Un estudio elaborado por el INTA y las universidades Católica y Finis Terrae dio cuenta de una severa caída en los niveles de este nutriente en todas las regiones del país, incluso en las más soleadas, con porcentajes superiores al 70% en niñas y niños.
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Se espera que próximamente el Ministerio de Salud dé luz verde a una nueva reglamentación para mejorar la deficiencia a través de un alimento de consumo masivo, aunque médicos adelantan que el éxito del proceso dependerá del porcentaje de agregación definido. Especialistas creen que el aumento de la obesidad infantil podría ser, entre otras, una de las causas del problema, cuyos impactos se asocian con una enorme variedad de enfermedades, desde las de carácter auto-inmune a la salud mental.

Especialistas de la Universidad de Chile advirtieron que la fortificación de los lácteos con vitamina D sería la estrategia más adecuada para revertir la deficiencia de este nutriente en el país, aunque adelantaron que los resultados positivos de esta política pública, que se espera se materialice en el corto plazo, dependerán de que la norma defina un porcentaje adecuado de agregación nutricional.

El último estudio elaborado por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) y las universidad Católica y Finis Terrae, en ciudades como Antofagasta, Santiago, Concepción y otro previo en Punta Arenas, confirmó que los niveles de vitamina D en niñas y niños de todo el país superan el 70% y llegan hasta más del 85% en zonas australes, donde la radiación solar es menor.

Del mismo modo, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, un 84% de las mujeres entre 14 y 49 años muestra indicadores insuficientes y un 13% alcanza una deficiencia severa.

En este contexto, se espera que próximamente, el Ministerio de Salud emita una normativa según la cual el nutriente sea incorporado a través de un alimento de consumo masivo, el método más efectivo según evidencia internacional destacada por investigadores participantes en el libro “Lácteos, Nutrición y Salud”, patrocinado por el Consorcio Lechero de Chile.

La problemática supone un riesgo para la salud pública de la población, debido a que la vitamina D tiene una incidencia fundamental para el adecuado funcionamiento del organismo, y su déficit se vincula con una enorme diversidad de enfermedades, expusieron los especialistas del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA) y la Facultad de Medicina de la casa de estudios pública Sylvia Cruchet y Rodrigo Valenzuela, respectivamente.

Dónde obtener vitamina D

“La vitamina D es un nutriente con un efecto muy importante para el organismo y la mejor manera de obtenerlo es con la radiación del sol que llega a la piel. Los alimentos, en forma natural, prácticamente no disponen de ella, y los que tienen no son de consumo masivo. Por eso, es fundamental que el aporte de esta vitamina comience desde el nacimiento, que, en el caso chileno, es una política pública de salud que data de hace más de 40 años”, dijo la Dra. Cruchet, pediatra y especialista en gastroenterología y nutrición del INTA.

El Dr. Valenzuela, doctor en Nutrición y académico del Departamento de Nutrición de la U. de Chile, complementó que “la disponibilidad de vitamina D en los alimentos es muy baja, no tenemos grandes fuentes dietarias y dentro de ellas, una de las más importantes es la grasa lácteas: mantequillas, queso, leche entera y otros productos. Pero en los últimos años ha ganado fuerza la idea de que la grasa láctea debe eliminarse de los alimentos, lo cual es un error pues las fuentes alimentarias para este nutriente son extremadamente limitadas”.

Ambos especialistas –pertenecientes al Comité Científico de Lácteos, una instancia nacida al alero del programa “Gracias a la Leche”– coincidieron en que los resultados de los últimos estudios vinieron a comprobar las sospechas de la comunidad médica en relación a la deficiencia de la vitamina D, aunque los hallazgos demostraron una realidad peor a la imaginada.

“La estrategia de fortificar la leche y otros lácteos es algo habitual en otros países y su lógica es promover la ingesta del elemento deficitario a través de alimentos de consumo masivo”, puntualizó el Dr. Valenzuela.

La vitamina D tiene como principal función, ayudar a absorber el calcio del intestino para regular cuánto calcio y fósforo deben almacenarse en los huesos y cuánto debe expulsarse del cuerpo por medio de los riñones en la orina. La deficiencia de esta vitamina en el cuerpo humano se ha relacionado tradicionalmente al raquitismo, pero se han descrito múltiples efectos biológicos en todos los sistemas y órganos del cuerpo.

Déficit transversal en Chile

La vitamina D es un micronutriente que el organismo requiere para el fortalecimiento y la salud de los huesos.

De hecho, el cuerpo solo puede absorber calcio –componente esencial de las estructuras óseas– cuando este nutriente existe. Sin embargo, esta es solo una de sus contribuciones a la fisiología humana: también regula funciones celulares, tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras, además de contribuir al sistema inmune y la actividad de las células cerebrales.

Esto explica que su déficit se asocie con patologías diversas, que van desde la salud mental a las enfermedades auto inmunes, e incluso durante la pandemia se acreditó su vinculación con una mejor respuesta en el covid-19. La Dra. Cruchet precisa, sin embargo, que no se trata de una relación causa-efecto, sino de asociaciones. Una de estas, quizás de las más llamativas, es la de la esclerosis múltiple, una condición irreversible y devastadora.

La médica explicó que, en el caso de estos pacientes, se han detectado bajos niveles de vitamina D, por lo que requieren de importantes refuerzos. La cantidad de vitamina D que genera la piel depende de muchos factores, incluidas la hora del día, la estación, la latitud y la pigmentación de la piel.

Los hallazgos que evidenciaron los últimos estudios poblacionales coinciden, igualmente, con la realidad que se encontró en otros países latinoamericanos que registran datos sobre los niveles de vitamina D, entre ellos México (no todos disponen de evaluaciones detalladas sobre el desafío). Sin embargo, en Chile, un elemento de contexto adicional preocupa a los expertos: la obesidad, en especial la infantil.

“No hay que olvidar que la vitamina D es liposoluble, es decir, se absorbe en presencia de grasa. No es, por ejemplo, como la C, que se puede consumir y absorber muy fácilmente porque siempre hay agua de por medio, pero en el caso de la grasa es más complejo. Por eso el boom de los alimentos ‘cero grasa’ puede ser otra de las causas, aunque posiblemente el sobrepeso y la obesidad tienen mucho que ver”, subrayó la pediatra.

Necesidad de estrategias nacionales

La principal fuente de vitamina D es endógena, es decir, la sintetizamos desde el exterior con la luz del sol, de ahí a que la protección solar, cierto tipo de vestimenta y principalmente los productos bloqueadores se consideren como factores problemáticos. El proceso comienza en la piel, continúa en el hígado y finaliza en el riñón.

Para Valenzuela, Chile debe mirar con especial cuidado la situación. “Cuando un país tiene la deficiencia de un nutriente, inmediatamente se tienen que activar las alarmas para corregirla. En Chile, ya hemos superado la deficiencia de energía y macro nutrientes, y se han hecho enormes esfuerzos por revertir la de hierro o zinc. En el caso de la vitamina D, con todos los antecedentes que existen al respecto, el problema es evidente”

Una de las particularidades del problema en Chile es su carácter transversal. La brecha afecta tanto a niños como a adultos, a personas obesas y no obesas, y es igualmente alta en zonas con alta radiación y vida al aire libre que en zonas del extremo sur. La realidad en otros minerales, como cobre, hierro y zinc, evidenció indicadores normales, salvo excepciones puntuales, como el calcio en Antofagasta.

Según el nutricionista, quien es editor del libro “Lácteos, Nutrición y Salud”, a nivel alimentario, la fortificación de los alimentos es la vía más plausible en términos de acceso, eficiencia e impacto. “De acuerdo a normas internacionales estandarizadas, la fortificación es agregar a un alimento un 10% de la dosis diaria recomendada de un nutriente. El valor que defina el Minsal para Chile será una cifra de consenso superior al 10%”.

“La evidencia internacional demuestra que fortificar lácteos es una estrategia eficiente. Es fácil de hacer, porque está la materia grasa y no existe una dificultad tecnológica grande, a diferencia de, por ejemplo, la harina, otro alimento de consumo masivo, pero que obligaría a realizar modificaciones en la producción que encarecerían el costo de la fortificación. En el caso de la leche, el costo beneficio es grande y los niveles circulantes mejorarían rápidamente”, añadió el especialista del INTA.

Cruchet explicó que la leche es una de las fuentes dietarias más accesibles y que otorgan mayor seguridad alimentaria a la población. Pese a esto, una de las interrogantes del proceso es si la norma se hará extensiva a productos como jugos vegetales para personas que no consumen lácteos, y qué potencial de absorción tendrán estos en el mediano y largo plazo.

“Chile ha tenido grandes experiencias con la fortificación de la leche. Ahora, lo que esperamos es que el valor definido sea el adecuado para revertir el problema de niveles circulantes, especialmente en niños y adolescentes. Eventualmente, por la gravedad de las cifras, también se podría pensar en otras medidas de política pública, como la entrega de vitamina D en consultorios hasta los 6 años y no solo durante los primeros meses de vida”, aseguró.

Capturada por el tejido adiposo

Las cifras de obesidad y sobrepeso en la población chilena representa hoy uno de los mayores factores de riesgo en la deficiencia de vitamina D: el 74,2% de sus habitantes tiene una de las dos condiciones.

Los drs. Cruchet y Valenzuela comentaron que la “altísima prevalencia” de los problemas asociados al peso causan un efecto conocido como el secuestro de la vitamina D por parte del tejido adiposo. Eso sería indicativo del aumento del hígado graso, una condición emparentada con este fenómeno.

“Es decir –expuso el especialista en Nutrición– que podemos encontrar bajos niveles en la sangre, pero probablemente si hiciéramos una biopsia de tejido adiposo podríamos encontrar indicadores muy altos. Entonces, los bajos niveles de vitamina D circulante tienen que ver con una captura de esta por parte del tejido adiposo y un mayor uso metabólico del nutriente. Esto significa que el organismo la utiliza más en la función metabólica por los problemas de peso. Además de la baja ingesta, se suma que su síntesis está disminuida”.

De acuerdo a la pediatra, los niños obesos requieren del doble de vitamina D para que sus funciones corporales no se vean afectadas por la deficiencia.

“Se necesita una cantidad mayor porque sabemos que será secuestrada por el tejido adiposo. Sumado a la falta de exposición al sol, otro elemento de contexto es el rechazo a dar alimentos con grasa y aceite a los niños. De ahí el problema de los alimentos bajos en grasa”, concluyó la facultativa.

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