En las últimas semanas se han recibido consultas por situaciones donde los niveles productivos al inicio de la lactancia para las vacas paridas en este otoño no vienen siendo los esperados, alertó el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
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Las favorables expectativas se basaban en el buen estado corporal que traían los animales y el efecto “residual” de una buena alimentación recibida el año pasado. Además, se han constatado casos de bajos niveles de lactosa y/o niveles de nitrógeno ureico en leche. Este problema se ha verificado por consultas de productores, preocupados por la situación y en intercambio mantenido con zonales de Conaprole.

En ese contexto, el INIA brindó algunas ideas para identificar las causas de este problema aparente y sugerir algunas medidas de manejo para revertirlo.

 

El problema posiblemente sea el consumo
Las vacas estaban con buen estado corporal en general, venían con un “efecto residual” de una buena alimentación del año pasado, no hay problemas de barro, así que la baja producción, dejando de lado ocasionales episodios de estrés calórico en marzo e inicios de abril, se asociaría a un bajo consumo. Niveles de lactosa menores que 4,70% serían, en efecto, indicativas de un bajo aporte de energía. Niveles de nitrógeno ureico menores a 14 mg/dL también sugerirían un consumo de proteína menor al esperado.

 

¿Cuál es la causa?
A los efectos que sistemáticamente ocurren en otoño, en este en particular se agregarían algunos efectos coyunturales que podrían contribuir a explicar el menor consumo de los animales:

 

Efecto estacional: hay un efecto que es estructural, donde según datos del Proyecto de Producción Competitiva de Conaprole, o relevamientos realizados en el marco de la Red Tecnológica Sectorial, el otoño es de los momentos del año donde las vacas comen menos materia seca total. Hay que recordar que verdeos como las avenas habitualmente pueden tener contenidos de materia muy bajos (<15%).

 

Efecto del verano sobre la calidad de las pasturas: las lluvias de fin de enero llevaron a un crecimiento muy importante del pasto. Es posible que, sin un manejo ajustado, parte de las praderas se hayan “pasado” con la consiguiente pérdida de calidad, un efecto que se estarían arrastrando hasta hoy. Este mismo efecto se estaría sintiendo en las últimas semanas, donde la inusual combinación de altas temperaturas y suficiente humedad en abril habría afectado la calidad de las pasturas. Como agravante, la ocurrencia de lagartas y otras plagas en febrero y marzo pudo haber reducido la calidad y/o disponibilidad de las praderas.

 

Efecto calidad de las reservas: es posible que las reservas confeccionadas en este verano, y que ya se estén usando, tengan una calidad inferior a lo habitual o a lo que indican los valores de tabla: en el caso de los maíces de primera fueron en general ensilados con poco grano por la sequía de primavera, mientras que las pasturas reservadas en enero y febrero “heredarían” los problemas de calidad de las pasturas, por los motivos ya mencionados.

 

3) ¿Qué se puede hacer? Si bien la situación particular de cada tambo es distinta y puede exigir intervenciones específicas a definir entre el productor y su asesor técnico, existen algunas recomendaciones generales que podrían ser válidas para tambos que estén experimentando la problemática descrita.

 

Ajustar manejo de pastoreo

Priorice pastorear potreros con:

Buen disponible de entrada (no menos de 20 cm u 800 kg de MS/ha aprovechables arriba de 5 cm).
Estado fenológico ideal: 2-3 hojas en festuca, 3-4 en dactylis, 10-12 nudos en alfalfa.
“Saltear” y cerrar para reservas u otras categorías de ganado aquellos potreros “pasados, que no cumplen con el punto anterior.

b) Maximizar calidad del suplemento: vacas recién paridas tienen la mayor respuesta a la suplementación; 1 litro más que saquemos al pico de producción por mejorar la alimentación redunda en 150-200 lts más en toda la lactancia.

¿Cuánto suplementar?

La primera decisión es estimar cuánto pasto se puede ofrecer a cada vaca diariamente, y recién en segundo lugar estimar por diferencia con el consumo objetivo (3,5-4% del peso vivo para vacas con alto potencial), la cantidad total de suplementos (reservas y concentrados) que deberíamos suministrar. Para vacas en lactancia temprana, las dietas deberían tener entre 17-18% de proteína cruda, 1,6-1,7 Mcal ENL/kg de materia seca, 20-25% de almidón, y no menos de 28-30% de FDN.

Hay que recordar que la respuesta posparto dependerá de un buen manejo preparto: en este sentido, es necesario formular dietas que aporten 12% de proteína cruda si se trata de vacas adultas, 15% si son vaquillonas, o 15% si se manejan todos los animales juntos.

 

Reservas forrajeras

La calidad de las reservas es muy variable, por lo que conocer el contenido de materia seca y la composición química es relevante para saber qué nutrientes están faltando, y qué es lo que vamos a tener que complementar con el concentrado.

 

Concentrado

Incluir concentrados con buen aporte de energía y almidón (ej. grano de cereales), pero también proteína verdadera (eg. harinas de oleaginosas) si hay poco pasto y mucha reserva de calidad “baja” (<12% de proteína cruda y > 55% de FDN).

En esta última situación considerar la adición de alguna fuente de nitrógeno no proteico a la dieta, como urea. Las respuestas directas al concentrado en lactancia temprana pueden ser de 1 litro extra de leche/kg concentrado, y entre 0,5-1 L extra/kg concentrado por efecto residual (dependiendo de cuán subnutrida estaba la vaca).

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