La lechería en su crisis histórica más larga

Pero se suponía que toda esa situación cambiaría con el arribo de Cambiemos al poder. Ni hablar cuando se conoció que un productor rural sería ministro de Agroindustria.
Sin embargo, los cambios no han llegado según esperaban, y el caso de la industria lechera es simbólico.

Aquí una descripción de lo que está sucediendo:

Los tambos están en situación terminal y no se avizoran cambios. La industria en parte con buenos resultados, como La Serenísima, otra parte extranjerizándose, como Saputo, Danone, etc, y la gran cooperativa destruida, SanCor. Algunos decíamos, que cuando no estuviesen don Pascual Mastellone y Sancor, los productores conoceríamos a predadores en la colecta de materia prima. Hoy día, a una de las principales exportadoras del commodity leche en polvo le cuesta encontrar destino al volumen de leche que recibía.

Una conjunción de males se ha volcado sobre el sector:

> el clima que se ha vuelto extremista, pasamos desde las inundaciones a la sequía, impidiendo hacer reservas forrajeras en campo propio.

> El suplemento es imposible comprarlo afuera, ya que maíz, soja y trigo, favorecidas por la quita de retenciones y la suba del dólar se fueron a las nubes.

> El gasoil y la electricidad con reiterados shocks de aumentos.

> Ni hablar de los impuestos, el Inmobiliario Provincial (hay casos de hasta un 60% anual de aumentos) y principalmente las Tasas Municipales (con el récord del justicialista Gustavo Menéndez, intendente del Municipio de Merlo, quien le subió a sus productores más de un 7.000%, si leyó bien).

Por supuesto se trata de cobrar sin ninguna contraprestación de servicios violando la Constitución Nacional en la forma más descontrolada.

Un conocido empresario decía siempre que él no tenía una industria láctea, sino una compañía de transportes. Es que buscar la leche todos los días en miles de tambos desparramados por varias provincias y luego distribuir los productos hasta en el último kiosko de la esquina, implica un despliegue rodante de los más amplios que se conocen.

Pero, para transitar, hacen falta caminos y camioneros. Justamente lo que ya no hay, los caminos porque las Provincias y los Municipios se han apoderado de tributos rurales con destino inconfesables, y los segundos porque el moyanismo les enseño a sacar todas las ventajas con menos esfuerzos.

Por eso exigen que sea el tambero el que le lleve la leche a las rutas y no ellos cumplir con su obligación de retirar la materia prima “en tranquera de tambo”, tal como es de norma.

En la mano de obra, cada vez hay menos ordeñadores o tamberos asociados de profesión y con tradición familiar, de esos que con esfuerzo comenzaban como medieros y terminaban trabajando su propio tambo. Y en la parte de los operarios rurales, si bien no ha incidido tanto el costo salarial, las exigencias legales del empleo con cargas que no recibe el trabajador, hacen imposible arriesgarse a agrandar la plantilla. Además falta la capacitación escolar y técnica para operar las máquinas actuales.

Con el precio de la leche de tambo en $6,70 por litro leche gorda salida de la vaca con mucha proteína y grasa, muy “estirable” en su fase industrial) y en el almacén pagándose $26 el litro (un dólar), o el queso de buena calidad a $280/kilo (más de US$ 10) no solo tenemos un récord de precios al consumidor de los más altos del mundo en moneda fuerte y materia prima la más barata en dólares (US$ 0,25), sino que además estamos para el “Guinness de la Brecha” entre el precio al productor vs. precio al consumidor.

Se calcula que venimos con quiebras de más de un tambo por día, más de 365 establecimientos por año que van cerrando sus tranqueras. Y un tambo se cierra en un día y cuesta muchos años volver a ponerlo. Es sabido que la lechería asienta la familia rural despejando las urbes atosigadas de gente, y requiere mucha mano de obra, desde profesionales hasta peones y transportistas. Un tambo es como un sanatorio donde se atienden, por lo menos, a más de 200 parturientas por año.

El Estado, que debería estar preocupadísimo por éstos temas, vemos que “no hay equipo” y viven literalmente “boleando cachirlas”. Cuando el ministro de Agricultura, Luis Miguel Etchevehere, o los propios asesores conocedores de la industria láctea que tiene el presidente Mauricio Macri, deberían reemplazar de inmediato a los funcionarios de la Dirección de Lechería que siguen como si nada ocurriese.

Mientras que históricamente el sector tuvo mesas de concertación y discusión para buscar soluciones y políticas adecuadas, e inclusive hasta laudos ministeriales y presidenciales para terciar en el precio de la leche entre tamberos e industriales, aquí no se llama formalmente a negociar precios desde el inicio de Cambiemos. Los funcionarios de la anterior gestión y los de esta se esconden bajo los escritorios y evitan reactivar usos y costumbres que son una fuente de derecho comercial, y que servirían para supervisar un mercado de dudosa transparencia.

Y aquí no hay una discusión sobre la procedencia de la intervención estatal en la economía, pues los mismo funcionarios han venido interviniendo y mal. Primero haciendo que el Presidente de la Nación haga papelones con promesas incumplidas. Luego promoviendo subsidios a la materia prima que no sirvieron para nada o proponiendo crear stocks de intervención. Lo último hablando de mesas de competitividad cuando el principal costo es el accionar o no accionar del propio Estado.

Se subsiste sin fomentar la inversión y la creatividad. Es que si hay algo en lo que debería actuarse en forma inmediata, además de las metas cuantitativas para contener el déficit fiscal y evitar la inflación, es en eliminar obstáculos diarios que viven los tambos y las pymes para subsistir. Si un productor asfixiado hoy por los impuestos y demás costos, intentase invertir, por ejemplo en ordeñadoras robóticas, collares electrónicos, pasturas naturales, o agregando valor vendiendo leches especiales o quesos artesanales, se encontraría de inmediato con la máquina de impedir.

Desde la Aduana hasta los intereses del banco, las fiscalizaciones de aguas o de bromatología, los inspectores nacionales, provinciales o municipales. El Senasa, el Inal, las leyes que prohíben al tambero hacer mozzarella y solo vender masa.

El Código Alimentario, y la contradictoria legislación sobre agroquímicos. Los registros superpuestos en la administración pública. El sindicato de la industria láctea y el de camioneros. El barro y los caminos destruidos que impiden sacar la producción. Todo esto y mucho más se interponen como una máquina de impedir que pocos piensan en desregular. Y para muestra basta un botón, el propio Ministerio de Modernización todavía no logra reemplazar la página de AFIP por una propia, o los Ministerios de Agricultura simplificar los trámites de un traslado de hacienda. Los Consejos Escolares provinciales suelen comprar leche en polvo para mezclar con aguas de dudosas fuentes, en cambio de proveerse de leche fresca pasteurizada e higienizada en la zona. Y así podemos seguir.

Como dijimos, la lechería genera mucho empleo e inversión en el campo, es una producción intensiva en el medio de la pampa húmeda. Por eso también es quizás, la actividad más cuidada en las economías desarrolladas. Hoy caímos a niveles de producción per cápita de 1993, casi 25 años de atraso, en un sector que trae muchos dólares, pues exporta sin exigir insumos intermedios extranjeros como ocurre con otros sectores industriales (ejemplo electrónica o automotriz). Pero al ritmo que vamos solo va alcanzar para que tomemos la leche sin asomar al supermercado mundial.

¿Cómo y no tienen ninguna responsabilidad los propios tamberos? Si la tenemos y quizás las más grande. No saber trabajar en equipo por nuestros intereses.

Autor: GUILLERMO DRALETTI
Fuente: Urgente 24
Link: https://www.urgente24.com/278057-la-lecheria-en-su-crisis-historica-mas-larga

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Un Comentario

  1. cristian said:

    Nada màs cierto como describió ésta realidad, los otros nos maltrataban y éstos simplemente te ignoran, pero ésta crisis es la terminal, la del gobierno que votamos. Pero el ministro de todo el campo, solo se preocupa por que no toquen las retenciones.

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