Centroamérica |10 septiembre, 2020

Leche | Complejo Lácteo aclara inquietudes sobre la leche fortificada

Aunque desde el punto de vista sensorial sí podía apreciarse algún cambio, los lotes de leche en polvo fortificada que se distribuyen a los niños menores de un año en algunos municipios de la capital, no presentaban ningún tipo de irregularidad en su composición físico-química.

Aunque las cifras siempre pueden variar de acuerdo con las propias fluctuaciones en el mercado internacional o la aparición de circunstancias inesperadas, como ha sido la COVID-19, a la importación de leche en polvo en nuestro país –ya sea para la distribución normada, venta en otras redes comerciales o materia prima para la producción de otros alimentos– se le confiere alta prioridad.

Este año, por ejemplo, deben ingresar a Cuba, como plan, 48 000 toneladas de leche en polvo, lo cual, más allá de la fría apreciación de los números, se convierte en un esfuerzo loable si tenemos en cuenta las sanciones y restricciones financieras de la que es objeto nuestra nación, además de que cada tonelada le cuesta a la Isla entre 3 400 y 3 600 dólares.

A causa de esas propias limitaciones, que el bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno de Estados Unidos convierte en perjuicios materiales y humanos a Cuba, no siempre el comercio exterior puede asegurar los mismos proveedores y la industria láctea debe trabajar entonces con leche en polvo proveniente de diferentes mercados.

Ello conllevó, recientemente, a que algunas madres cubanas percibieran un aspecto diferente en la leche fortificada que le preparaban a sus bebés y que reciben todos los meses, según el esquema de distribución, en la red de bodegas.

En esta ocasión, la leche no se diluía como de costumbre…, no era tan amarilla y al gusto tampoco sabía igual que en otras ocasiones. A partir de ahí, surgieron algunas preocupaciones que, de inmediato, fueron trasladadas al Complejo Lácteo de La Habana y al Ministerio del Comercio Interior.

LAS ACLARACIONES NO SE HICIERON ESPERAR

«Aunque desde el punto de vista sensorial sí podía apreciarse algún cambio, los lotes de leche en polvo fortificada que se distribuyen a los niños menores de un año en algunos municipios de la capital, no presentaban ningún tipo de irregularidad en su composición físico-química».

Así explicó a Granma Dailys Álvarez Delgado, directora de Calidad y Tecnología del Complejo Lácteo de La Habana, quien precisó que esta leche proviene de la Empresa de Productos Lácteos y Confitería de Pinar del Río, que es la encargada de procesar el alimento que se distribuye en La Habana.

Como parte del proceso de verificación de calidad, aseguró, todos los productos que recibimos de fábricas externas y comercializamos, deben poseer su respectivo certificado de conformidad; es como un aval que refrenda la calidad del producto en sí, según las normas predeterminadas y, además, nuestra empresa guarda muestras testigos para, ante una queja o reclamación, poder constatar dichos parámetros.

«En este caso, pudimos comprobar que la leche fortificada que se distribuyó cumple con los estándares requeridos, ya sea desde el punto de vista nutricional, o en cuanto a su aspecto, olor y sabor. Los análisis sensoriales y microbiológicos dieron conformes», afirmó la directiva.

La industria láctea, precisó, tiene proveedores de diferentes países, como Nueva Zelanda, Argentina, Holanda y Polonia, entre otros, y aunque la materia prima sigue siendo la misma, o sea, leche de vaca que se procesa para convertirse en polvo, en ocasiones tiene características específicas de sabor o aspecto de acuerdo con el país productor y los procesos que se emplearon para la obtención del alimento.

La leche que se distribuyó –y que fue objeto de inquietudes– era de procedencia polaca, y tanto la descremada como la entera que provienen de ese país, presentan usualmente una textura diferente, aclaró Álvarez Delgado. «No obstante, no se trata en ningún caso de un cambio de leche, si analizamos los componentes y nutrientes que la conforman», puntualizó.

En busca de más respuestas, nuestro diario llegó a la Empresa de Productos Lácteos y Confitería de Pinar del Río, y conversó con Emilia Aguirre López, directora del área de Regulación y Control de Producción de esa entidad, quien reiteró igualmente que la leche entera en polvo se importa de diferentes países, y que en la industria pinareña solo se le adicionan otros componentes para fortificarla, cumpliendo los requerimientos nutricionales de los bebés a los que está dirigida. Concretamente, estamos hablando de gluconato de hierro y de zinc, añadió.

Tras conocer sobre las inconformidades con algunos lotes comercializados en La Habana, la funcionaria aseguró que el lácteo pinareño procedió a revisar toda la trazabilidad de la elaboración de la producción, y evaluar además las muestras patrones que permanecen en la empresa de todos los surtidos que salen de ella.

Como resultado de la investigación, afirmó, las pruebas de laboratorio arrojaron que la leche en cuestión se disuelve adecuadamente, el sabor es correcto y no tiene ninguna característica sensorial ni microbiológica afectada.

«Teniendo en cuenta el sector al que va dirigida esta leche, existe un gran rigor en el control, desde el proceso de fortificación hasta el producto terminado. Que sea más amarilla, más gruesa o más fina, dependerá de la planta productora y de la tecnología que se haya utilizado en el país de origen», detalló la Directora del área de Regulación y Control de Producción de la Empresa de Productos Lácteos y Confitería de Pinar del Río.

Sin embargo, aseveró la funcionaria, aun cuando algunas características pudieran variar, en dependencia de la procedencia de la materia prima, en todos los casos se trata de un alimento con los requerimientos de calidad e inocuidad establecidos, para ser consumido sin ningún tipo de riesgo por nuestros niños.

Un criterio que comparte Dailys Álvarez Delgado, señala que, si bien puede detectarse algún cambio al paladar o en el aspecto de la leche, no se trata de un alimento diferente al que se ha distribuido en otras ocasiones, pues cumplen con los mismos requisitos de porciento de grasa, humedad, acidez y proteínas.

LA INDUSTRIA MUNDIAL DE LA LECHE

De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a pesar de las interrupciones del mercado causadas por la COVID-19, la producción mundial de leche está mostrando resistencia, posiblemente creciendo ligeramente en 2020.

Sin embargo, las exportaciones mundiales de productos lácteos se dirigen hacia una contracción, en medio de la vacilante demanda de importación.

Se pronostica que la producción mundial de ese alimento este año crecerá un 0,8 %, a 859 millones de toneladas, debido principalmente a las expectativas de expansión de la producción en Asia y América del Norte, con aumentos moderados en América Central y el Caribe, Oceanía y África, parcialmente compensados por ligeros descensos anticipados en Europa y Sudamérica.

Según el Portal Lácteo de la FAO, alrededor de 150 millones de hogares en todo el mundo se dedican a la producción de ese alimento.

¿Sabías que?

En los tres últimos decenios, la producción lechera mundial ha aumentado en más del 59 %, pasando de 530 millones de toneladas en 1988 a 843 millones de toneladas en 2018.

La India es el mayor productor mundial de leche, con el 22 % de la producción total, seguido por EE.UU., China, Pakistán y Brasil.

Desde el decenio de 1970, el aumento de la producción lechera se registra en su mayor parte en Asia meridional, que es el principal impulsor del crecimiento de la producción lechera en el mundo en desarrollo.

La producción lechera en África crece más lentamente que en otras regiones en desarrollo, debido a la pobreza y, en algunos países, a las condiciones climáticas adversas.

Los países con los mayores excedentes de leche son Nueva Zelanda, EE.UU., Alemania, Francia, Australia e Irlanda.

Las naciones con los mayores déficits de leche son China, Italia, la Federación de Rusia, México, Argelia e Indonesia.

Más de 6 000 millones de personas en el mundo consumen leche y productos lácteos; la mayoría de ellas vive en los países en desarrollo.

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