Tras un largo periodo adverso, la relación de costos y precios se acomodó favorablemente para la producción, pero sin eficiencia el negocio no es viable.
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Al final del primer semestre del año el precio de la leche experimentó un ajuste mayor al de los insumos.

La cadena láctea habita un vaivén eterno de rentabilidades, ganancias y pérdidas que se reparten por épocas entre la producción primaria y la industria, una puja permanente entre costos y precios que al final encuentra su equilibrio a fuerza de eficiencia y productividad.

En esa dinámica, la foto actual del sector muestra a la mayoría de los tambos con los números en orden gracias a un aumento del precio de la leche mayor al de los principales costos. Pero hace pocos meses la situación era muy diferente.

“Los desequilibrios macroeconómicos y el aumento de las materias primas a nivel internacional hicieron que los costos de la producción se dispararan y que haya durante mucho tiempo un desacople importante entre los costos y los precios que el productor cobraba”, recuerda en diálogo con Clarín Rural Ércole Felippa, presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL) y de la cooperativa láctea Manfrey, quien describe la dinámica oscilante del negocio como “un proceso casi natural”.

A partir de junio, el desacople se revirtió. En agosto, el precio promedio de la leche pagado al productor informado por SIGLEA fue de 32,51 pesos por litro, un 6 por ciento más que en mayo. “Si hoy comparás lo que cuesta un litro de leche con los principales insumos, la relación es más o menos equilibrada”, dice Felippa.

Según el último informe lechero del Movimiento CREA, en junio hubo una disminución del 3,1 por ciento en el índice de costo en relación con el mes anterior. Por su parte el índice de precio mostró un aumento del 5,4 por ciento. “Es así como la relación IP:IC para el mes de junio se ubicó en 1, observándose un aumento por tercer mes consecutivo, y por encima del promedio de los últimos 5 años, luego de 11 meses”, remarca el informe, y luego detalla que la caída del precio del maíz (-10%) y el pellet de soja (-7%) fueron algunos de los factores que determinaron la reducción de costos intermensual tras el fuerte aumento que se había dado en abril.

En síntesis, al final del primer semestre del año el precio de la leche experimentó un ajuste mayor al de los insumos -semillas, fitosanitarios, balanceados y maíz-, lo que mejoró sensiblemente la relación insumo producto para los tambos. En junio, según CREA, un productor podía comprar 1,6 kilos de maíz con un litro de leche, un aumento del 14 por ciento respecto al mes anterior.

A nivel industrial, explica Felippa, durante 2020 también hubo un aumento importante de costos y no se pudo trasladar eso al precio de los productos porque el mercado no estaba en condiciones de absorber aumentos y porque hubo un esquema de precios máximos que lo impedía. Ahora, esa variable también se acomodó favorablemente para la cadena.

“Los precios de los lácteos han tenido en general en los primeros ocho meses del año una importante recuperación del orden del 50 por ciento, y en particular se han equiparado e incluso superaron al resto de los índices de la inflación minorista”, detalla el informe de CREA.

Según el directivo del CIL, en el plano local la pérdida de poder adquisitivo de la población se refleja en un menor consumo de ciertos productos con mayor valor agregado, como yogures y quesos, pero aun así el consumo interno de lácteos se mantiene en 185 litros por habitante por año, “un nivel aceptable”.

Mientras tanto la exportación, que suele representar alrededor del 20 por ciento del mercado (fundamentalmente leche en polvo) y que muchas veces tracciona los números del negocio, según Felippa hoy no lo hace porque el precio internacional bajó y a eso se agregan el efecto de las retenciones y del tipo de cambio. “Los volúmenes exportados crecieron mucho en comparación al año anterior, pero con mucha menor rentabilidad. Los resultados de las compañías en muchos casos están siendo negativos”, advierte.

Según datos del INDEC informados por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), durante el primer semestre de 2021 se exportaron 177.035 toneladas, un 19 por ciento más respecto al mismo período del 2020, lo que representó el 25 por ciento de la producción nacional de leche. El valor total fue de 565 millones de dólares, lo que representa un incremento del 21 por ciento respecto al mismo período del año 2020. “En este momento del año, cuando estamos en un pico de producción estacional, se hace más importante sacar un buen volumen al mercado externo”, remarca Felippa.

Pero el factor clave que apuntala a todo el sector lácteo más allá de los costos y los precios es la productividad, lograda a fuerza de innovación y tecnología.

“En la producción primaria estamos atravesando un paradigma que incluye la construcción de galpones en los tambos para brindar mayor bienestar y confort a los animales. Eso permite lograr mejores índices de conversión de alimento por litro de leche. Además se están incorporando en muchos tambos robots de ordeñe”, explica Felippa, y agrega que en el eslabón industrial no hay ninguna tecnología tan disruptiva como los tambos robotizados pero constantemente se adopta mejoras tecnológicas y de procesos para mejorar la eficiencia. De esta manera, tras un crecimiento de la producción primaria del 7 por ciento en 2020, la proyección para este año es de un crecimiento del 2 por ciento. Así, con más litros por vaca y por kilo de maíz, la lechería argentina va sorteando las tormentas y sigue mirando hacia adelante.

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