Es productora en pleno corazón de la pampa húmeda; en Carlos Casares, Capital Nacional del Girasol, donde actualmente las hectáreas bajo agua superan casi el 32% del total del distrito.
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Además de realizar agricultura, ganadería y lechería, Passerini lleva publicados dos libros y sueña con escribir una novela. (Foto: Instagram/@anpasserini01).

“Es una catástrofe. Desde 1973 tenemos una inundación cada 10 años y nadie hace ni hizo nada. Va a ser un invierno durísimo”. La voz de la productora láctea Andrea Passerini no se quiebra: en su tono hay un dejo de resignación que roza el hastío, pero también de fortaleza, como los ojos de alguien que ya lo ha visto todo.

Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, se hizo productora agropecuaria y ganadera por legado y vocación. Trabaja en un tambo donde viven 12 familias y producen 13.000 litros de leche por día. Es autora de dos libros y coordinadora de Lechería de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) y de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).

A Andrea no le tiembla el pulso ni la voz para reclamar a los funcionarios de turno que se hagan cargo de los problemas del sector. Menos aún cuando su amada Carlos Casares, la Capital Nacional del Girasol, ubicada en el centro-noroeste bonaerense, recibió en lo que va de 2022 unos 800 milímetros, cuando la media anual en la región para todo el año es de 900.

Los números “bajan a tierra” en imágenes y videos de caminos rurales intransitables: los productores no pueden llegar a sus campos ni en camionetas 4×4; los habitantes de los pueblos rurales no pueden ir a trabajar, ni los niños asistir a la escuela.

La situación se agrava y el intendente de la ciudad, Daniel Stadnik, solicitó este martes la emergencia agropecuaria al gobierno de la provincia de Buenos Aires y puso en funcionamiento la Comisión de Desastre Agropecuario. Además, los productores están preparando una asamblea para la semana que viene.

Miles de hectáreas afectadas, inundaciones que se repiten y una lección que no se aprende

Carlos Casares cuenta con 252.000 hectáreas y, según el último informe de la consultora agronómica Solum, luego de las lluvias de la semana pasada que dejaron acumulados de entre 60 y 100 milímetros, se calcula que un 31,8% (80.251 hectáreas) de la superficie total del distrito está inundada.

“Según los meteorólogos, en la década del ‘70 comenzó un ciclo húmedo en donde, aproximadamente, cada 10 años ocurre una inundación que arrasa con todo”, explicó la productora. Los casarenses sienten que viven un déjà vu: allí estaba Andrea, cuando ocurrió la de 2001, año en que nació Martín, su primer hijo. Luego vino la del 2012, y una década después, la historia se repite.

“Los caminos que conectan campos, pueblos y escuelas prácticamente no cambiaron: están iguales que hace 50 años. Producimos con grandes avances tecnológicos, robots de ordeñe y tecnología de punta, y tenemos la misma infraestructura de hace 5 décadas, de la época paleolítica”, remarcó. Y destacó que desde Carbap y la Sociedad Rural local, cuyo presidente es Mario Reymundo, están decididos “a no dejar pasar esta inundación sin que algo cambie”.

“Los contribuyentes, que pagamos cinco impuestos para el mantenimiento de la red vial, no podemos seguir aguantando lo que está pasando. Ya no es una cuestión de pérdida de recursos o dinero: no es material, es un tema de dignidad. No podemos esperar absolutamente nada de la burocracia de los políticos de turno, ni de los municipales, ni de los provinciales, ni de los nacionales”, afirmó la productora.

Según describió Alberto Pol, piloto encargado de sobrevolar la zona y primo de Andrea, las imágenes aéreas muestran la magnitud del agua, sobre todo en la zona sur del partido: desde Centenario hacia el oeste, hasta llegar a la Ruta Nacional 226, que une las ciudades de Pehuajó y Bolívar.

“Tiene que haber un cambio muy profundo en nosotros, los ciudadanos de la comunidad rural y también la dirigencia de las gremiales agropecuarias, de las que formo parte. Muchos colegas se enojan cuando digo esto, pero tenemos que hacer una profunda y constructiva autocrítica porque desde el sector no nos hemos involucrado como corresponde”, reflexionó Passerini.

Una poetisa, un tambo y un legado familiar

Aunque se crió en Capital Federal y obtuvo su título universitario en la UBA, Andrea pasaba las vacaciones de verano en el campo, donde aprendió a querer y a defender a esa tierra, tanto que a veces le duele.

La vida en la ciudad quedó a un costado el día que decidió hacerse cargo del campo familiar que hace décadas compró su abuelo José Luis Passerini, cirujano, en el sur de Carlos Casares. Desde entonces, se metió de lleno en una de las actividades más apasionantes pero más demandantes del campo argentino: la lechería.

En La Arboleda, como se llama la empresa que comparte con su padre y su hermano, viven 12 familias que producen 13.000 litros de leche por día. Fue ella quien desarrolló el tambo como el principal negocio.

Además, realizan ganadería de ciclo completo en un circuito de cría en guachera, recría y terminación (para consumo interno o exportación), siembran maíz, ryegrass, cebada y alfalfa. “Donde hay un tambo, hay trabajo de calidad, inversión y cuidado del ambiente. Hay que cuidar los pocos que quedan”, remarcó Andrea.

Desde muy chica comenzó a escribir sonetos, para algunos una de las composiciones poéticas más complejas de la literatura. Es el día de hoy que, cuando recorre su campo, los versos aparecen en su mente como nubes. “Voy manejando y tengo que frenar para escribir o grabar la frase, porque sino se me escapa”, reconoce entre risas. Y es que cuando le sobra algo de tiempo, escribe cuentos y sueña con darle vida a una novela.

La escritura es su catarsis, su desahogo; como lo hizo aquellas horas interminables que vivió la semana pasada cuando escuchó caer casi 100 milímetros en su campo e imaginó las consecuencias del día después. “No quiero ser cobarde: igual me duele este diluvio pesado, rugiente. Me lastima la piel, me nubla la razón, me hiere. Campo, campo, que siempre me desvela, porque lo amo, pero hoy es ciénaga”, redactó casi sin darse cuenta en la madrugada del miércoles.

“Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar”, dice el epílogo de su primer libro llamado “Búsqueda Sonora”. La frase que escribió Jorge Luis Borges en “Fragmentos de un evangelio apócrifo” representa un deseo inconmensurable de seguir en movimiento.

También podría haber elegido otro versículo de la misma obra del autor de El Aleph: “Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas”. En poco tiempo, su primo despegará para tomar imágenes aéreas de la cantidad de hectáreas afectadas luego de la última tormenta. No irá solo: pese a su miedo a volar, Andrea lo acompañará. Lo hará con el afán de tener una mejor perspectiva para seguir su lucha “por la dignidad”.

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