Después de 35 años en Ilolay quien fuera hasta el año pasado Gerente General de Williner, Rodolfo Galloni, se retiró de la actividad, en sus últimos días de trabajo se sentó a una charla mano a mano con Damián Morais para hablar de todos los temas que incumben a la lechería argentina.
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Esta es la primera parte de la entrevista:

Damián: Me gustaría comenzar la entrevista con una pregunta incómoda. ¿Por qué la industria lechera nacional está tan endeudada?

Rodolfo: Yo desde el punto de vista de una mirada muy personal creo que la lechería está endeudada por falta de rentabilidad. A veces es difícil asumir esto, mucho más cuando uno transita con disputas dentro de la propia cadena. Hay un montón de mitos respecto a esto: muchos creen que la gran parte de la torta se la dejan a la industria, otros hablan de la producción, otros hablan de lo que tiene que ver con la parte del retail o el último eslabón que va directo al consumidor.

Yo creo que la industria tiene un problema de rentabilidad que lo viene trayendo desde los últimos tiempos y creo que esto está dado por dos cosas. Primero porque desde el punto de vista de las exportaciones depende mucho de la inestabilidad de la moneda y de los precios internacionales, es decir, las exportaciones generan resultados positivos en una pequeña parte de la historia y la otra trabaja colocando excedentes con falta de rentabilidad, con quebranto.

Desde el punto de vista del mercado interno creo que cada proceso de los cuales hemos vivido con controles de precios y con costos liberados, esto es muy importante decirlo: lo que hemos pasado en estos últimos años, hace imposible sostener el negocio cuando no podés acompañar la evolución propia de la inflación.  Y fundamentalmente a los costos que hacen a la lechería en sí, desde la materia prima hasta los costos diversos que tienen que ver con envases, fletes, etcétera.

Yo creo que, en estas dos cosas en distintos niveles y momentos, son muy influyentes para que la lechería no tenga una rentabilidad estable.

Siempre me acuerdo de un dato que me parece muy relevante: en el 2011 se hizo un trabajo de competitividad donde se informaba que la rentabilidad general de ese año en la industria había sido del 1%. Obviamente con algunos que ganaron y otros que perdieron. Pero la industria en general tiene un problema de rentabilidad que hace que se generen situaciones financieras complicadas.

D: Yo sostengo hace rato que el problema fundamental es que es un negocio chiquito, la lechería argentina casi no ha crecido en los últimos veinte años cuando en otros lugares sí. Entonces eso significa que somos cada vez más chicos y menos relevantes. Tenemos volúmenes similares, tenemos rentabilidades cada vez peores y cada vez se quita un poco más de ese pequeño porcentaje que tenemos para darle rentabilidad a una cadena.

R: Fijate que tal cual lo decís, en el año 1999/2000 fue el pico de aquella década del ’90 con 10.000 millones de litros y hoy estamos en 11.000 millones. Habiendo pasado veinte años estamos dando vueltas en distintos vaivenes en una producción total país casi idéntica. Y creo principalmente que la lechería no crece por lo que te dije: cuando no hay rentabilidad no hay aporte de capital como para que esto crezca. Tenemos un potencial impresionante. Recuerdo cuantas veces hemos hablado de llevar una lechería a 14.000 millones de litros y de volúmenes más importantes pero siempre nos quedamos en un aspiracional porque no apareció la posibilidad de tener el nivel de rentabilidad que necesita cualquier inversor para poder aportar al crecimiento. Esto lo hablo en toda la cadena, tanto en la producción primaria como en la industrialización de esa leche.

D: Si no tenemos más leche no vamos a poder crecer y ese es uno de los problemas fundamentales que hoy enfrentamos. La Argentina tiene capacidad instalada para procesar más leche pero no está produciendo más leche, esto es un freno muy importante. Por eso, analizando estas situaciones con la historia de SanCor, ustedes que están cerca lo habrán sentido cuando dicen “vamos a meterle leche a SanCor” esa leche no se crea de la nada, tendrá que salir de otras industrias… Es complicado.

R: Si, es complicado. Si mirás a lo largo de la historia siempre hemos estado rotando la misma leche entre distintas manos. No hemos tenido crecimiento genuino sino que hemos estado apelando a una cantidad o volumen estable que por distintas cuestiones, por poder de pago, fueron pasando de mano en mano. O en el caso de SanCor, vos lo decís muy bien, una empresa que llegó a tener un litraje impresionante, dejó en manos de otras empresas toda esa producción de litros de leche. Evidentemente hasta que no tengamos previsibilidad no me imagino una lechería creciente. Va a ser una lechería con este volumen que tenemos actualmente, litros más, litros menos.

D: En esta lechería, entonces, con este volumen que tenemos…  Porque hay diferentes modelos, tenemos empresas netamente exportadoras como otras que son netamente de mercado interno. En general, a las empresas de capitales nacionales les cuesta más que a las empresas que tienen capitales extranjeros salvo algunas excepciones. Lo charlábamos con algunos otros empresarios y decían “encontramos el negocio en la distribución” o “estamos encontrando el negocio en ciertos mercados que no son tan grandes”: ¿Cuál es el negocio para la lechería argentina? ¿Tiene un negocio hoy, la lechería argentina?

R: Yo creo que tiene un mercado y tener un mercado no necesariamente es tener un negocio. Hay un mercado internacional y local. Desde mi óptica creo que el negocio pasa fundamentalmente por la productividad, es la medida que hay que mirar. En el mundo, la productividad industrial es cada vez más influyente en el negocio y claramente palpitamos que acá cuesta que haya inversión en tecnología para mejorar la productividad. Es un punto que hacía el futuro la industria va a tener que abordar y desarrollar.

D: Hablando de productividad, nosotros tenemos varias formas de medir la productividad de una empresa pero una de las formas que se usa para medir la productividad de la lechería argentina y no nos dan bien los números, es la cantidad de litros de procesado por empleado. Más que nada con el avance tecnológico que han venido sucediendo en estos últimos veinte años desde la explosión del pico productivo, tiene que ver un poco con eso ¿no?

R: Totalmente. Y la diversidad de niveles de productividad que hay, no se pueden medir directamente porque tiene que ver con los mercados, con el mix del producto, las categorías que trabaja, si son o no monoproducto, el portafolio tiene su influencia y el valor agregado también pero claramente cuando uno mira la brecha de productividad entre las veinte primeras industrias del sector evidentemente hay una distancia o algunos están en mejores condiciones que otros.
Siempre recuerdo que en el año 2017 hice un viaje a Europa y visité plantas. Uno mira cada vez que visita una planta que la cantidad de gente visible es mínima. Contra esa productividad en el mundo uno tiene que competir para llevar su producto, la productividad para hacer un buen negocio de importación es muy importante.

D: ¿Podemos meternos en esto del mundo? Hay una posibilidad de un acuerdo que por ahora parece alejada, pero que se ha avanzado mucho en los últimos tiempos, entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Nos puede complicar ese acuerdo a nosotros o no va a ser tan perjudicial como algunos creen?

R: Yo creo que hay muchas cosas en juego, nosotros tenemos distintas condiciones y no sé si estamos preparados para ser competitivos a nivel mundial, porque tiene mucho que ver con la estabilidad de la moneda y los precios internacionales. Para mi hay tres variables que son importantes: el nivel en el cual está la moneda para que tengamos competitividad, el nivel en el cual está el precio que tiene sus vaivenes y el nivel de productividad de cada empresa para hacer que ese negocio sea rentable. Si estas tres patas no funcionan adecuadamente es un tema complejo.

Yo particularmente me inclino por decir que para tener un acuerdo de esa magnitud tenemos que tener un nivel de estabilidad como país y no solo nosotros, sino la región. Uno cuando mira la inflación que tenemos, los desequilibrios que tenemos en la macro como país… Yo no nos veo hoy por hoy preparados para esa competencia.

D: ¿Pero no corremos el riesgo de quedarnos afuera? Por ejemplo Uruguay se cortó solo e hizo un acuerdo comercial con China donde va a tener menos aranceles que Argentina para exportar a China. Si llega a pasar lo mismo con Brasil y la Unión Europea podemos ver complicado también el mercado de salida de nuestros lácteos…

R: Totalmente. Lo que ocurre es que mientras no haya una política nacional, una política de lechería donde uno apunte a algo, tenga en claro una meta, un objetivo y no estemos subsistiendo en el día a día; todos los riesgos están arriba de la mesa. Yo creo que los uruguayos tienen toda una historia particularmente de orden, de trabajar internamente para la productividad interna y externamente para estar en el mundo. Son condiciones muy distintas. Yo reitero nosotros no tenemos una política clara y la inestabilidad permanente al inversor le hace tener muchísimo resguardo a la hora de invertir. Creo que nos vamos quedando atrás en el tiempo y los riesgos, como decís vos, comienzan a ser importantes.

D: ¿Qué nos queda entonces,  si dependemos de la macro, para la lechería en sí y sus actores genuinos? Usted participó de la fundación FunPel que demoró en arrancar pero parece que está empezando a funcionar aunque ya no con la idea original, está trabajando más allá de las decisiones que tomen los gobiernos de turno y los gobernantes. ¿Qué nos queda para trabajar?

R: Conozco la institución pero no formo parte de FunPel. La lechería tiene tres componentes importantes: primero que el Estado genere condiciones, segundo la industria y una pata muy importante es la sindical. Entre las tres tienen que generar un ámbito para que la industria sea realmente sustentable en el tiempo. En esta mesa de conversaciones cada uno tiene que poner lo suyo. El estado tiene que brindar previsibilidad, la industria tiene que mirar la factibilidad de inversión y el sindicato se tiene que unir para poder conocer que necesidades tiene la industria para ser sustentable en el tiempo. La producción que es parte importantísima de esto tiene el mismo desafío que la industria: para poder crecer necesita invertir, para poder invertir necesita previsibilidad y productividad para poder ganar. Acá hay una cadena que está en riesgo y necesita de dos actores importantes: primero el Estado para poder para trabajar, como dijiste vos, una política de Estado y segundo sentar a la mesa al sindicato para trabajar en mejorar la productividad de las empresas y tener un resultado que le de sustentabilidad en el tiempo.

 

Transcripción: Cecilia Saleh

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