una resolución administrativa, la intervención termina haciendo que estos, para vender los excedentes de leche, recurran a los canales informales en donde se pagan menores precios (fruto de la sobreoferta), no les aseguran la compra e incluso corren el riego de que no le reconozcan el valor de la venta.

En estas condiciones, lo que al final implica la intervención en el mercado de la leche es que los mayores volúmenes de producción no sean absorbidos por los canales formales (la industria lechera y las exportaciones), lo que en la práctica se convierte en un freno para el crecimiento del sector, ya que este queda limitado a la capacidad de expansión de la demanda interna.

De esta forma, la actividad lechera, que en Colombia tiene un interesante potencial de desarrollo para abastecer el mercado interno y generar excedentes crecientes de exportación (como ha ocurrido en el caso de Uruguay), termina cautiva del proteccionismo.

El intervencionismo en el sector lechero ignora, además, la realidad que, desde la década pasada, viene ocurriendo a raíz de los TLC, y que consiste en la entrada progresiva de mayores volúmenes de importación y en la reducción de los aranceles.

Para enfrentar esto no hay sino una solución: mayores niveles de productividad. Infortunadamente, el proteccionismo poco estimula las mejoras en competitividad.

 

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