Lo asegura Ercole Felippa, titular del Centro de la Industria Lechera. La tendencia apunta hacia establecimientos más tecnificados, con robotización y ordeño voluntario. “Con un shock de confianza, la lechería argentina no tiene techo”, afirma.
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NIVEL DE ACTIVIDAD. La producción nacional de leche se sigue concentrada en menor cantidad de tambos, aunque aseguran que la tasa de cierre de establecimientos es menor que en otros países. (La Voz)

Por encima de las contingencias de una coyuntura plagada de cisnes negros y amenazas, el presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Ercole Felippa, considera que “con un shock de confianza, la lechería no tiene techo” para su crecimiento en el país.

Durante una entrevista con Agrovoz, el cordobés residente en Freyre donde es presidente de la cooperativa láctea Manfrey, habla de un “cambio de paradigmas” en los sistemas productivos. Un carril en el que ha ingresado esta misma organización de tamberos: tiene en construcción un tambo cooperativo, el primero de cuatro módulos, totalmente automatizado.

“Es un cambio de paradigma; con el ordeñe voluntario, la vaca decide cuándo quiere ordeñarse; un sistema de collares y un lector electrónico notifica todos los eventos del animal, se genera una cantidad de información que permite actuar sobre la alimentación, la parte reproductiva y otras variables. Todo conduce a que, con la misma cantidad de materia seca, el nivel de conversión en leche aumente considerablemente”, describe Felippa.

En su análisis del escenario de largo plazo, menciona que si se observa el cierre de tambos en el mundo, en la Argentina ese indicador en los últimos tres a cuatro años se ubicó en el 1,5 por ciento anual, cuando hay países que tienen el seis o el siete por ciento (cierran seis a siete de cada 100 establecimientos).

CONCENTRACIÓN

“Cuando vemos la composición de nuestros tambos, si bien es cierto que están cada vez más concentrados, sigue habiendo cuencas importantes de tambos pequeños, que producen con muy bajo costo”, agrega.

En su diagnóstico, el titular del CIL admite que es una actividad que tiende a concentrarse, que requiere de previsibilidad, y que a la vez es un sector muy competitivo, con potencial de crecimiento.

Ese potencial se ve alimentado por una demanda global que crece a mayor velocidad que la curva de producción. “Quienes estamos en condiciones de abastecer esa mayor demanda, somos los países o regiones que podemos producir leche barata, a bajo costo, muy pocos en el mundo: Oceanía, que ya prácticamente está en el techo, y el hemisferio sur: Uruguay, Argentina, el sur de Brasil”.

En estas regiones, como el caso de Brasil, la producción viene creciendo, con menos cantidad de tambos.

En el cuadro mundial, la Argentina está noveno, detrás de otros grandes productores entre los que se cuentan la Unión Europea, Estados Unidos, India, China, Rusia, Brasil, Nueva Zelanda y México.

INCORPORACIÓN DE TECNOLOGÍA

En el plano local, Felippa destaca el buen nivel de actividad de los proveedores de equipamiento para tambos: se están construyendo muchos galpones y establos, “lo cual muestra que hay gente que sigue apostando en este rubro, con la aplicación de tecnología de punta”, sostiene el industrial.

La competencia por la tierra desde el sistema agrícola plantea todo un desafío; aun con esa restricción, la producción primaria de leche en el país registró mejoras en el inicio de esta década, con un escenario de firmeza de los precios internacionales.

En 2021, Argentina exportó cerca del 30 por ciento de su producción láctea, por un monto de 1.300 millones de dólares. En marzo pasado, el valor internacional de la leche en polvo se ubicó en los 4.700 dólares la tonelada.

A diferencia de otras commodities, el comercio exterior de lácteos es relativamente pequeño respecto de lo que se produce y consume dentro de cada país. Entonces, cualquier pequeña variación en la producción, ya sea para arriba o para abajo, tiene un fuerte impacto en el mercado global.

Como consecuencia del aumento en el precio de los granos, el nivel de suplementación en los tambos decreció.

Esa menor producción y una demanda firme en particular de China, hizo que los precios se vayan reafirmando. En el caso de Argentina, una estacionalidad “mucho más marcada” por las altas temperaturas y la sequía de enero, también afectó la producción en el arranque de este año.

EXPORTADORES AFECTADOS POR RUSIA

La guerra de Rusia-Ucrania es otro factor de suba para los granos, que tienen un impacto directo en la composición del costo de las raciones en el tambo. Al mismo tiempo, por el lado de la soja, los precios más altos también alteran la referencia para la fijación de los arrendamientos.

Por el lado de los exportadores, en 2021 Rusia fue el tercer destino de los embarques de lácteos. Felippa describe estos contratiempos y cómo afectan a empresas cordobesas: “Tenemos un volumen importante de mercadería que ya llegó a Rusia, pero que debido a las sanciones de los países de occidente al sistema bancario ruso, no se pueden pagar y girar las divisas”.

A la vez, hay mercadería en tránsito que debe ser redireccionada hacia otros destinos y también un volumen importante, especialmente de quesos, que está listo y envasado con marca rusa para ese destino y que no pudo salir del país.

“No sería raro que tengamos en poco tiempo en el mercado interno quesos nuestros con etiqueta rusa”, alerta el titular del CIL.

INTERVENCIONES Y PRECIOS CUIDADOS

La exportación de lácteos no está alcanzada por las restricciones del Gobierno, caso que, de suceder, sería “una medida nefasta para la actividad y un desincentivo muy fuerte para el productor”, advierte Felippa.

Las cámaras que agrupan a la industria (CIL, Apymel y Junta Intercooperativa) propusieron al Gobierno entregar más volumen para el programa de precios cuidados, equivalente en productos a más de 30 millones de litros mensuales, con un precio que cubra los costos en fábrica.

Esto, a cambio de un compromiso de deslistar algunos productos y no intervenir en el mercado exportador.

Según el titular del CIL, el mercado interno estuvo siempre bien abastecido, con un nivel de consumo que no ha caído (hubo un traslado de primeras a segundas marcas). Y, en el último año, los precios mayoristas en salida de fábrica aumentaron un 18,5 por ciento menos que los precios al consumidor.

DÉFICIT DE ENERGÍA CUANDO LAS VACAS DAN MÁS LECHE

Debido al calor y la sequía, la producción de leche en enero se contrajo muy fuerte (un cuatro por ciento). No obstante, según el Centro de la Industria Lechera (CIL), ya comenzó la recuperación: la perspectiva para este 2022 es que los volúmenes se mantendrán en los mismos niveles del año anterior, cuando el crecimiento fue del cuatro por ciento, o incluso tendrán una leve mejora.

El déficit energético representa un problema para la industria láctea, que no puede adelantar ni diferir sus procesos. Manfrey, por ejemplo, utiliza tres combustibles: gas natural, gas licuado y fueloil. “Si no hubiese energía, tenemos generadores propios, que no alcanzan para hacer funcionar el 100% de la planta”, explica Ercole Felippa.

La producción a nivel de tambos ya atravesó su ciclo de mínima y ahora empieza a aumentar. “Nos vamos a encontrar con más leche y con dificultades en el suministro de energía”, señala el titular del Centro de la Industria Lechera.

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