Coordinado por el Inta Brinkmann, comenzó a desarrollarse un proyecto que involucra a agencias de extensión de Córdoba, Santa Fe y Santiago del Estero. El objetivo: mejorar la eficiencia y evitar el cierre de tambos de menos de 2.500 litros diarios.
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Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla) actualizados a mayo pasado, los tambos que producen hasta 3.000 litros diarios representan el 71,6 por ciento del total de establecimientos lecheros que existen en Argentina, pero acumulan solo el 33,6 por ciento de la producción.

Estos porcentajes son inferiores a los de mayo de 2020, cuando eran del 72,8 por ciento y 34,8 por ciento; y la comparación cae aún más contra dos años atrás, cuando las proporciones eran del 76,9 por ciento y 39,6 por ciento.

Cifras elocuentes que muestran una realidad inocultable: el achique que viene sufriendo la lechería, en relación a la cantidad de productores en actividad, tiene sus principales víctimas en los tamberos más pequeños.

Con el fin de frenar esta sangría, siete Agencias de Extensión Rural (AER) del Inta ubicadas en Córdoba (Brinkmann), Santa Fe (Rafaela, Esperanza, Carlos Pellegrini, San Cristóbal y Ceres) y Santiago del Estero (Malbrán), comenzaron a trabajar en el proyecto “Desarrollo sostenible de productores de leche bovina de baja escala en la cuenca lechera central argentina”.

La iniciativa, que tiene un plazo de ejecución de dos años, es coordinada por la AER de Brinkmann y tiene como objetivo relevar las condiciones productivas actuales de establecimientos que tengan hasta 120 vacas y una producción diaria de hasta 2.500 litros de leche.

Y a partir de ese diagnóstico, elaborar recomendaciones de manejo con el fin de mejorar la eficiencia productiva y evitar que sigan desapareciendo productores pequeños.

La población objetivo es de unos 1.700 tambos que representan el 60 por ciento de la producción de leche del nordeste de Córdoba, centro-norte de Santa Fe y sudeste de Santiago del Estero, la región que constituye la mayor cuenta lechera de Sudamérica. De ese total, 224 establecimientos están en el departamento San Justo.

ARRAIGO Y DESARROLLO

Un informe elaborado por el Movimiento Crea asegura que en esta zona la actividad tambera es la principal dinamizadora de la economía, ya que el 88 por ciento de los gastos en que incurren los productores son realizados en las comunidades en que llevan a cabo su actividad.

Por eso, “el objetivo principal del proyecto es acompañar a estas explotaciones en su proceso de fortalecimiento para asegurar su continuidad en la actividad, ya que la producción lechera es central para el dinamismo y desarrollo de la economía regional”, resume Raúl Druetta, jefe de la AER Brinkmann.

“Son productores arraigados, que generan los cheques que todos los meses dan vuelta por los comercios del pueblo, porque no tienen escala para comprar una silobolsa y acopiar 1.200 toneladas de maíz”, agrega Marcela Leiva, investigadora de la misma agencia.

En la práctica, el proyecto cuenta con la participación de 17 profesionales extensionistas que trabajarán con una muestra de un mínimo de cinco explotaciones por agencia. El requisito, más allá de su tamaño, es que sean productores que estén realmente convencidos de continuar en la actividad y dispuestos a aplicar un plan de mejoras.

Sobre este punto, hay un factor clave: de acuerdo con la Encuesta Sectorial Lechera 2018-19, los tambos de hasta 2.300 litros diarios están encabezados por productores de una edad promedio de 56 años. Por eso, otro requisito es que tenga un potencial de sucesores a largo plazo.

“La idea es trabajar la sustentabilidad integral del sistema, no solo lo productivo, y si hay un hijo, prepararlo también para cuando le toque hacerse cargo”, afirma Leiva.

Según los datos preliminares con que cuentan en el Inta, la eficiencia global promedio de los tambos de baja escala es de apenas el 45 por ciento. Es decir, solo obtienen la mitad de los recursos que podrían generar si mejoraran la alimentación de los animales o llevaran indicadores reproductivos para acercarse al máximo potencial de ordeñe diario.

La principal falencia es la alimentación. “Tienen baja carga por hectárea y baja producción de pasturas, y también mala suplementación, lo que deriva en una baja producción individual”, enumera Druetta. En promedio son tambos que extraen unos 19 litros por día por vaca, “cuando ya por debajo de los 20 litros se empieza a estar en rojo”, añade.

Otro aspecto clave es el reproductivo: “Muchos productores no hacen un seguimiento con tactos continuos realizados por un veterinario, entonces pierden celos o la posibilidad de ganar meses para mejorar la preñez y acortar ciclos”, remarca. “Tampoco llevan registros y no quitan del sistema los animales que ya no son productivos”, completa Leiva.

Para Druetta, un aspecto clave a entender es que existen numerosos tambos pequeños que sí son eficientes y que, por ello, es solo una cuestión de “cambiar la cabeza y entender que con poco se puede mejorar mucho”.

“Un tambo chico, con tecnología media o tradicional, lo mismo puede seguir adelante. Lo que queremos va más allá de las recomendaciones técnicas de manejo: que piensen como empresarios y no solo como una actividad de subsistencia”, concluye.

Contacto. Los productores y productoras interesados en participar del proyecto pueden comunicarse al 3572 528728 o dirigirse a alguna de las Agencias de Extensión mencionadas, más cercanas a sus domicilios.

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