Busca bajar 10% las tasas de productos de fuera del bloque; no incluye rubros “sensibles” y tiene aval de la Argentina.
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Sin el aval de sus socios del Mercosur, el gobierno de Brasil se prepara para avanzar unilateralmente en un nuevo corte de aranceles sobre las importaciones del país. El gobierno de Jair Bolsonaro evalúa reducir un 10% los aranceles de gran parte de los productos comprados a países fuera del bloque que integran además la Argentina, Paraguay y Uruguay. según confirmó una calificada fuente en Brasilia.

La rebaja en estudio respetaría el acuerdo alcanzado con la Argentina el año pasado, cuando ambos países acordaron recortar 10% las tarifas de importación excluyendo industrias consideradas “sensibles”, como el sector automotor, calzados, juguetes, lácteos, duraznos, productos de cuero, bienes de capital y de informática.

Aunque por las reglas del Mercosur el Arancel Externo Común (AEC) sólo puede ser alterado de común acuerdo de los cuatro países miembros, el gobierno de Bolsonaro apelará al mismo recurso legal que en 2021 para saltar la regla. Así, volverá a basarse en un artículo que prevé la posibilidad de adoptar “medidas enfocadas a la protección de la vida y la salud de las personas”.

El año pasado, Brasil optó por recortar impuestos de manera unilateral debido a la falta de apoyo de Uruguay, que condicionó su apoyo a la flexibilización de una regla que permite la negociación de acuerdos bilaterales con terceros países.

“Estamos en un contexto inflacionario debido a la pandemia. Sigue siendo un contexto extraordinario, esa sería la justificación”, explicó un funcionario brasileño al tanto de la gestión.

El asunto fue abordado en la reunión que el viernes pasado mantuvieron, en la capital brasileña, el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, con el ministro de Economía de Bolsonaro, Paulo Guedes. “Es parte de una nueva andanada del gobierno brasileño”, dijo, con poca sorpresa, una fuente diplomática argentina, que calificó como “bajo” el impacto en el comercio con la Argentina debido a la probable exclusión de sectores sensibles para el país.

Solo el sector automotor, por caso, representa el 40% del intercambio entre Argentina y Brasil.

Para que sea efectiva, la decisión deberá pasar por la Cámara de Comercio Exterior brasileña, donde tienen asiento secretarios de Economía, del ministerio de Relaciones Exteriores, de Defensa, de Agricultura y de la Presidencia. La próxima reunión está prevista para el 20 de abril.

El papel de Guedes

Paulo Guedes, un liberal formado en Chicago, es el más entusiasta defensor, dentro del gobierno de Bolsonaro, de liberalizar el Mercosur. El año pasado, antes de que se concretara el acuerdo con Argentina, dijo que Brasil no podía convertirse en “prisionero de una filosofía de proteccionismo y atraso”. Incluso llegó a defender un corte transversal de 50% y luego de 20% para el AEC, algo que no prosperó debido a la falta de consenso con los demás socios del Mercosur.

La inflación en Brasil marcó 1,62% en marzo, la mayor para ese mes en 28 años, sorprendiendo al mercado y a las propias autoridades monetarias. Con un 11,30% acumulado en 12 meses, el país registra su mayor escalada de precios desde 2003.

Guedes dijo en noviembre pasado, cuando Brasil ejecutó el primer recorte de aranceles de importación, que con la medida esperaba generar un “shock de oferta” para abaratar ciertos productos y ayudar así a domar la inflación.

El mes pasado, Bolsonaro despidió de la presidencia de Petrobras al general Joaquim Silva e Luna, molesto por los fuertes aumentos de combustibles derivados de la guerra en Ucrania. Aunque expertos en el sector evaluaron que el cambio de autoridad de la petrolera será inerte para controlar los precios de los combustibles, el presidente intenta mostrarse activo en la pelea contra la inflación.

En un año clave, en el que intentará su reelección en octubre, Bolsonaro tiene en el alza del costo de vida una de sus mayores preocupaciones. Su ministro de Economía, Guedes, lo acompaña. Y en el camino concreta de a poco un deseo persistente: flexibilizar el Mercosur.

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