La lechería nacional se debe construir su confianza en base a la competitividad, la rentabilidad y las políticas públicas.
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Torterolo: “Es el componente familiar en el proyecto de vida de los productores lo que le da estabilidad al sistema y por eso lo defendemos tanto”.

Carlos Torterolo, candidato de la lista Opción 2021 se presenta como “la alternativa al oficialismo”.

Sobre “el principal problema” de la lechería dijo que la respuesta tiene “varias puntas, y destacó que “el productor siente una complicación en cuanto a la confianza en el sistema” lo cual tiene “toda una implicancia social” con empresas eficientes y de cierto volumen, pero hay una gran cantidad de productores que están con problema de escala, y eso “tenemos que mirarlo más allá del punto de vista productivo”.

“Otra visión pude ser la pérdida de productores lecheros” a pesar del “buen impacto” que el sector tiene como “generadora de recursos para el país”.

También preocupa “la enorme cantidad de productores que van quedando por el camino. En los últimos 30 años perdimos cerca de 5.000 (unos 166 por año). Somos unos 2.500 productores, o sea que en los últimos 30 años se han perdido más productores de los que hay hoy”, graficó.

La falta de cuenca lechera no es de fácil solución, dijo Torterolo al ser consultado al respecto. “El país tiene gran potencial para producir leche, pero hay casos de emprendimientos importantes que pararon de producir y eso pega. Hubo inversiones extranjeras que se fueron y quedan plantas sin leche”.

Nuestra visión es que “la lechería nacional es una riqueza del país ya sea por los recursos naturales como por la inversión de los productores a nivel de sala de ordeñe, caminería, fertilización, agua en la parcela, pero también toda la parte de la inversión industrial que es muy específica y cada vez que una planta de industrialización se queda sin leche el país está perdiendo un potencial de desarrollo”.

Explicó que “las cuencas tradicionales están rodeando las grandes ciudades porque tiene su origen en el abastecimiento a la población, son desarrollos de muchas décadas. Armar una cuenca requiere de vacas, más área, más granos o más reservas para producir más leche, y si hay una política adecuada de desarrollo la inversión puede venir”. Pero es “el componente familiar en el proyecto de vida de los productores lo que le da estabilidad al sistema y por eso lo defendemos tanto”.

En resumen, “lo que más necesita el productor para trabajar es la confianza, creer en el país, en el sistema, en el sistema cooperativo, creer que se puede exportar de forma conveniente y competitiva, que se puede generar riqueza, que puede desarrollar la familia. Eso tenemos que tratar de construir: la confianza en base a la competitividad, la rentabilidad, en base a las políticas públicas”.

Los cambios que se vienen

La lechería además enfrenta el desafío de adecuarse a los cambios que se vienen. En Uruguay se han dado cambios importantes, uno de ellos es que “la tierra pasó a ser un bien inmobiliario y se la ve como una posibilidad segura de inversión. Hay emprendimientos que no tuvieron muy buen resultado en lo productivo pero sí han capitalizado por la tierra. Pensamos que es un desafío importante del país que el sector lechero pueda combinar el capital tierra con el arrendamiento o alguna forma de tenencia, medianería o sociedad, para que el capital del productor lo pueda tener más circulante con fines productivos y no atrapado en la tierra”.

En ese sentido observó que el modelo que utiliza Nueva Zelanda por el cual el dueño del campo y el productor comparten ganancias y costos “tímidamente aparece en Uruguay con gente que se aleja y gente nueva que empieza a engancharse, esos son temas importantes que seguramente van a tener evolución a futuro”.

También hay cambios en lo productivo “con la aparición de estabulados, semiestabulados, corrales de encierro que van desafectando un poco el área productiva, la cantidad de hectáreas que se necesitan para producir, se maneja más cantidad de reserva, más cantidad de concentrados, son sistemas eficientes” y hay más litros por vaca.

Es “toda una tendencia que vienen cambiando en los últimos años” y “muchos tambos se están proyectando a buscar más eficiencia en el animal gracias a la tecnología disponible en el mundo, para el ordeñe y el manejo del bienestar del ganado”, son todos temas que “a mediano plazo se pueden desarrollar”.

Finalmente, dijo que el Inale “tiene que tener esa visión de continua mejora levantando las limitantes que para muchos tamberos es inversión con financiación a largo plazo, para otros es sustentabilidad, medio ambiente, bienestar animal, calidad del productor, eficiencia industrial, inserción comercial internacional. Son todos temas de mucha relevancia, pero creo que está muy bien el plantearse un plan estratégico a 15 años”.

“Los cambios van a ser muy importante en los tecnológico, en la biotecnología, la aplicación de fertilizantes, en el manejo del agua. En el país hay mucho potencial para la lechería y está muy bien que se haga una discusión y en eso el Inale es el apropiado”, concluyó.

Conflictividad

Consultados sobre la conflictividad laboral, Leandro Galarraga como Carlos Torterolo señalaron que los trabajadores tienen derecho al paro, sin embargo resaltaron que la industria láctea tiene la particularidad de que se trata de un alimento perecedero, que se produce a diario, la capacidad de almacenaje es limitada y que se debe procesar para no tener que desecharla.

“La leche no tiene margen”, dijo Galarraga, otras empresas pueden soportar un conflicto por mayor tiempo, pero no la industria láctea. Por eso “tenemos que apelar a diálogo con los funcionarios de la industria, tanto los productores que somos los dueños de Conaprole como los trabajadores de la cooperativa debemos apelar a la razón y al diálogo para solucionar los problemas antes de llegar a un conflicto. Conaprole no es una industria más, es una cooperativa de 1.700 familias que son los productores que remiten la leche todos los días”, apuntó.

Torterolo por su parte, dijo que “otro tema que tiene muchísimo impacto en la confianza de los productores en el sistema es la conflictividad laboral en la industria. Eso es un desánimo continuo, cada vez que hay un conflicto el productor pierde el sentido de pertenencia de la cooperativa y eso va erosionando y debilitando el sistema”, advirtió.

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