Argentina |13 enero, 2020

forrajero | Daniel Gardello: mucho más que un contratista forrajero

El empresario con base en Tandil empezó con el picado de forrajes y ahora se especializó en la construcción de corrales y el manejo de efluentes.

“Haber viajado y ver cómo otros hacen las cosas, aún en contextos de países diferentes, me abrió la cabeza y me permitió dejar de ser sólo un contratista forrajero para diversificar mi negocio y mejorar mi rentabilidad a lo largo de todo el año”. La reflexión tiene la rúbrica de Daniel Gardello, un típico prestador de servicios con tecnología y maquinaria de punta, que decidió ir por más. Hoy, sumó el armado de corrales de feedlots y la infraestructura para el tratamiento de efluentes en tambos.

Donde más estuvo es en España. Allí vio trabajar a sus colegas contratistas y visitó tambos, algunos pequeños de 100 a 200 vacas, pero también estuvo en uno de los más grandes de Europa.

“Me gustó la concepción del negocio que vi en los lugares que visité, los prestadores de servicio trabajan todo el año logrando un ingreso mensual estable los 12 meses, no como me pasaba a mí antes, que tenía contar con el personal capacitado para trabajar seis meses y después quedaban otros seis meses en los que casi no ingresaba dinero pero tenía que mantener la estructura”, explicó Gardello, que tiene la base de operaciones de ForCeres en la localidad bonaerense de Tandil.

Daniel Gardello había arrancado hace muchos años como contratista forrajero, picando granos, y armando rollos de alfalfa. La rentabilidad de un semestre de trabajo fuerte no alcanzaba para mantener a flote una empresa. La gente se le iba. Diversificar fue la llave para encontrar estabilidad y hacer fuerte a la empresa.

Armado de corrales

El primer paso en el camino de esta diversificación fue el armado y arreglo de corrales en feedlots. “Cuando picábamos, nos cansamos de ver animales empantanados hasta el pecho o con dificultades para llegar a comederos y bebederos, luchando para caminar en el barro y por eso se nos ocurrió capacitarnos para lograr un armado de corrales profesional”, expresó Gardello.

“Hay corrales que se hacen a gusto del alambrador, otros a gusto del veterinario o del dueño del campo pensando en hacerlo donde está la fuente de agua, cuando en realidad, ha pasado que el agua está en la parte más baja e inundable del corral, he visto diseños que no han tenido en cuenta lo que se pierde en conversión de alimento en carne por tener a los animales sin confort para acceder a la comida”, apuntó Gardello. Y se asombró: “Hemos llegado a tener que raspar dos metros de profundidad para llegar a lo firme de tan estropeados que estaban”.

Como dato interesante, Gardello ofrece a sus clientes la posibilidad de trabajar con placas de hormigón transportables que permiten hacer corrales en zonas donde un camión mezclador no puede llegar. Por otro lado, todo es más rápido, porque una vez que está preparado el terreno, se puede armar un corral y medio por día.

Las placas son de 1 metro por 3,50 con 14 cm de espesor, hechas con un hormigón con alto porcentaje de cemento. Cada placa pesa 1300 kilos.

Tratamiento de efluentes

Otro de los negocios en los que Gardello diversificó su empresa es en el armado de plantas para el tratamiento de efluentes en tambos. Vale recordar que desde 2015 en la provincia de Buenos Aires, por iniciativa del Ministerio de Agroindustria, se estudió de qué manera se puede mejorar el uso de efluentes generados en los tambos para evitar la contaminación.

Después de tres años de estudios coordinados por la Dirección Provincial de Lechería, la mesa técnica integrada por profesionales de la Autoridad del Agua, CREA, Universidad de Buenos Aires, Aprocal (Asociación Pro Calidad de Leche) y referentes de la Mesa lechera provincial, redactó la Guía de Buenas Prácticas para la gestión de Purines en Tambo.

“Las obras que hay que hacer para lograr ese manejo más eficiente de purines es un tema que me interesa mucho, porque es un beneficio para todos, la naturaleza y el tambero”, se entusiasmó Gardello.

“En España vi un aprovechamiento de todos los recursos y una valorización de todos los subproductos y residuos, todo tiene un valor y se aprovecha, no se desperdicia nada”, afirmó el contratista. Y graficó: “Para ellos es una necesidad absoluta porque muchos tambos están metidos en los pueblos, los trabajadores llegan caminando de su casa al ordeñe, conviven con la producción”.

Como anécdota de su recorrida, Gardello recordó que un tambo que visitaron cerca de Andorra, al llegar a la tranquera de ingreso no había nadie, el dueño llegó cinco minutos después y cuando entraron, un tambo de 110 vacas, no había nadie trabajando, era un ordeñe mecanizado. “Y todo funcionaba perfecto, las vacas pasaban, el robot las ordeñaba y ¡el dueño no estaba!”, se asombró.

El potencial argentino

“En Argentina está todo por hacer en el manejo de efluentes, y son obras que contando con un buen asesoramiento se pueden hacer a un costo razonable, aún en un contexto complicado financiera y económicamente”, ponderó Gardello. Y agregó: “Hay una necesidad de mejorar todo lo que tiene que ver con tratamientos porque, mayormente, se viene haciendo de forma tradicional como hace 50 años”.

La clave está en el agua, uno de los insumos que se necesitan para producir leche. “Si no hay impermeabilización y se tira todo así nomás es muy probable que los nitratos lleguen a la napa y se contamine el agua del propio establecimiento”, opinó Gardello. Y agregó: “Si vos das agua contaminada o de mala calidad va a repercutir en la conversión de alimento en leche”.

Pero además, se puede usar el estiércol como fertilizante. Y el agua, después de tres o cuatro ciclos de usarla para el lavado también se puede usar como fertilizante. “Todo esto, si lo ponés en la balanza también tiene sus beneficios, no sólo es hacer mejor las cosas, por la ecología y la sustentabilidad, sino también por que es más rentable”, opinó Gardello.

El sistema consiste en armar una pileta con un plástico que impermeabiliza la superficie. Depositado ahí, se va bajando el nivel de bacterias del líquido, y se logra que una parte de bacterias muera por efecto aeróbico. “Es un proceso sencillo pero que requiere un cálculo específico respecto de la cantidad de efluentes que produce un tambo”, apuntó el contratista.

Reinventarse. Apostar a más. Buscar sortear los obstáculos saliendo hacia adelante. De eso se trata la búsqueda que está haciendo Gardello, que quizás nunca soñó hacer picado y rollos de alfalfas, pero hoy se anima a crecer diversificando.

Los mismos efluentes que toda la ciudad de Buenos Aires

De acuerdo a estimaciones del Censo Nacional Agropecuario, mientras que la producción de leche a nivel nacional aumentó en un 76% las últimas dos décadas, el número de tambos en ese lapso se redujo a menos de la mitad: de 30.100 a 11.600 unidades productivas.

Desde AACREA advirtieron que esta transformación genera una problemática que tiene que ver con el aumento en la cantidad de efluentes generados en las instalaciones de ordeño.

Se estima que por día, 100 vacas requieren para el lavado de la instalación de ordeño un promedio de 3.000 litros de agua y generan 36 kg de materia seca provenientes principalmente de la materia fecal y los restos de los alimentos.

“Esto genera un efluente con un nivel de contaminación promedio medida en DBO5 (cantidad de materia susceptible de ser consumida u oxidada por medios biológicos en 5 días) de 0,003 kg por litro de efluente”, resumieron desde AACREA. Y agregaron: “Estos valores se traducen a nivel país en 20.000 millones de litros de efluentes generando una contaminación potencial de 60 millones de kg de DBO5 por año, lo que equivale a la carga orgánica de los efluentes cloacales generados por la población de la Ciudad de Buenos Aires por año (3,2 millones de personas).

Respecto del uso de purines, desde la Comisión de Lechería de AACREA apuntaron en un documento que “es necesario incorporar una normativa específica adecuada a las características de los sistemas productivos lecheros de Argentina” porque “una adecuada aplicación y manejo de los efluentes y/o purines y/o estiércol puede mejorar la productividad y sostenibilidad del recurso suelo por el aporte de materia orgánica y nutrientes”.

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