El motor económico de la última década

Si bien el rechazo a la implementación de la resolución 125 fue determinante dentro del sector agropecuario, hablar sobre las consecuencias que su vigencia hubiera tenido para el agro es entrar en el terreno de las hipótesis. De lo que sí hay certeza es que, sin su aplicación, el sector demostró su poder para dinamizar la macroeconomía y provocar un efecto derrame en las economías del interior.

De acuerdo con estimaciones privadas, todos los años la producción agropecuaria invierte alrededor de 300 mil millones de pesos. Un aporte que se refleja en la incorporación de tecnología (genética, maquinaria agrícola y nuevos servicios), que tiene como finalidad la búsqueda de más productividad y de mayor agregado de valor.


Los números del agro y las retenciones a partir del conflicto

Crecimiento

La agricultura es la punta de lanza de ese liderazgo. En los últimos 10 años, la producción de granos en el país creció 40 millones de toneladas, hasta convertirse en la única actividad que ha logrado mantener en el campo una tendencia ascendente.

Su protagonismo sobre la economía es notorio. Durante el año pasado, Argentina generó exportaciones por 58.500 millones de dólares, de los cuales 25.300 millones de dólares corresponden a la venta de soja, girasol, maíz, trigo, cebada, arroz y sorgo. Significa que 43 por ciento de las exportaciones nacionales fueron generadas por la producción de granos y su industrialización posterior, a través de harinas, pellets, aceites, biodiésel y otros subproductos. En términos de generación de divisas, de cada 10 dólares que ingresaron al país, 4,3 dólares fueron aportados por la producción primaria y sus derivados. La eliminación de las retenciones y las trabas comerciales al trigo y al maíz impulsaron su comercio. De la mano de la harina, el del trigo fue el complejo exportador que más creció en los últimos cuatro años: 180 por ciento.

Más relegados

La ganadería y la lechería, dos actividades con alto impacto en las economías donde están asentadas, muestran una realidad diferente. Los desincentivos a la producción que tuvieron ambos sectores entre 2008 y 2015, con regulaciones de precios y trabas comerciales, impactaron con fuerza en sus resultados productivos y económicos. A tal punto que sus volúmenes de producción están estancados en los últimos 10 años, y con menos cantidad de establecimientos.

En los últimos dos años, sin embargo, hay síntomas de mejoría en la producción ganadera. En enero, las exportaciones de cortes vacunos crecieron 45 por ciento, y Argentina se volvió a ubicar entre los 10 exportadores mundiales del alimento, un sitial del que había desaparecido desde 2006.

La generación y utilización de energías alternativas, a partir de productos del agro, es el nuevo paso que está dando el sector en su desarrollo y en la búsqueda de su mayor competitividad.

Todo en un contexto en el cual la presión impositiva sigue teniendo incidencia, aunque menos que hace 10 años. En diciembre de 2017, por cada 100 pesos de renta agrícola por hectárea, la carga tributaria (nacional, provincial y nacional) se lleva 66 pesos, según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada). En diciembre de 2008, los impuestos se llevaban 91 pesos.

Autor: Alejandro Rollán
Fuente: La Voz
Link: http://www.lavoz.com.ar/politica/el-motor-economico-de-la-ultima-decada

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