"Al final, estas situaciones muestran lo mejor de cada uno de nosotros pero tristemente también la pequeñez humana de quienes presumen de gigantes"
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Juan Samuelle

Los uruguayos enfrentamos hoy y enfrentaremos por un tiempo más, que nadie sabe cuánto será, una de las más profundas crisis que como país hemos vivido. Nuestro punto de partida tenía algunas fortalezas, pero también muchas debilidades que condicionan seriamente la capacidad de respuesta a la grave situación sanitaria de hoy, pero económica y social desde hoy hasta un tiempo incierto. Si bien, como decíamos, arrastrábamos graves problemas de déficit fiscal, endeudamiento externo, baja de la actividad con el consiguiente desempleo, el núcleo central de la crisis viene del exterior, de la región y del mundo entero; no se salva nadie por rico y poderoso que sea.
En este contexto parece que muchos de mis compatriotas no comprenden la gravedad, la profundidad, la dimensión de la batalla que enfrentamos. Eso es comprensible en el ciudadano común que necesita la seguridad del sustento diario, la vivienda, la salud, etcétera. No es tan comprensible cuando se trata de dirigentes políticos, sindicales o de organizaciones sociales que se plantean participar activamente de la vida del país.
No se necesita ser un iluminado para darse cuenta que es probable que el déficit fiscal trepe al 10%, que la inflación supere a su vez el 10%, que el desempleo suba a más del 15%-20%, y eso en el contexto de una altísima incertidumbre acerca del comportamiento de los mercados a los que dirigimos nuestras exportaciones.
Todos lo que piensan sinceramente en un futuro mejor para el Uruguay, coinciden que el gobierno está dando pasos en la dirección correcta, en medio de una tormenta casi perfecta y con muy pocas herramientas disponibles.
En este marco aparecen quiénes pretenden capitalizar los naturales descontentos, los que no entienden que no sólo es necesario, es imprescindible que seamos solidarios aportando lo que tengamos, aunque racionalmente la economía de nuestras empresas no nos lo aconseje. El sector agropecuario, como sector, ha posibilitado que el Fondo Coronavirus cuente con US$ 100 millones más. Algunos, en una discusión que el docto Leonardo Costa calificó como “de verano”, cuestionan el formato del aporte sin decir si está bien o mal, parece preocuparles más si se lo adjudican a los “oligarcas o terratenientes” que si va a generar un importante impacto cubriendo aproximadamente el 25% de las necesidades del fondo (estimadas). Otros, y esos son los que más me duelen, critican a la gremiales rurales por disponer de un dinero que “no les pertenece”. Parece poco menos que increíble que en una situación donde miles de uruguayos se quedan sin trabajo, donde miles tienen que recurrir a la solidaridad social para alimentarse, para darle de comer a sus hijos, estemos mirando la pequeñez de nuestro mundillo, tratando de sacar ventajas demagógicamente.
Los tamberos estamos muy complicados, no es de ahora y hemos peleado muchas batallas para mejorar nuestra situación. No hemos ganado mucho, pero cuando las cosa se ponen difíciles, como ahora, sabemos que tenemos que preservar las herramientas que nos servirán para rápidamente recuperar terreno cuando los tiempos cambien. Tenemos que cuidar la familia por sobre todo, pero también tenemos que cuidar las vacas para que no se nos caigan, sembrar, trabajar, trabajar.
También tenemos que cuidar la cooperativa, aunque no siempre compartamos las decisiones de su directorio; si dejamos caer a Conaprole no tendremos la principal herramienta que necesitamos para el desarrollo del sector. Por suerte, aunque algunos estén mal informados, en esta crisis se ha llegado a un acuerdo con el personal que posibilitó que, sin cerrar ninguna planta y mandando personal seguro de paro, se mantuviera la actividad en forma casi normal cumpliéndose con el abastecimiento del mercado interno y las exportaciones.
Es fácil desde afuera opinar, pero no creo que sea sencillo operar una empresa del volumen de Conaprole en este mar de incertidumbres y cumpliendo todos y cada uno de los compromisos asumidos.
Al final, estas situaciones muestran lo mejor de cada uno de nosotros pero tristemente también la pequeñez humana de quienes presumen de gigantes.
(*): Productor de leche

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