La declaración de intenciones firmada por el sector no logró sus objetivos.
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Hoy se cumplen seis años de la firma del Acuerdo para la sostenibilidad del sector lácteo. Una ambiciosa declaración de intenciones que aún hoy sigue sin haber logrado su propósito principal de dar estabilidad y crear valor para la leche. Ni siquiera el hecho de ser refrendado por una treintena de empresas lácteas, la práctica totalidad de las compañías de distribución alimentaria y las más representativas organizaciones profesionales agrarias resultó ser una garantía suficiente para que se lograsen dos de sus objetivos fundamentales: mejorar la capacidad negociadora de los productores y establecer una relación más racional y equitativa entre todos los agentes que intervienen en el sector. Este es el grado de cumplimiento de los principales compromisos incluidos en el mayor pacto sectorial firmado por el lácteo en toda su historia.

La eterna batalla de los precios

A día de hoy, los ganaderos gallegos cobran 32,5 céntimos por cada litro de leche que entregan a la industria, cinco más de los que percibían cuando se firmó el acuerdo en el 2015. Si bien es cierto que durante este período se ha registrado cierta estabilidad en las cotizaciones —en los últimos 30 meses el precio ha estado en el entorno de los 31 o 32 céntimos— también lo es que son pocas las granjas que alcanzan unos márgenes mínimos de rentabilidad. El fuerte incremento del pienso, la luz o el gasoil han disparado los costes de producción de las explotaciones hasta los 36 céntimos por litro de leche, tal y como reconoce el propio Ministerio de Agricultura. Lo que si ha permanecido invariable durante los últimos seis años es el hecho de que Galicia sigue siendo la comunidad con los precios más bajos de todo el territorio nacional y España, a su vez, sigue a la cola en cuanto a cotizaciones dentro de la UE27.

Contratos impuestos

Tal y como sucedía en 2015, los ganaderos siguen manteniendo una débil posición negociadora a la hora de firmar los contratos lácteos con la industria. Ninguna granja gallega, por grande que sea, tiene la más mínima capacidad a la hora de establecer, o al menos pactar, el precio que recibirá por la materia prima que vende. Dicho de otra manera, o firma el acuerdo que unilateralmente le propone la láctea o el ganadero se queda sin comprador para su leche. Es una constante que se repite entre todos los operadores que acostumbran a ofertar precios similares por lo que cambiar de industria no resulta tarea sencilla. En este sentido, tampoco las organizaciones de productores, entidades creadas precisamente para empoderar a los productores frente a las empresas, han cumplido la labor para la que fueron creadas.

Identificando el origen

Es, seguramente, el único punto que se ha cumplido de forma completa dentro del acuerdo. Desde comienzos de 2019 es obligatorio que toda la leche y sus derivados recojan en los envases su lugar de procedencia. Ha sido necesaria la puesta en marcha de una normativa específica para cumplir con una de las demandas históricas del sector que denunciaba sistemáticamente la entrada de leche de terceros países a precios anormalmente reducidos e incluso el envasado como producto nacional de materia prima que, en realidad, era foránea. En cualquier caso, la repercusión que ha tenido esta medida sobre los precios que reciben los ganaderos, al contrario de lo que se esperaba, ha sido nula.

La leche ya no es un reclamo

Las cadenas de distribución también han cumplido su compromiso de acabar con el uso de la leche como producto reclamo ante el consumidor. Aunque en momentos puntuales, siguen apareciendo ofertas de cartones a precios anormalmente reducidos, lo cierto es que resulta difícil encontrarse con cartones a menos de 55 céntimos cuando era una práctica habitual hace apenas unos años. Se calcula que, actualmente, el 40 % de la leche se comercializa a precios que oscilan entre los 55 y los 60 céntimos. Precios que, por otro lado, se han mantenido invariables en el último lustro, circunstancia que lastra posibles repuntes de la materia prima en origen.

Los ganaderos no cumplieron

Los ganaderos también tienen una parte importante de culpa en la actual situación de crisis por la que están pasando. Su único compromiso en el acuerdo pasaba por promover el asociacionismo —en concreto a través de la figura jurídica de las organizaciones de productores— y la fusión de cooperativas con el fin de ganar músculo. Al contrario, han optado por bajar los brazos como resignados a que los remedios a una crisis que los tiene al borde del precipicio, tengan que llegar de otro sitio. Buena prueba de ello es que mientras las movilizaciones en defensa de un precio justo para la leche se repiten por toda España, en Galicia, primer productor a nivel nacional, no se han producido ni se las espera.

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