Un empresario reconciliado

Carlos Enrique Cavelier no es un empresario común. Es el presidente de la empresa Alquería, estudió en Estados Unidos con hijos de judíos de la Segunda Guerra Mundial, y desde 2008 se metió con camiones a la zona de retaguardia de la entonces guerrilla de las Farc. Todo con el fin de comprarles la leche a 150 familias campesinas de los Llanos del Yarí.

Fue una osadía llegar a esta región ubicada entre el Caquetá y el Meta, cuenta hoy Cavelier. Entonces Juan Manuel Santos era el Ministro de Defensa y en la zona se desarrollaba la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática, a través de la cual el Ejército pretendía recuperar ese territorio. Al final de la guerra, aunque el Estado llegó con las Fuerzas Militares y con empresarios como Cavelier, las Farc siguió controlando una parte importante de la región.

“La gente de Alquería tuvo mucho valor cuando decidió meterse a la zona. Hubo amenazas. A nosotros nos llamaban para que les pagáramos y simplemente lo reportábamos a la Policía y no dimos dinero. Pero eso es cosa del pasado”, rememora el empresario bogotano, antropólogo y sociólogo de la universidad de Vermont, en Estados Unidos. Esa es su respuesta cuando se le pregunta cómo le fue a su compañía en una región donde vivían campesinos estigmatizados, por el mismo Estado, de ser guerrilleros.

En todo caso, no era fácil llegar a la región en donde la única ley que reconocían los pobladores era la insurgencia. Y más aún, cuando a través del plan de consolidación pretendían entregar insumos a las 150 familias del proyecto piloto, cuyo financiador era la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, (por sus siglas en inglés, Usaid). Entonces, eran todos los enemigos de las Farc metidos en su histórico territorio.

El proyecto empezó a andar y los camiones de Alquería a recorrer las trochas que la comunidad y la insurgencia construyeron. Fue un compromiso de la compañía con los 150 pobladores: los carros pasarían recogiendo la leche todos los días y cada quincena la empresa pagaría.

Bajo el temor que genera la guerra Cavelier conquistó algo, pero no lo suficiente y en los albores de la paz con la guerrilla el proyecto creció y hoy tiene 1500 familias yarisenses que le venden el líquido a Alquería, muchos de ellos, asegura el empresario, campesinos que en el pasado sembraron coca.

“Lo primero que hicimos fue sembrar confianza ante el productor y ante las asociaciones de productores. Como se pusieron los tanques y dijimos que cada quince días íbamos a pagar, con esas dos cosas la leche empezó a salir”, refiere Cavelier.

En tiempos en que se ha debatido tanto sobre la Justicia Especial para la Paz, es inevitable preguntarle a Cavelier si está de acuerdo o no con que los empresarios que participaron directamente en el conflicto cuenten la verdad y se sometan a la JEP.
Sobre el tema, Cavelier no mete las manos al fuego por nadie, dice que cada quien deberá responder por sus actos, aunque no desconoce que el país necesita reparación, verdad y reconciliación.

“Nosotros hemos estado metidos en esa zona, pero siempre cumplimos las reglas a cabalidad, nunca nos metimos en procesos de tierras. Cada quien responde por lo que hizo. Nosotros no hicimos pago de extorsiones y nos fue bien”, recalca.
Aunque con la misma convicción no descarta que algún dueño de camión (de los que trabajan con él) le haya dado un litro de leche o dinero a las Farc, “pues eso es incontrolable. Tampoco teníamos control de si el campesino le pagaba a la guerrilla o no”, afirma.

Pero, como dice él, eso es cosa del pasado, al menos con las Farc como actor armado, y hoy está concentrado, junto al Ministerio del Posconflicto, en replicar ese modelo empresarial en el Sur de Bolívar. Hace dos meses participó en la primera reunión que se realizó en Barrancabermeja (Santander). El objetivo es comprarles la leche a 500 campesinos que anunciaron su interes en el proyecto.

“Hoy, tenemos 1500 productores, queremos subirlos a 2000. Nosotros compramos leche en Aguachica (Cesar), alrededor de 100.000 litros diarios y queremos comprarles a estos 500 campesinos el líquido adicional para poder exportarlo y así empezar una nueva fase del proyecto que empezó hace nueve años en los Llanos del Yarí”, dice.

Esa otra fase consiste no solo en garantizar la compra de la leche a los campesinos, sino también, articulados con el Estado, pretenden suministrarles insumos, capacitarlos a través del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) y brindarles créditos adecuados para que los productores obtengan ganancias justas y sin intermediarios.

“Lo que pasa en el sector agrícola es que a la gente le prometen que le van a comprar el producto y no les cumplen. El caso del ñame es el más reciente: siembran ñame y después no hay a quién vendérselo. Entonces, nosotros no podemos promover que la gente produzca leche y no comprársela”, expresa.

¿Y cómo van a apoyar en la reincorporación de los excombatientes de las Farc a la vida económica del país?, es otra pregunta irrenunciable para un empresario como Cavelier. Él, sin titubear, cuenta lo que ha hecho Alquería en esa materia.

Hace dos años, en una novena de aguinaldos conoció a dos excombatientes, quienes luego de contarle su historia de una pequeña fábrica de alimentos, terminaron trabajando en su compañía. Sin embargo, ante este interrogante concluye: “para mí el problema no son los 7000 excombatientes, el problema son los 12 millones de campesinos que viven en la pobreza en el campo colombiano. Mi propuesta es integrarlos, esto no puede seguir como en el pasado”.

 

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