Son momentos difíciles para hacer pronósticos, pero las señales que el mundo está enviando no son alentadoras para los meses que vienen en el sector lácteo.
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En el día de ayer el profesor Marin Bozic, experto en gestión de riesgos en la industria láctea de la Universidad de Minnesota, llamó a COVID-19 un “Evento del Cisne Negro” para la industria láctea. Una frase que significa un evento totalmente impredecible con consecuencias devastadoras.
Ha traído “a corto plazo, muy profundo, la destrucción de la demanda”, dijo Bozic.
Bozic, al analizar el imacto en EEUU aseguró que el 10 por ciento de las granjas no sobrevivirá a esta coyuntura, a la que calificó como una “carnicería” para el sector.
Pero el especialista no es el único que plantea un escenario dramático. Un análisis de Rabobank destaca como la pandemia de coronavirus ha transformado el panorama de la oferta y la demanda de los mercados lácteos mundiales.
Según el estudio, se espera que los mercados vean tres fases de ajuste distintas en los próximos meses, que se darán de la siguiente manera:
La primera ola: compras de pánico donde el aumento de la demanda minorista compensará parcialmente la reducción del consumo en el canal HORECA (Hotelería, Restaurantes y Cafeterías).
Ola dos: acumulación de existencias como consecuencia del aumento de la producción de leche en el hemisferio norte y la menor demanda general. La reducción del comercio y el aumento de las existencias de productos presionarán los precios, lo que conducirá a reducciones de precios a los ganaderos.
Ola tres: una recesión mundial que podría mantener los precios de los productos lácteos y en las granjas bajo presión hasta 2021.
El Informe recuerda que alrededor del 20% del volumen total de leche se vende en Europa se hace por el canal HORECA y, por lo tanto, el cierre de esos establecimientos ha tenido un efecto masivo en la demanda. Algunas industrias lácteas han adaptado sus producciones a la nueva realidad y colocarlos en el comercio minorista, pero las compañías más pequeñas, especialmente aquellas especializadas en la hostelería, están bajo mayor presión.
En los EEUU, el 45% del queso se vende a través de la hostelería y la reducción de la demanda ya ha comenzado a erosionar los precios y ha llevado a la eliminación de la leche .
A medida que las existencias crecen y el comercio sigue siendo más difícil, se esperan precios más bajos tanto a nivel mayorista como a nivel de granja. También hay algunos riesgos de mayores costos de producción para los ganadero si los suministros de suplementos alimenticios que salen de China son limitados.
También se espera que el comercio se vea obstaculizado por problemas logísticos relacionados con la disponibilidad de contenedores y las restricciones fronterizas. Un impacto adicional en la demanda de importaciones será el impacto del menor crecimiento económico en áreas clave de importación como China y América del Sur y el impacto de los precios más bajos del petróleo en la demanda en el Medio Oriente.
La conclusión es que los desafíos que enfrenta la industria ahora parecen tener algunos impactos duraderos, con algunos precios hasta un 30% por debajo de sus niveles anteriores a COVID-19.

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