España |9 septiembre, 2019

leche | “Como la leche, pero para humanos”, la polémica campaña de una bebida de avena

Si el objetivo de la publicidad es que te hagan caso, felicidades a los creativos de Oatly: lo habéis conseguido. De hecho, yo soy de esos que me paré al ver la campaña en una marquesina de autobús, saqué el móvil, hice la foto y me alejé negando con la cabeza.

“Es como la leche, pero hecha para humanos” reza el lema en inglés de esta bebida de avena. En inglés, claro. Porque, como todo el mundo sabe, los veganos y los alérgicos a la lactosa saben inglés. Va en el lote. Porque, evidentemente, esas bestias que se vuelven locos con el queso, que desayunan un yogur o que prefieren las tostadas con mantequilla son paletos que no saben idiomas.

Aunque el primer pensamiento al ver el lema incluía algún insulto que quedaría feo reproducir aquí -empezaba por “qué gilipollas”-, una segunda lectura invitaba más al aplauso.

Llamar la atención y crear polémica es parte de la gracia de una campaña. Aunque para ello se haga un flaco favor a la causa que en teoría se defiende y que, en realidad, posiblemente te importa un huevo (vegano), porque tú lo que quieres es vender y que los medios hablen de ti. Sí, justo esto que está pasando ahora mismo.

Pero situémonos. Oatly es una de las marcas veteranas en esto de las bebidas vegetales. La inventora, aseguran, de la versión con avena allá por 1990.

El caso es que, más allá del ocurrente lema, en realidad lo que venden no es como la leche, porque no es leche. De hecho, no puede ni llamarse leche, porque solo la de almendras puede lucir esa denominación comercial. El resto, por ley, son simplemente bebidas vegetales. Como esta de avena.

Aclarados los conceptos, al lío. ¿Cómo que es leche para humanos? ¿Acaso la leche de vaca no es para humanos? Pues según ellos no, lo que cuadra con uno de esos discursos de primero de cuñadismo que incluye la siguiente perla: somos los únicos mamíferos que siguen bebiendo leche tras el destete.

Seguro que te suena de haberlo escuchado en alguna cena navideña. Por el mismo precio se suelen añadir estupideces sobre los efectos negativos de los lácteos para el sistema respiratorio. Por supuesto, no hay evidencias de tal cosa. O sí, las mismas que de la eficacia de la homeopatía.

Total, que se nos ocurren tres buenos motivos para no beber leche: que no te guste, que te siente mal -por una alergia o intolerancia, no porque lo hayas leído en Instagram- o que, por conciencia animalista, te chirríe el sistema de producción de la leche en las granjas.

Y los tres argumentos nos parecen excelentes, la verdad. El de las falsas alergias no, pero eso daría para otro tema. Lo importante es que se puede vivir y crecer estupendamente sin lácteos. ¿Calcio? Hay alimentos con los que suplirlo sin mayores problemas.

Pero volviendo a la campaña y a las ganas de Oatly de que le hagan casito, en realidad el lema tiene ya unos cuando años. En 2015, en Suecia le costó algunos juicios de la industria láctea del país; en 2018 se lanzó en Reino Unido; y ahora la misma idea llega a España.

Una idea tan ocurrente como absurda. De entrada porque se construye a partir de uno de esos mitos -lo de los humanos y la leche- que sobran en el mundo del veganismo. Con la de buenos argumentos reales que hay, no hace falta tirar de tonterías.

También pasa por alto otro pequeño detalle de las bebidas vegetales: la cantidad de azúcar que llevan. Incluso si no son añadidos -como en este caso-, se generan de forma natural en el proceso de elaboración a partir de cereales.

Grasas vegetales y sal suelen ser también parte de los ingredientes de este tipo de productos que, por mucho que juegan a lo vegetal y lo natural, son un procesado. Y cuando hablamos de versiones con sabores, la cosa se complica.

Ellos mismos lo reconocen con claridad y buen humor: Oatly con chocolate incluye un 3,5% de azúcar añadido (lo que sumado al natural de la avena da un 7,5% total) y aromatizantes. Posiblemente riquísimo, ¿pero seguro que más saludable que la leche de vaca?

Y luego está el precio, claro. Porque además de saber idiomas, otra de las cosas que se les presupone a los veganos es disponibilidad para gastar más. En realidad, ahora que no nos oye nadie, de eso va todo esto más que de animalismo o medio ambiente: de que alguien pague más de 2 euros por un litro de esta bebida en vez de 1 euro por la leche de vaca.

De la de toda la vida, esa que beben los no veganos, los no intolerantes a la lactosa y, por lo visto, los que no saben inglés.

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