El coordinador de la organización dialogó con El Canciller sobre el impacto del conflicto armado, la "desconexión" del Gobierno con el sector exportador y las "nuevas oportunidades".
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Matías García Tuñón, coordinador general de la Cámara de Comercio e Industria Argentino-Rusa (CACIAR).

Tras más de 5 días desde el primer bombardeo de la Federación de Rusia a Ucrania y la escalada de la tensión en la zona, El Canciller conversó con Matías García Tuñón, coordinador general de la Cámara de Comercio e Industria Argentino-Rusa (CACIAR), quien sostuvo que el comercio bilateral entre ambos países sigue funcionando “normalmente”. En Argentina, hay más de 200 operadores que exportan a la nación eslava. Sin embargo, pone un alerta por la cadena de pagos ya que “toda transferencia internacional, tiene que pasar por Estados Unidos”.

– ¿Cómo es la composición del comercio entre Argentina y Rusia?

En los últimos años, el comercio bilateral entre ambos países no ha cambiado demasiado. Argentina es un gran proveedor de productos primarios con escaso valor agregado: frutas frescas –peras, manzanas–, cítricos –limones, naranjas– y frutas secas. En segundo lugar, la carne y el pescado. Después, quesos, lácteos y maní. Más del 95% de lo que se opera con ese mercado está concentrado en este tipo de productos.

– ¿El conflicto bélico genera algún problema en esas exportaciones?

Todavía no lo sabemos porque esto tiene muy poco tiempo. El impacto que puede llegar a existir es potencial y en función a los miedos que puedan llegar a tener los operadores argentinos en trabajar con Rusia. Algunas cosas pueden preocupar, como las cuestiones de los cobros, de los bloqueos a los bancos, de movimiento de gente.

– ¿En lo inmediato hay alguna complicación?

El productor argentino sigue comerciando normalmente con Rusia. Los contratos no se caen, sigue habiendo un intercambio fluido. Los contenedores están en tránsito. Las empresas siguen cobrando. El tema está en que a partir de ahora no existan problemas, porque hasta ahora no se ven porque las cosas no están impactadas. Los bloqueos que hay al Sberbank y al VTB Bank son a partir del 26 de marzo. El problema está en que cualquier transferencia internacional se hace en dólares y tiene que pasar por Estados Unidos, entonces: si vos le vendés un contenedor de manzanas a una empresa rusa, la transferencia que te hace al banco argentino pasa por un banco norteamericano, y si no se acepta la corresponsalía, los fondos van a venir rebotados.

– ¿De qué manera nos impacta el incremento del precio internacional del gas y el petróleo producto del conflicto?

Al haber un aumento del valor a nivel internacional, si Argentina quiere importar esos productos desde cualquier origen, deberá gastar más dólares en un contexto de escases de divisas. Es un problema. Aunque también pasa de manera positiva con el hecho de que Rusia también es un gran proveedor de granos, eso hizo que aumentara la soja a valores récord. Y por ahí también entran más dólares.

– ¿Qué pasó con el comercio bilateral cuando se produjo el conflicto en Crimea en 2014?

Fue muy parecido a lo de ahora. Cuando Rusia anexa ese territorio, le bloquearon algunos bancos y eso afectó al comercio. Entonces el gobierno de Vladimir Putin lanzó una serie de ‘contramedidas’, en donde prohibieron la importación de productos alimenticios de distintos orígenes. Eso nos ayudó muchísimo, porque al no importar naranjas de España, pollos de Estados Unidos y quesos de Italia y Francia, eso implicó que el pollo y cerdo brasilero se exportara como nunca y Argentina comenzó a tener una gran demanda de lácteos. Cuando los problemas están entre los fuertes, se generan oportunidades. A nosotros se nos abre una ventana, el tema es estar preparados para esa ventana.

– Hay una situación con el trigo, que también aumentó su precio global. ¿Existe la hipótesis de que los productores locales lleven el valor del mercado interno al del internacional y que eso impacte en el precio del pan acá?

Sí. Estamos inmersos en un mundo globalizado, en donde cualquier movimiento impacta de manera directa. Por otro lado, está el tema de cuáles son las políticas que tienen los sectores productivos, o sea: hasta qué punto un productor puede aumentar en base a un precio internacional, sabiendo que si aumenta a más de tanto, va a dejar de vender. Es muy fino eso.

– ¿Qué podría hacer el Gobierno argentino para, en el contexto actual, inclinar la balanza para este lado?

En principio, estar empapado de lo que ocurre con el sector privado bilateral. Ahora, hace muy poquito el presidente visitó Rusia en un viaje relámpago. Fue con muchísimos ministros y gobernadores, y no fue ningún productor o empresario. No fue ningún productor de carne indicándole que le comunique a Rusia “que me habilite la planta que hace dos años que estamos esperando que vengan a visitarla”.

Hay una desconexión entre el sector privado y público, en donde van misiones estatales para cerrar acuerdos pero que están alejados de la realidad operativa del comercio bilateral, que es en definitiva lo que le importa al empresario. Digamos, Argentina hoy no participa en casi ninguna exposición en Rusia actualmente. Lo que sí suele haber son espasmos de sectores privados aislados: tres empresarios que quieren vender tal o cual producto y los ayudamos nosotros a que puedan ir a una feria. Pero no hay una visión política basada en la necesidad concreta del privado.

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