Argentina |12 septiembre, 2018

FEPALE | Alejandro Sammartino: “El futuro es nuestro, no nos lo han robado”

En el marco de la inauguración del Congreso de la Leche de Fepale Alejandro Sammartino como Director de Lechería tuvo a su cargo el discurso de inauguración.

En una primera jornada marcada por una gran variedad de temas abordados, el discurso de apertura a cargo del Director Nacional de Lechería tuvo una fuerte impronta sobre la percepción que tiene el funcionario de los desafíos que afronta la lechería en el mundo, y claro, nos da una pista suponemos, sobre la agenda que quiere trabajar en el país.

Es por eso que nos pareció relevante compartir el discurso completo:

Queridos amigos

Quiero hablarles del presente de la lechería y también de su futuro y de la propuesta de este Congreso.

Este encuentro de la FEPALE se lleva a cabo en el marco de un mundo y una actividad lechera con significativas transformaciones tecnológicas, políticas, culturales y sociales. Una dinámica tan intensa que nos obligan a encarar los próximos años con un estado de espíritu diferente al que venimos transitando.

Todo se ha acelerado y complejizado. Pensadores del siglo pasado ya hablaban de un mundo cambiante e incierto. “El problema de nuestros tiempo”, decía el francés Paul Valéry, “es que el futuro ya no es lo que solía ser”.

William Butler Yeats, el gran poeta irlandés, contemporáneo por cierto de Valéry, era aún más contundente al respecto: “Allí donde el verde es perpetuo, todo ha cambiado, una belleza terrible ha nacido”.

En ambos casos sus punto de vista, impusieron temor y cautela frente a las visiones tradicionales, y sus palabras se convirtieron en las grandes epitafios del siglo XX. Sus testimonios describen al futuro como un territorio inhóspito, en algún sentido tierra de nadie, donde lo que queda en evidencia es la incapacidad de los hombres para predecir lo que podría ocurrir. Y sin embargo, incluso este concepto del futuro como un territorio abierto, rebelde a las predicciones y a los destinos luminosos o fatales, resulta insuficiente para plantearnos dónde y cómo enfrentarlo, desafío al que estamos expuestos todos, productores lecheros, industriales, asesores y funcionarios.

El mundo ha cambiado y la lechería es un vivo ejemplo de ello. Estamos paralizados en viejas estructuras mentales. Vivimos el desafío de innovar en una humanidad con comportamientos de hombres de las cavernas e instituciones medievales y, paradójicamente, con tecnologías de dioses. Nada es sencillo.

Tomemos en cuenta la definición realizada en la Cumbre Láctea de la Federación Internacional de Lechería (FIL) el año pasado en Belfast, Irlanda. El análisis de las distintas lecherías existentes en el mundo, con variadas problemáticas, tamaños de explotaciones, desarrollo industrial, etc., llevan al convencimiento global de que: “Ninguna Lechería podrá subsistir si no encuentra las llaves de su propia sustentabilidad”.

¿Y qué es la sustentabilidad o mejor dicho sostenibilidad? El US Dairy Sustainability Commitment la define como la provisión a los consumidores de productos lácteos nutritivos, de una manera tal que haga que el sector lechero, la gente y el planeta, sea económica, social y ambientalmente mejor, ahora y en las futuras generaciones.

Queda claro al analizar esta definición que la agenda es compleja y desafiante con innumerables componentes que no podemos esquivar si queremos ser exitosos, o como decimos ahora sostenibles. ¿Cómo producimos más y contaminamos menos? ¿Cómo competimos con el trabajo urbano en un mundo cada vez más asfaltado? ¿Cómo entusiasmamos a los nuevos jóvenes, para que se integren en la lechería cuyos estímulos y creencias son tan diferentes a las anteriores generaciones? ¿Cómo haremos para mejorar el consumo y la imagen de los lácteos en el contexto de consumidores cada vez más desconfiados y menos leales? ¿Dónde nos paramos desde la institucionalidad del sector de frente a una sociedad donde los parámetros culturales e ideales han transformado sus decisiones de vida? ¿Cómo transitamos un camino donde los derechos de los animales se equiparan con los derechos de las personas? ¿Qué sistemas serán los más sustentables económicamente en un escenario de tanta volatilidad de los mercados? ¿Cómo hacemos para seguir produciendo en medio de inundaciones o sequías que nos golpean, nos hacen endeudar y hasta nos expulsan del juego? ¿Cómo transitamos desde la estrategia de la innovación un escenario donde los recursos naturales, como son la energía, el agua y la tierra, serán cada vez más escasos en términos relativos.

Recordemos que en 1950 había en el mundo 0,56 hectáreas disponibles para agricultura por habitante, y una población mundial de 2.500 millones de personas. Dentro de 10 años cuando dicha población alcance los 9.000 millones de habitantes, la disponibilidad se habrá reducido a apenas 0,15 has.

Desde el lado de la góndola, tenemos que tomar conciencia que dejamos de ser los buenos de la película para el consumidor. O por lo menos estamos siendo cuestionados y fuertemente. Cada día los consumidores manifiestan más sed de información: ¿De dónde viene este alimento? ¿Cómo fue producido?

¿Y cómo ven esos consumidores a los productores de leche? ¿Cuánto de esa imagen influye a la hora de elegir lo que consumen? Hay una parte de la sociedad que empieza a mirar con más detenimiento a los agricultores y su producción. Aunque sobre bases científicas endebles, los movimientos veganos han crecido en forma significativa, desalentando el consumo de lácteos.

Lejos estamos ya de esa imagen bucólica y romántica de un productor trabajando la tierra y manejando ganado. ¿Podemos seguir mirándonos el ombligo creyendo que la imagen tradicional del campo, de la ruralidad, por sí sola alcanza para validar y explicar los sistemas productivos actuales? En el Reino Unido, el 55% de las mujeres piensan que la leche tiene hormonas y el 20% de las personas piensan que la leche tiene más de 80% de grasa. ¿Qué estrategias deberemos asumir para desmitificar a los lácteos como productos nocivos y/o perjudiciales para la salud y/o contrarios al bienestar animal? Hoy en día la imagen de la lechería está más asociada al maltrato animal que de ser aliada en combatir el hambre en el mundo. Más cerca de la contaminación del medio ambiente, que de estar asociada a la generación de puestos de trabajo en los pueblos de nuestro país. ¿Qué mecanismos vamos a utilizar para que los nutrientes esenciales de la leche puedan llegar en la cantidad necesaria a nuestra sociedad?

Desde la mirada de la productividad, existen grandes diferencias entre los productores lecheros, no importa de qué modelo estemos hablando, desde los pastoriles de un solo ordeñe con rodeos cruza, pastoriles intensivos, encierre a cielo abierto, hasta los sistemas estabulados más intensivos, etc. Cualquier monitoreo de competitividad en nuestros países pondrá en evidencia la existencia de márgenes posibles de mejora en el sector primario. Desde este punto de vista, ¿alcanza con la incorporación de tecnológicas de vanguardia para resolver los desafíos de la baja productividad en muchos agricultores? La robótica como símbolo del “state of the art” en materia de innovación, ¿es la respuesta en reducir la brecha existente entre los que producen cada vez más, en forma competitiva y el promedio de los agricultores que perseveran en un estado de permanente crisis?

Lejos quedó el tiempo en que las personas trabajaban durante décadas en un mismo establecimiento agropecuario y en que los hijos continuaban la labor de sus padres. En el sector, existe una alta rotación de los empleados, el trabajo en el tambo no genera orgullo y es hoy posiblemente la mayor limitante al crecimiento para muchas empresas. Nos debemos preguntar pues cómo hacemos para que cada finca productora de leche en la región sea una empresa sostenible y atractiva para las personas que forman parte de ella y sus familias. ¿Qué estrategias deberemos realizar para lograrlo considerando las expectativas de los miembros de la familia, su vivienda y entorno, la infraestructura y por supuesto la inserción en la comunidad?

¿Es posible detener el proceso de concentración de la actividad? En que lechería deberíamos pensar. ¿Hay espacio para los pequeños productores? ¿O hablaremos de lecherías del 80% de la leche producida por el 20% de los productores?

Está claro que no le alcanza a sus actores las estrategias del pasado basadas únicamente en ser más eficientes o ser los mejores. Está claro que no alcanza una estrategia lineal en la búsqueda de una mayor productividad o menores costos de producción o elaboración para resolver los desafíos que enfrentan los productores o los procesadores lácteos.

El futuro es un cóctel complejo y agridulce que obliga a encarar el sendero desde una perspectiva holística que implique la superación de estos paradigmas en forma individual, para propiciar una figura que integre y resalte la figura del todo.

El actual modelo de gestión de una empresa está obligado a analizar cada evento considerando sus múltiples interacciones. El nuevo paradigma nos obliga a un pensamiento más amplio, excede la mirada exclusivamente productivista, para incluir otras áreas claves como la organización de los RRHH, el bienestar animal, la seguridad alimentaria, la sustentabilidad ambiental entre otros. Nuevas sinergias, nuevas relaciones, nuevos acontecimientos obligan a barajar nuevamente como en un juego de naipes.

En un mundo de recursos menguantes, ¿cómo hacemos la transición de una Economía Lineal hacia una Economía Circular? Una mirada que abarca mucho más que la producción, pues incluye entre otras cosas, el cambio de los combustibles de fósiles al uso de la energía renovable, y la diversificación como medio de alcanzar la resiliencia.

Afortunadamente en este territorio abierto e incierto, la lechería tiene fundamentos o pilares que se mantienen firmes, rebeldes a las predicciones del cambio y la incertidumbre.

El primer pilar es la misma actividad. La FAO eligió a la producción lechera como la actividad que genera mayor riqueza y que más combate la pobreza de las naciones. En la Argentina, estamos convencidos de que la lechería es la actividad que más oportunidad brinda a la empresa familiar en la Pradera Pampeana y en muchos otros lugares de nuestro querido país.

El segundo pilar es que el éxito de las cadenas lácteas dependerá como nunca de construir el futuro poniendo foco en la nutrición saludable y en los estilos de vida, más transparencia en la cadena y trazabilidad desde el origen, más sostenibilidad no sólo en los tambos sino también en la industria.

En definitiva, una buena aproximación podría ser: “Dejemos de hablar de nosotros mismos, ya que al final del día serán los consumidores los que decidirán”.

Frente a este escenario y para terminar, sigue siendo la determinación personal de cada agricultor o procesador lácteo, de avanzar y progresar en esta actividad para no caer en manos de los llamados secuestradores de futuro. De aquellos que nos dicen que estamos condenados por la irreversibilidad de un camino que no podemos cambiar: cada vez menos productores o menos rentabilidad.

Estos secuestradores nos plantean un futuro amenazante que nos inmoviliza. El relato que sustenta el secuestro de nuestro futuro es el de la victimización. Necesitamos encontrar en el “otro” al responsable de nuestras penurias y desvelos, de nuestros fracasos. Ponernos en víctima nos protege de asumir nuestras propias responsabilidades.

Seamos protagonistas. No aceptemos el secuestro del futuro ni tampoco la irreversibilidad del destino. Nos debemos una actividad próspera y atractiva para la próxima generación, ese es el límite…

Esperamos que en las charlas y disertaciones de este congreso podamos echar algo de luz a estas cuestiones o por lo menos provocar la discusión de una agenda más consistente en el tiempo que permita en cada país, en cada región encontrar las respuestas a estos interrogantes.

El futuro es nuestro, no nos lo han robado.

Muchas gracias

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