La pandemia de coronavirus, los desastres climáticos cada vez más frecuentes y una guerra casi en el corazón de Europa son algunos de los factores que están determinando un proceso inflacionario inédito a nivel internacional.
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En especial en el terreno de las materias primas y más específicamente aquellas que proveen o impactan en la industria de los alimentos.

Según la FAO, “el índice de precios de los alimentos se situó en marzo de 2022 en un promedio de 159,3 puntos, es decir, 17,9 puntos (12,6 %) más que en febrero del año pasado”. Es el salto más fuerte que ha tenido este índice desde su creación en 1990.

“Para nosotros, lo que está ocurriendo va más allá de la inflación de insumos y se relaciona con una nueva configuración de la matriz productiva del mundo. En el caso de la industria alimenticia, en particular, es la tormenta perfecta: al aumento del precio de commodities como los cereales, los lácteos, la carne y el azúcar, se suma la crisis de la logística con la insuficiencia de fletes y la cuestión climática con la alternancia entre sequías y/o incendios e inundaciones en zonas estratégicas para la producción de ciertas materias primas”, explica Alejandro Pablo Axelrud, director de Administración y Finanzas para Argentina, Uruguay y Paraguay de Puratos, grupo internacional belga que provee materias primas y productos al mundo de la panadería, la pastelería y el chocolate.

La harina, por ejemplo, materia prima clave para la industria de los panificados en la que Puratos es un player líder, aumentó un 85% desde la última semana de febrero a hoy.

Las grasas vegetales, uno de los principales insumos para los baños de repostería, subieron 91% en dólares. Pero también el azúcar, con casi 7% de aumento en marzo y los lácteos, con 2,6% y una suba interanual de 23,6 % en relación a marzo de 2021, impactaron en el producto estrella de la filial local de Puratos, el baño de repostería Carat, del que la compañía vende 1700 toneladas anuales solo en la Argentina.

La situación con los fletes, en tanto, es compleja a escala global pero en particular para América del Sur. En el contexto de la pandemia, mermó significativamente el volumen de containers mediante los cuales el gigante asiático traía ciertos productos básicos y se llevaba soja y daba marco a una densidad logística que ya no es tal.

“Hoy por hoy no están llegando barcos en la cantidad que llegaban antes; por ejemplo, en estos momentos agendar un flete para República Dominica, donde hemos empezado a vender recientemente, nos puede tardar hasta 40 días”, explica Axelrud.

La situación se agrava con la sequía que asola a vastas zonas del sudeste asiático. “De esas regiones proviene, por ejemplo, la grasa vegetal, clave para los baños de repostería”, suma Axelrud y asegura: “Son todos factores que hacen que los alimentos de primera necesidad estén todos más caros”.

Según un editorial del Financial Times, aunque el costo de las materias primas sólo representa una parte del precio total que se paga por los productos en el supermercado o en los restaurantes, es “probable que un incremento sustancial de los costos se traslade a los consumidores”.

El artículo señala, además, que la suba de los precios de los alimentos se ha convertido en una preocupación política en algunos países en desarrollo pero también en las economías desarrolladas.

Estados Unidos y Europa están teniendo una inflación de dos dígitos por primera vez en décadas.

Según Axelrud, existe una inflación contenida “pero no se trata de la típica inflación local a la que lamentablemente estamos tan acostumbrados, sino que es un fenómeno que viene desde afuera, donde lo que se observa es que los insumos en dólares están empezando a crecer en forma acelerada”.

Por supuesto que esa inflación importada del exterior se está comenzando a traducir en una inflación adicional para la Argentina, que se suma y potencia la local.

El índice de precios al consumidor registró un incremento de 6,7 % en marzo pasado, informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). De esta manera, la inflación minorista acumuló una suba del 16,1% en el primer bimestre del año y del 55,1% en los últimos doce meses.

Pero lo que preocupó más fue el aumento en el precio de los alimentos. Según el Indec, Alimentos y bebidas no alcohólicas fue otra vez uno de los indicadores de mayor suba del mes a nivel nacional, con un incremento de 7,2%.

En este escenario, las estrategias de las empresas toman una relevancia mayor. “Es clave tener un pricing responsable”, afirma Axelrud.

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