En días recientes falleció un alto mando naval militar, el almirante Manuel Rodríguez Gordillo, quien hace 34 años fue protagonista de un hecho que salvó cientos o miles de vidas en México.
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Él, por el año de 1987, jefe del Estado Mayor de la III Zona Naval, dio seguimiento a un caso de repentina enfermedad que presentaron marinos del Batallón de Infantería de Las Bajadas.

Por alguna razón, habían consumido atole preparado con leche en polvo que llegó en tres barcos desde Irlanda del Norte, almacenada en las bodegas marítimas del puerto; una muestra de ese lácteo fue analizado por el físico-matemático Miguel Ángel Valdovinos Terán, entonces jefe de Control Ambiental de la Planta Nucleoeléctrica de Laguna Verde (PNLV), descubriéndose que ese cargamento de 47 mil toneladas estaba contaminado con estroncio 90 y cesio radioactivo, sumamente peligrosos, que pueden producir daños genéticos, cáncer y otras enfermedades.

Esa leche la había adquirido el gobierno federal en Irlanda, uno de los países afectados tras la explosión de la planta nuclear de Chernóbil en Ucrania, para distribuirla a través de Liconsa, filial de Conasupo, a bajo precio a las familias pobres del país.

Rodríguez lo puso en conocimiento del titular de la Secretaría de Marina, Miguel Ángel Gómez Ortega, y éste al presidente Miguel de la Madrid Hurtado, para impedir la salida de bodegas de ese producto y regresarlo a su país de origen.

Así se hizo, pero después al menos una embarcación fue desviada a Tampico donde bajaron la carga y la subieron a un tren para llevarla a Monterrey, sólo que antes de llegar a la ciudad de México, ese transporte descarriló y dicho alimento quedó regado, aunque hubo “robo hormiga” y, sin saberlo, muchas personas consumieron esa leche contaminada.

El mayor riesgo, sin embargo, pudo evitarse, gracias al hallazgo del finado almirante veracruzano. Valdovinos, que formó parte de esta historia, aún vive, lo mismo que Bernardo Salas Mar, otro físico-matemático que también trabajaba en LV y ahora es académico de la UNAM, quienes siguen insistiendo en el riesgo de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde para los habitantes de la zona circundante donde se encuentra instalada, Xalapa y el puerto de Veracruz incluidos, por las deficientes medidas de seguridad en esa central.

En infinidad de ocasiones, ambos han alertado de “scrams” o paros automáticos que ocurren cuando se activan los sensores que detectan fallas, que han documentado.

Sólo para CFE y el gobierno es segura esa planta, pero la duda existe, no solamente por los dichos de Valdovinos y Salas, sino por muchos otros testimonios de familiares de trabajadores que han resultado afectados por la exposición a radiaciones.

Aún más, si por su escaso mantenimiento ocurren accidentes en refinerías de la zona sur del estado y en plataformas petroleras en el Golfo de México, que han dejado víctimas, en la PNLV un accidente tendría una fatalidad mayor.

En Ucrania, país donde funcionaba hace 36 años la planta nuclear que explotó, según la Organización Mundial de la Salud pudo alcanzar a 90 mil víctimas. Desde el accidente, ese lugar se convirtió en zona de exclusión, sin habitantes y miles de animales domésticos sacrificados.

Sigue ese lugar contaminado. Ese desastre jamás debe ocurrir en ninguna parte del mundo, menos en Veracruz, donde las autoridades municipales tendrían que ser las primeras en exigir garantías de seguridad para los habitantes. Vaya, ni hay refugios en buen estado.

Te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Para comentar o responder debes 

o

Notas
Relacionadas