Argentina |12 febrero, 2020

desafío | El desafío vegano del Guasón y por qué sería un verdadero problema para la Argentina

El alegato de Joaquin Phoenix en los Premios Oscar es un serio llamado de atención para el eje económico argentino.

Trato de no enredarme en nuestras propias tribulaciones, que son muchas y bien conocidas. Pero más allá suceden cosas. Algunas malas, que nos desafían. Y otras buenas, que abren la puerta a las oportunidades. Veamos.

El que nos desafió fiero fue este muchacho Joaquin Phoenix, que el domingo a la noche recibió el Oscar por su papel de Guasón. Lo mío no es el cine, así que me ahorro la opinión sobre la película y su actuación. Sería irrelevante.

Pero sí me animo a discutirle al bueno de Joaquín su alegato al recoger la famosa estatuilla. Aprovechó el micrófono para lanzar una fuerte proclama anti producción ganadera, plagada de efectismo y golpes bajos. Una nueva andanada que nos pone en alerta, porque la principal fuente de ingresos genuinos y competitivos de la Argentina está estrechamente ligada con la actividad pecuaria en todas sus expresiones.

Phoenix apeló a muletillas pueriles, pero que despiertan emociones fáciles. Exhibió sus dotes actorales al casi quebrarse de emoción fingida cuando habló de la vaca lechera, violada por un tambero que la insemina para dejarla preñada. Y cuando nace “su bebé”, el violador se lo quita y los separa. Pero qué mal tipo el tambero. Un villano expuesto en el atril de Hollywood, ante la mirada de millones de telespectadores en todo el mundo.

No hay mejor forma de mentir que decir la verdad a medias. Joaquín debe saber que la vaca lechera ha sido desarrollada para producir leche, un alimento que ha nutrido a la humanidad desde el origen de la civilización. El desarrollo tecnológico derivó en un crecimiento exponencial de la capacidad de producción. La vaca produce diez veces más, por día, de lo que necesita el ternero. El ternero no puede tomar más leche porque se empacharía. Por eso se los separa, después que el ternero mama el calostro y se lo deriva a una nurserie donde se lo cría con todos los cuidados. Y la madre va a ordeñarse. Ahora, con la llegada del ordeño automático, va solita cuando quiere a un box donde un brazo le limpia la ubre, le coloca las pezoneras y le succiona suavemente la leche. Tres o cuatro veces por día, y repito: cuando quiere.

Por supuesto, están quienes en nombre de los derechos del animal cuestionan este desarrollo. La tecnofobia es uno de los síndromes de afectan hoy a la humanidad. Por mi parte, le agradezco a la vaca y a los científicos el esfuerzo conjunto por su aporte a la humanidad.

Un rato después de su discurso, aparecía el actor junto a su novia degustando una hamburguesa vegana. Otra vuelta de tuerca. Ya teníamos a Greta, ahora tenemos a Joaquín con su estatuilla.

¿Por qué todo esto es un desafío mayor? No solo porque la Argentina es un país con fuerte tradición ganadera, lo que incluye también la lechería. Todo esto es un serio llamado de atención, y habrá que poner mucho cuidado en la imagen que “vendemos” de nuestra ganadería. El bienestar animal será un reclamo creciente y cada vez más normatizado. Es probable que en el futuro haya que certificarlo, así como la cuestión de las emisiones de gases de efecto invernadero, algo que pone muy nerviosos a los ganaderos.

Pero las consecuencias de lo que está ocurriendo van más allá. Es que además de nuestras praderas y corrales de engorde, la vocación natural de estas pampas es producir alimento para el ganado. Dos tercios de la producción de granos tiene destino forrajero: de las 150 millones de toneladas, 55 son de soja y 45 de maíz.

La soja tiene dos componentes: la harina de alto contenido proteico, que es la principal fuente de aminoácidos de las raciones que consume todo bicho que camina y va a parar al asador. Es el 80% del poroto. El otro componente es el aceite, cuya demanda crece a la par de la demanda de carnes. Pollo frito, milanesa frita, huevo frito. Y todos salen con fritas. En los McDonalds y los Kentucky Fried Chicken.

Y el maíz aporta la fuente de energía de las mismas raciones. Además están los subproductos de otros procesos industriales de los granos. Por ejemplo, el gluten feed, que es el co-producto de la elaboración de jarabe de fructosa, el edulcorante que sustituyó al azúcar en las bebidas carbonatadas y mermeladas. O la burlanda, que queda luego de fermentar el maíz para obtener bioetanol, el sustituto de la nafta. En el caso del trigo, cuando se obtiene la harina queda el afrechillo, que también va a alimentación animal.

El girasol también se destina tanto a la fritanga como a la alimentación animal (torta de alta proteína). Hasta el algodón (la semilla) y el “arrocin” (subproducto del molino arrocero).

Entonces, un mundo vegano sería un verdadero problema para la Argentina. No es que vamos a quedarnos sin compradores de carnes. Se complicaría todo.

¿Hay alternativas? No, sobraría mucha tierra. Ayer fue el día de las legumbres, que son fuente de proteínas vegetales y en consecuencia la forma más sencilla de suplir la demanda de aminoácidos. La Argentina viene avanzando muy bien en este rubro, pero un mundo vegano requeriría mucha menos superficie y con productos mucho más baratos que las carnes.

La buena noticia es que estos procesos tienen su contrapartida. Mientras en Occidente avanza el movimiento vegano, en las sociedades más populosas la transición dietaria va en sentido contrario. Hay una relación entre ingresos y consumo de proteínas cárnicas (también lácteos), lo que se expresa en la fuerte demanda china. Ahora está rateando el motor, por la cuestión del coronavirus y su impacto en el crecimiento económico.

Los exportadores de carnes de todo el mundo, y por supuesto también de la Argentina, están sintiendo el freno de mano impuesto por los importadores chinos. Miles de contenedores están sin embarcar, a la espera de que se aclaren los tantos. Pero todos saben que es un fenómeno pasajero y que más pronto que tarde se retomará el ritmo de los últimos meses del año pasado.

Estamos viviendo una transición. Hay tendencias que se cruzan. Hagan juego, señores.

Ah, me gustó mucho más el Guasón de Jack Nicholson en Batman. Ese no hablaba de gusto.

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1 Comentario

  • Tiene toda la razón Phoenix, que tal sí el autor de este artículo en vez de difamar lo indifamable se pone a hacer una industria adaptada a los movimientos actuales, no lo sé a lo mejor así esté mejor argentina que como lo está ahora.

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