La leche es más que agua, grasa, proteína y lactosa: puede convertirse en biocombustible usado para la generación de hidrógeno. El logro es queretano.
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Cada que se ingiera un vaso de leche o se disfrute de algún sabroso queso queretano habrá que tener en cuenta que los residuos que quedaron en su producción tienen una alternativa para convertirse en biocombustibles gaseosos, así lo explicó la doctora Karla María Muñoz Páez, quien explicó en exlcusiva para AM de Querétaro que este proceso es un claro ejemplo de economía circular.

“Los residuos de la industria láctea se pueden reutilizar, tiene un valor añadido, no solo es evitar la contaminación; además, está la posibilidad de generar y aprovechar un recurso que se pueda vender, centrado en la economía circular, lo que llamamos materia prima de otro proceso”, explicó la académica del Instituto de Ingeniería UNAM, Campus Juriquilla.

Cada residuo orgánico puede generar biocombustible, pero cada residuo tiene sus propias particularidades.

En México, se generaron 487 mil 397 toneladas de queso en 2020; por cada kilo de queso, se pueden generar nueve litros de suero de leche que se pueden reutilizar. Suero dulce cuando se usa cuajo y suero ácido con distintas características.

El suero dulce se usa para elaborar polvo de proteína, para deportistas, y alimento para animales.

“El suero ácido es más complicado de procesar y puede usarse para generar hidrógeno, no hay que cambiar mucho el PH; es el que queremos usar como fuente de biocombustible”, agregó Karla María Muñoz.

La investigadora en Querétaro agregó que aún se encuentran en la fase experimental en laboratorio.

“Lo que estamos haciendo es tomar el suero ácido de una industria de Querétaro y lo usamos para generar hidrógeno, se puede generar un buen volumen, pero el problema es que, en ocasiones, generan estabilidad pos sus características”, detalló la doctora Muñoz.

La mira, dijo, es producir hidrógeno en grandes cantidades y que sea estable.

“El suero tiene un alto contenido de materia orgánica, con bacterias lácticas que en ocasiones crecen más rápido; además, como el suero es real, no siempre presenta la misma composición y puede variar de unos lotes a otros, por lo que estamos generando estrategias de control con el doctor Alejandro Vargas y el doctor Germán Buitrón, para poder, de manera automatizada, mover parámetros como cantidades de suero, volumen y que el sistema asegure que vamos a tener siempre el mismo volumen de hidrógeno”, advirtió la investigadora.

El objetivo es que estos biocombustibles, como el hidrógeno y el metano, se utilicen para generar electricidad: de entrada, en las mismas empresas que lo producen y, en una mediana escala, para utilizarlas en pequeños poblados como ocurre en algunas regiones de Europa.

Mucho del suero que se produce se desecha, por lo que debe buscarse aprovechar mayores cantidades para evitar contaminación en lugares de desecho como son los ríos.

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