Argentina |26 noviembre, 2018

tambo | Del otro lado de la cordillera apareció el tambo del futuro

En Chile, el Primer Congreso Latinoamericano de Ordeñe Robótico mostró por dónde viene el crecimiento productivo. Estabulación, robótica y mucho más.

Venimos con mucha gimnasia de congresos en los que es más interesante el intercambio (“networking” que le dicen…) en los pasillos (“coffee breaks” que les dicen) que lo que se aprende en las conferencias. Pero este Primer Congreso Latinoamericano de Ordeñe Robótico organizado por DeLaval, que tuvimos la oportunidad de compartir esta semana en Los Angeles (Chile) rompió todas las estructuras. Evidentemente, el “VMS” (Volunteer Milking System) es una tecnología tremendamente convocante. Hay más de cien robots ya funcionando, pero la cifra se va a duplicar en el 2019, con 40 proyectos que involucran 240 nuevos VMS, cada uno para módulos de 60 vacas.

De la mano de Marcelo Catalá, responsable de grandes proyectos y robótica de DeLaval (líder mundial en equipos de ordeñe) los 180 asistentes de todos los países de la región no se perdieron una conferencia, y los breaks resultaron cortos para seguirla. Como también resultó corta la minuciosa visita al tambo de Ancali, allí cerca, hoy el más grande del mundo en esta nueva tecnología: 64 robots ordeñando más de 3000 vacas con un promedio de 42 litros de leche por día.

La vara quedó bien alta desde el mismo arranque. Tras la bienvenida de Ezequiel Cabona, Vicepresidente de DeLaval en Argentina, tomó la palabra Mike McCloskey, sin duda la figura más importante de la lechería en los Estados Unidos. Es el dueño de Fair Oaks, con tres tambos en Indiana (a 100 km de Chicago) donde ordeña 15.000 vacas, produciendo leches especiales como la Fair Life, una bebida que se abre paso de la mano de Coca Cola. McCluskey, que recién ahora va a ensayar los VMS en un establo de 750 vacas. Espera que el sistema le permita un aumento de productividad, mayor control de gestión y mayor longevidad de las vacas.

Mc Closky repasó los enormes saltos tecnológicos que se verificaron en el tambo desde sus inicios en la actividad, 30 años atrás. Mencionó cómo el salto de productividad en la producción de maíz permitió bajar el costo de alimentación en el corn belt, y planteó las expectativas que están brindando las alfalfas modificadas genéticamente para menor contenido de lignina. Y dedicó la parte final de su presentación al ataque que están sufriendo todos los productores de proteínas animales desde distintos frentes. Tanto la leche como la carne están bajo escrutinio público por el impacto ambiental y el bienestar animal. Cree que el ordeñe voluntario puede ayudar en ambas cuestiones. Señaló que el gran desafío es la comunicación transparente, reivindicando los valores de la producción sustentable.

Lo siguió una fantástica presentación de Santiago Utsumi, ingeniero en Producción Agropecuaria con sólida formación académica, actualmente investigador de modelos de producción en la emblemática Universidad de Michigan. Utsumi planteó el impacto de las innovaciones tecnológicas en la producción, remarcado un concepto central: el aumento de la productividad es el primer paso de la sustentabilidad. Más kilos de producto por recurso consumido en el proceso. Actualmente, Santiago está investigando con sensores electrónicos temas clave como el comportamiento del animal en aspectos de masticación, emisión de metano en distintas partes del sistema digestivo y las heces, apuntando a una reducción de las emisiones y su impacto ambiental.

Luego desfilaron las presentaciones de técnicos y usuarios de robots de ordeñe en distintos planteos, desde el cien por ciento pastoril hasta el confinamiento completo en free stall. Un productor chileno, Pablo Coquelet, maneja 300 vacas sobre 120 hectáreas de raigrás (“ballica”) con algo de suplementación y lleva un par de años con los VMS. Su recomendación es que no haya más de mil metros entre el extremo del campo y el equipo de ordeñe. Se referencia en Nueva Zelanda, donde hay varios robots en el clásico sistema pastoril.

Jorge Ghiano, un joven profesional que acaba de desvincularse del INTA Rafaela, tuvo la responsabilidad de manejar el robot puesto en marcha en 2015, y que fuera el primero en instalarse en la Argentina por DeLaval, precisamente para evaluar su comportamiento en los sistemas de base pastoril con suplementación de forrajes (silo de maíz en particular) típicos de la región. Remarcó que el sistema funcionó incluso cuando el tambo de la Experimental se inundó, un par de veces en los últimos años.

El brasileño Daniel Chichelero, de Minas Gerais, contó su caso de sistema estabulado, con 140 vacas en ordeñe, y fábrica de quesos adosada el tambo. Fue seguido con mucha atención, en particular por los jóvenes hermanos Martín y Gastón Brito, que están terminando de armar su proyecto de tambo-quesería en Coronel Moldes (Córdoba). En este caso, sin tierra propia, adquiriendo todo el alimento. La base serán los megafardos de alfalfa provistos por una empresa con la que firmaron un acuerdo de precios por calidad.

Luego fue el turno de la lechería Ancali, del grupo Bethia, un poderoso conglomerado de empresas que se encuentra entre los más importantes de Chile. Ancali nació hace quince años, y cuenta hoy con 3.500 vacas en ordeñe bajo galpón. Se manejó con salas de ordeñe rotativas hasta hace un par de años, cuando pasaron de las calesitas a las 64 estaciones VMS con que cuenta actualmente.

El segundo día del Congreso, los 180 asistentes recorrieron Ancali de la mano de sus responsables y los expertos de DeLaval, con varias paradas para ver no solo los robots de ordeñe, sino los sistemas alimentación y “juguetes” para el confort de los animales, como los cepillos rotativos, el OptiDuo (arrimador robot de la ración que entrega el mixer) y las estaciones de control. Porque el VMS no solo es una cosechadora de leche, sino una cosechadora de datos. Quizá la demostración más clara de que el famoso Big Data, la inteligencia artificial, la machine learning y el internet de las cosas ya está transformando la producción lechera.

Sin vuelta atrás.

Cómo funcional el sistema de ordeñe voluntario

El VMS o sistema voluntario de ordeñe es mucho más que un robot que sustituye la rutina tradicional de ordeñe y, como resultaría de una mirada superficial, la eliminación del tambero. El primer aspecto es que se pasa de un manejo masal, a un manejo individual. La vaca decide cuándo quiere ordeñarse, y no el ritmo de trabajo que impone la línea de montaje. Esto significa mejor sanidad, mayor confort animal, mayor longevidad de la vaca y mayor producción.

Simultáneamente además de ser una cosechadora de leche, es una cosechadora de datos. Permite medir de manera instantánea la producción individual, y no solo vaca por vaca, sino pezón por pezón. Esto anticipa el manejo de problemas sanitarios, permite ver en qué situación está la vaca desde el punto de vista de su ciclo estral, y en consecuencia del manejo reproductivo. Y a su vez es una máquina inteligente: de acuerdo a la producción del ordeñe anterior, y en función del momento de lactancia de cada animal, le programa la ración y se la entrega en el comedero con cuatro ingredientes distintos. Así, el VMS genera expectativas extraordinarias.

Cuesta 140 mil dólares, unos 2.200 dólares por vaca. No es sustituir gente, sino modalidad de trabajo. La rutina convencional -buscar las vacas dos veces por día, lavar ubres, colocar pezoneras- espanta a los jóvenes, que no quieren repetir la historia de sus padres. Por eso cuesta tanto conseguir gente en la actividad. Con el VMS, desaparece aquella rutina. Es convocante en particular para las nuevas generaciones, tan proclives al manejo de la tecnología de información. Lejos de ser una amenaza, el VMS es una gran oportunidad para seguir en el tambo.

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