La convocatoria de acreedores en la que ingresó la fabricante de los 9 de Oro expone el mal momento del rubro. Nombres y detalle de las "complicadas".
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El concurso de acreedores en el que acaba de ingresar Molino Cañuelas vuelve a poner en evidencia el drama comercial que atraviesa buena parte de las principales compañías alimenticias que operan en la Argentina.

La caída de la controlante de marcas emblemáticas como bizcochos 9 de Oro o harina Pureza ocurre en sintonía con las dificultades financieras que sufren otros nombres de peso con presencia histórica en el mismo rubro.

Molinos Río de la Plata, SanCor, Danone y la misma Vicentin, encabezan el pelotón de firmas con severos problemas financieros, comerciales y, ya en el último caso, con intervención fuerte de la Justicia. A este grupo se le añadió en las últimas horas la firma bajo control de la familia Navilli.

Devaluaciones sucesivas, alza de costos por el contexto inflacionario, ventas retraídas a partir de la pérdida de poder adquisitivo, son los aspectos que, sumados, mejor explican el mal momento del nicho.

Tal como informó iProfesional durante la mañana de este jueves, Molino Cañuelas notificó que llegó a esta instancia “pese a los esfuerzos realizados en estos últimos años de negociaciones, y no obstante al consenso alcanzado con una relevante cantidad de las instituciones financieras involucradas, incluida la banca nacional y organismos multilaterales”.

“… la nueva turbulencia financiera registrada en el país en el mes de agosto de ese año, y la abrupta devaluación de la moneda local, sumado a la crisis mundial por el Covid en 2020 y las dificultades propias que esto generó en la Argentina provocaron un nuevo e inevitable cambio de escenario para todos los participantes de la restructuración. Incluso hizo que algunos bancos decidieran suspender su participación en dicho comité, alejando la posibilidad de obtener un acuerdo definitivo”, argumentaron desde la alimenticia.

Al margen de la combinación de variables negativas, la firma reconoció que cualquier posibilidad de acuerdo con sus acreedores “quedó frustrada por el efecto de medidas judiciales individuales”.

Ya a mediados del año pasado, iProfesional informó que Molino Cañuelas bordeaba la liquidación de activos a partir de una deuda del orden de los 1.400 millones de dólares.

La compañía fue acumulando deudas con Banco Nación, Macro, HSBC, Provincia y Santander, además de incumplimientos con CMF, COMAFI, Hipotecario, BBVA, Ciudad y Galicia. Según se detalla en la base de datos del Banco Central (BCRA), Molino Cañuelas tiene compromisos a saldar por más de 28.000 millones de pesos.

Molinos Río de la Plata

Una muestra del momento negativo que transitan las alimenticias “de peso” puede ubicarse en el presente de Molinos Río de la Plata. Aunque mejoró algo de su performance en la primera mitad del 2021, la compañía aún arrastra complicaciones originadas previo al escenario de pandemia.

Según detalló iProfesional recientemente, la firma concluyó el primer semestre con ventas por 28.000 millones de pesos, cifra que representa una baja del 12,2 por ciento respecto del mismo período pero del año pasado.

En el balance que la empresa remitió a la Comisión Nacional de Valores (CNV), Molinos Río de la Plata reconoció menores operaciones en casi todas las categorías de alimentos, que retrajeron sus volúmenes comparados con los del 2020 y hasta con los del 2019, en especial en categorías importantes como fideos, arroz, harina, yerba.

Entre el 2017 y el 2020, la empresa acumuló pérdidas por 5.000 millones de pesos. En los primeros meses del corriente, reportó una ganancia de casi 1.000 millones contra los 608 millones que había obtenido en igual período del 2020. Un alivio acotado en medio de tantos ejercicios negativos.

Si bien el contexto de crisis no la obligó a reducir las operaciones en sus plantas o de suspender o despedir personal como ocurrió en otras compañías competidoras para enfrentar el escenario negativo, sus ventas se ven afectadas por el menor consumo y las medidas de congelamiento de precios. Esto último recién comenzó a flexibilizarse en mayo pasado con la eliminación del programa de Precios Cuidados.

Danone, también complicada

Por el lado de Danone, y tal como informó este medio a principios de marzo, la compañía inició la búsqueda de un comprador para las etiquetas Ser, Villavicencio y Villa del Sur de su línea de aguas.

El eventual traspaso, según fuentes del sector alimenticio, llegaría de la mano del banco Lazard, habilitado mediante un mandato para iniciar el diálogo con potenciales interesados.

La danza de candidatos ya acumula algunos nombres. Peñaflor, la también doméstica Refres Now -dueña de Manaos-, el grupo Gancia, y la chilena CCU, son algunas de las empresas con potencial interés en las marcas que hoy produce y comercializa la francesa.

Hoy por hoy, la división de aguas representa el 30 por ciento de la facturación de Danone en el país. Los productos en cuestión evidenciaron una suba de sólo el 10 por ciento en 2020, mientras que los costos del negocio treparon al menos un 40. Semejante diferencia asoma como uno de los argumentos que explicarían la decisión de la empresa europea.

El movimiento de Danone se alinea con lo dispuesto en octubre del año pasado. En la segunda mitad de ese mes se informó la decisión de poner en revisión las operaciones en la Argentina.

En concreto, la empresa puso en evaluación su estructura para llegar a un diagnóstico este año. Antes de que concluya 2021, la empresa comunicará si sigue como hasta ahora, busca un socio o directamente pone en venta sus activos.

Según pudo saber iProfesional en el primer trimestre del año, el valor de los activos de la empresa en el país ronda los 550 millones de dólares y, dado el momento económico del país, están primeros en la lista de aquellos de los que la empresa analiza evaluar. La firma suma alrededor de 6.000 empleados en la Argentina y acumula tres años con números financieros en rojo.

Movimiento judicial en Vicentin

En cuanto al estado de situación de la firma santafesina, a fines de agosto un juez provincial concedió a la agroexportadora una prórroga por tres meses para que presente una propuesta de pago a sus acreedores y avance en la posible venta de activos que negocia con tres inversores.

El magistrado Fabián Lorenzini, quien lleva adelante el concurso de Vicentin por un deuda original de 1.400 millones de dólares, prorrogó el período de exclusividad, que vencía el 3 de septiembre, hasta el 16 de diciembre próximo.

La empresa, que entró en default en diciembre de 2019 y está en concurso de acreedores desde marzo de 2020, había solicitado que el plazo para negociar sus deudas se extendiera hasta el 31 de marzo del año que viene.

El juez dispuso como fecha límite el 20 de noviembre para que la firma presente un plan de negocios y la propuesta de pago a sus acreedores, a la vez que fijó una serie de pautas para el mismo.

El principal acreedor individual de Vicentin SAIC es el Banco de la Nación Argentina (BNA), que verificó créditos por 300 millones de dólares, mientras que el conjunto de bancos extranjeros que prefinanciaba las exportaciones del grupo reclama 500 millones.

SanCor, más chica

Por el lado de SanCor, la unión de cooperativas sigue perdiendo tamaño. Hace muy pocos días, el grupo venezolano Maralac se hizo cargo del gerenciamiento de Alimentos Refrigerados (ARSA), empresa que ostentaba el control de los yogures, postres y flanes de la marca argentina.

La firma totaliza hoy 1.750 empleados versus los 5.100 de hace apenas 4 años. Según fuentes de la actividad láctea, en la actualidad SanCor procesa el 10 por ciento del volumen de leche que llegó a manejar hace algo más de una década.

La empresa gestiona menos de 400.000 litros diarios siendo que en su mejor momento llegó a “mover” alrededor de 6 millones.

SanCor aún mantiene operativas sus plantas de Sunchales, Gálvez y San Guillermo, en la provincia de Santa Fe, y sendas instalaciones en Devoto, La Carlota y Balnearia, todas en territorio cordobés. Dulce de leche, manteca, queso, leche en polvo y productos lácteos saborizados e infantiles, son los artículos donde aún dice presente en términos comerciales.

En los últimos años, este emblema de la lechería doméstica se desprendió de sus plantas en Charlone, Pozo del Molle y Centeno, transfirió su unidad de yogures, y luego vendió sus plantas de Morteros y Chivilcoy a la compañía Adecoagro –controlante de la marca Las Tres Niñas–.

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