Guillermina Más maneja junto a su hermano el tambo El Mará, ubicado en French, en el partido de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Lo fundó su padre -que hoy tiene más de 80- hace medio siglo.
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En ese establecimiento se producen más de 10.000 litros diarios de leche. Es decir que no es un tambo chico de esos que están en riesgo de extinción sino de los que lograron sobrevivir a las diferentes crisis lecheras huyendo hacia adelante, reinvirtiendo ganancias y sumando productividad y escala. Eso les permite, dice Guillermina, tener cierto margen positivo en su resultado económico.

Guillermina tiene un segundo rol: además de producir leche es también la vicepresidenta de la Cámara de Productores de Leche del Oeste de Buenos Aires (Caprolecoba). Por eso es voz autorizada para referirse a todo lo que está pasando en el sector. Advierte que la política nacional no hace más que restarle ingresos a los productores que se las ingenian para seguir en carrera.

En su caso la escala productiva le reporta beneficios. Cuenta que también influye en el resultado económico la posibilidad de que el tambero haga agricultura, es decir sea él mismo el que fabrique el alimento para las vacas y no tenga que comprarlo. También suma que se pueda hacer la recría de las vaquillonas que luego entrarán en producción.

Todos esos manejos productivos son formas de escapar a la crisis de la que el sector no logra salir como colectivo, un poco por la suba de los valores de los granos pero sobre todo porque el Estado -que debería ser el que genere mecanismos que los ayude a desarrollarse- es el que les pone todos los palos que puede en la rueda.

“El precio del litro de la leche que cobramos se fue recuperando por arriba la devaluación e inflación. El valor de abril, según informa el Siglea, fue de 28,17 pesos. Es 55% más que el de abril de 2020 y eso está por arriba del dólar, que se devaluó cerca de 40%, y de la inflación. Pero está por detrás del aumento de costos, que fue potenciado por la suba de los commoditties. Los tamberos venimos con un escenario de crisis de costos que se profundizó y los corremos desde atrás”, explicó Más.

Esos son riesgos propios de una actividad que transforma dólares (los granos) en pesos (la leche), y con los que los productores saben lidiar; saben que así como hay etapas de precios altos de esos insumos también los hay de bajos.

“En términos promedio estaríamos en una situación de casi empate entre precios y costos, pero cuando uno le incluye el retorno al capital de 5% estamos por debajo. Si se toma el costo promedio que informa el OCLA (Observatorio de la Cadena Láctea), estamos hablando de 27,60 pesos de promedio. Y si se suma una renta del 5% estamos en un precio de equilibro de 32 pesos, contra los 28 pesos que se cobraron en abril. Es decir, estamos por debajo de lo que se requiere para quedarse en la actividad y reinvertir”, resumió Más.

Esa brecha entre ingresos y costos no tiene que ver solamente con la suba de los granos sino también con lo que las políticas le quitan de ingresos a toda la cadena lechera. Eso es lo que impide sacar la cabeza fuera del agua. El Estado en vez de ayudar al que invierte y produce le corta las piernas.

¿Y cómo hace eso el Estado? Guillermina Más explicó que de tres maneras: con los derechos de exportación (que están en 9% para la leche en polvo) y desdoblamiento cambiario, lo que achica el ingreso de dinero por la vía de la exportación.

Los derechos de exportación “significan una caída del ingreso del tambero en 5 pesos, si cobramos 28 y necesitamos 32, ahí está la diferencia”.

A eso agrega ahora el cierre de exportaciones de carne vacuna, que deprimió los valores de la vaca de conserva, otra fuente de ingresos de los tamberos.

“El cierre de exportaciones de carne claramente nos afecta porque la vaca de descarte, que ya no puede quedar preñada o no produce leche, había encontrado en China un mercado y ahí teníamos un valor que para nosotros era una fuente de financiamiento y rentabilidad. Eso hoy no está y claramente impacta en nuestro costo. Se calcula que un piso de 10% de nuestras ventas se generan por la vaca de descarte o el ternero macho, lo que va a generar un aumento justamente del costo. El impacto es directo y equivale a cobrar 1 a 2 pesos menos en el litro de leche”, dijo Más.

El tercero mecanismo es mediante los “acuerdos” de precios cuidados y máximos, que fueron impuestos al sector a partir de una suerte de extorsión de funcionarios que amenazaron a la industria con cerrar exportaciones si no adherían. Eso quedó plasmado en un acuerdo firmado entre las cámaras de la industria láctea con la Secretaría de Comercio Interior, del cual no participaron los productores.

Al respecto, Guillermina sostuvo que para el sector primario no es positivo ese acuerdo. “Sabemos que no funcionan. Como señal, todo lo que sea control de precios, no es buena. Si el precio de la góndola es menor al necesario para cubrir márgenes bajará la producción”, explicó.

“Lo que necesitamos es agrandar la torta de la cadena y las políticas la están achicando”, finalizó la productora y dirigente lechera.

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