Los tamberos españoles ya no aguantan producir a pérdida. Reclaman una suba de 0,08 a 0,12 euros por litro dependiendo de la industria, y como protesta han decidido una media extrema por tiempo indefinido cuyas consecuencias pueden ser muy graves.
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En la foto, un grupo de los ganaderos que el 26 de noviembre pasado concurrió a Madrid donde tiraron leche ante la sede de la multinacional Lactalis | Foto de David Fernández – La Voz de Galicia.

Hay dos formas de fracasar: dejar que las cosas sucedan con la esperanza de que la solución llegue sin que hagamos nada para eso, o esforzándonos para cambiar la realidad y volcarla a nuestro favor. Conocedores de esa premisa los tamberos españoles siguen dando señales de que, asfixiados como están, no van a perecer sin intentar todo cuanto logística y legalmente puedan hacer para cambiar la adversa realidad que atraviesan.

En noviembre, en esta misma sección, Todo El Campo informó sobre el retiro de leche de los supermercados españoles de aquellas marcas cuyas industrias pagan poco a los tamberos remitentes. La medida, absolutamente novedosa, tuvo de por sí su impacto, pero no logró el cambio buscado y el problema persiste.

Los tamberos expresan que venden a pérdida y que no puede ser que en el supermercado el litro de agua cueste más que el de leche.

Está en la lógica comercial más básica que aquello que se produce a pérdida desaparezca, salvo que tenga algún tipo de subsidio o transferencia suficiente para suplir los números rojos y llenar los huecos financieros que se van generando. Pero eso no está pasando en España y de haber algún tipo de ingreso no productivo, es insuficiente.

Lo que sucede entonces es lo obvio: los tamberos siguen cerrando sus establecimientos y asfixiados se mudan a las ciudades con lo que el campo pierde un actor fundamental en el tejido social. En Uruguay sabemos qué significa social y económicamente que un tambo decida bajar las cortinas.

Otro principio básico es que toda iniciativa económica para no fracasar debe ser rentable. Pero éste parece ser ajeno en muchos países respecto al sector lechero. Por eso, y para cambiar lo que parece un final lento pero inexorable, el 15 de diciembre los productores de leche de toda España y haciendo foco especial en Andalucía donde se encuentra la mayor actividad ganadera de país, darán un último aviso a las industrias, para que les paguen lo debido, o simplemente no remitirán el producto.

Los reclamos del sector no son nuevos, pero ahora se han visto agravados por la suba de precios de los insumos, los fletes, el combustible y la energía eléctrica. En la zona de Los Pedroches (norte de Andalucía) se suma la frutilla de la torta: el déficit hídrico, informó la prensa española.

Por cada litro de leche, el productor español cobra de 31 a 35 centavos de euros dependiendo de la industria, los tamberos dicen que para no tener pérdidas deberían vender a 43, entre 8 y 12 centavos por encima de lo que cobran en la actualidad.

Hasta que no se recupere el precio de la leche y llegue a los 0,43 euros, los tamberos no entregarán el producto, así lo resolvieron en una asamblea realizada esta semana.

“LA MEDIDA MÁS DURA QUE PUEDE ADOPTAR EL SECTOR”.

Al finalizar emitieron un comunicado en el que explican la situación. Es una “huelga indefinida de entregas”, dijeron los productores, y agregaron que “es la medida más dura que puede adoptar un ganadero, pero a la vez es la única que puede revertir esta situación caótica en la que está sumido el sector, la leche es nuestra y los únicos que se enriquecen con ella son los que nos la compran”.

Mientras dure la media “no se dejará circular por las carreteras ni una sola cisterna de leche”, advierten.

Aclaran que no es intención “perjudicar a los transportistas”, que “están pasando tan mal como nosotros, pues las industrias les tienen igual de asfixiados en precios, pero no podemos dejar que se mueva un solo litro de leche en España” mientras dure la medida.

Finalmente instan a todos los tamberos a “no firmar contratos que no cubran los costos de producción”.

LA PREGUNTA DEL TÍTULO.

Sin valorar o juzgar la “dura” medida adoptada -carecemos de elementos para hacerlo-, se nos ocurre preguntarnos cuáles pueden ser las consecuencias para los más débiles. No nos llamaría la atención que los más pequeños no resistan y terminen acelerando su expulsión del sector. Tampoco sabemos qué fin se le dará al producido de cada ordeñe.

De cualquier forma, no se le puede pedir a nadie que trabaje a pérdida. Eso, además de ser económicamente inviable, es inmoral y va contra la dignidad de las personas.

Como apunte final y pensando en Uruguay, cuando nos llegan estos reportes del exterior, a uno se le ocurre considerar lo bueno que es la existencia de una cooperativa como Conaprole que da estabilidad a un sector que tiene problemas estructurales a nivel mundial.

De ahí la pregunta del título: ¿A España le falta una Conaprole?

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