Es el alimento que más se encareció desde diciembre de 2019 y se está convirtiendo en un lujo. Las subas de la canasta alimentaria alejan a los productos básicos de las posibilidades del bolsillo.
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Los supermercados deben identificar con un cartel cuál es la marca y presentación con el precio más bajo de su categoría Shutterstock - Shutterstock

Entre diciembre de 2019 y hoy, en menos de dos años, la carne se encareció más de un 200 por ciento. Si bien todos los alimentos y los bienes de consumo registraron subas que los siguen alejando de la realidad del salario, este producto se está convirtiendo casi en un lujo en la mesa argentina que hasta hace poco se caracterizaba por la abundancia de este tipo de proteína.

A fines de 2019 el kilo de matambre de novillo costaba 242 pesos, pero ahora está a 799, cerca de un 230 por ciento más. Este corte triplicó su valor de acuerdo a un relevamiento de El Tribuno en supermercados de Salta. La tapa de asado tenía un precio de 259 pesos y ahora llega a 859, es decir, un 231 por ciento más. El kilo de novillo tuvo una suba aún más pronunciada. Costaba 177 pesos y ahora ronda los 700 o un 295 por ciento más.

En este escenario, el pollo es una opción que parece haber quedado algo más cercana a las posibilidades del bolsillo pese a que subió cerca de un 125 por ciento en este tiempo. Un kilo se conseguía a 79 pesos en los últimos días de 2019 y ahora está a 179 en las góndolas de Salta.

En cuanto a la leche, siguió un rumbo parecido al de la carne vacuna. Una caja de un litro de primera marca y larga vida costaba 39,90 pesos y actualmente se paga 130, un 233 por ciento más.

Un kilo de queso cremoso de una marca que valía 260 pesos hace dos años ahora se ofrece a unos 499 pesos, una suba superior al 90 por ciento. El kilo de queso en barra tenía un precio de 380 pesos y ahora cuesta casi el doble, unos 759 pesos.

El pan es el alimento al que se recurre para “completar” las comidas ante las subas generalizadas de la canasta. En estos casi dos años, si bien siguió la tendencia inflacionaria de las góndolas, no está entre las cosas que más subieron. Un kilo de mignón pasó de 110 a 165 pesos, un 50 por ciento más. Las tortillas que ahora están a 10 pesos, antes se pagaban 7, un 42 por ciento menos. Las facturas tuvieron un encarecimiento del 133 por ciento: pasaron de 15 a 35 pesos.

En 2019 el kilo de arroz Marolio tenía un precio de 39,90 pesos y ahora se ubica en 101, un 154 por ciento más. El paquete de fideos de una de las primeras marcas, ya sean largos o tipo guiseros, desde 2019 duplicaron su valor y un poco más. Salían 29,90 pesos y ahora no bajan de salen $61,90.

El aceite, un producto del que a veces hay faltantes, se marcaba a 92 pesos en el caso el litro y medio de marca Vicentín. Hoy el litro y medio de aceite Alsamar cuesta 218,33 pesos, casi 140 por ciento más.

Las subas imparables obligan a los salteños a buscar estrategias a la hora de servir la mesa. Luciana Soria, de 26 años, es madre de una adolescente de 13 y contó que optó por administrarse con sus tarjetas de crédito. “Tengo una para hacer las compras del supermercado y le puse límite porque sé que no puedo gastar más de lo que gano”, contó.

Luciana es enfermera particular y su esposo, Roberto, trabajador en la construcción. Viven en la zona sur de la ciudad. “Nosotros solamente tenemos el ingreso de nuestros trabajos y hay meses en los que se trabaja bien y otros que no”, expresó.

La profesional de la salud añadió que cuando hay un poco más de ingresos, ahorra para luego saldar las cuentas de las tarjetas, que son la herramienta con la que se maneja para las compras del hogar. “No estamos tan mal, pero tampoco bien. Lamentablemente, Argentina siempre vivió y vive en crisis y ya nos acostumbramos a eso”, finalizó.

Rosa Flores tiene 50 años y es empleada doméstica. Su esposo es electricista y plomero. Viven en la zona sudeste de Salta capital. “Lamentablemente, uno puede hacer cada vez menos cosas. Hace mucho tiempo que nosotros no compramos ropa, por ejemplo. Lo que ganamos es para la carne, verduras, algo de frutas y los servicios de la casa”, manifestó Rosa. “Mi sueldo apenas me alcanza y el de mi marido es muy variable porque depende de los trabajos que tome temporalmente”, dijo.

En diciembre de 2019 el litro de nafta súper costaba $59,74, ahora cuesta $97,7, un 63 por ciento más cara. La Infinia valía $67,09 ese año y ahora vale $112,5. En tanto, la Infinia Diesel hace dos años costaba $63,79 y actualmente $106,8. La Diesel 500 tenía un precio de $55,69 y ahora 90,6. El GNC en 2019 costaba $25,53, pero ahora cuesta $533.
En cuanto a la indumentaria y calzado, hace dos años una campera rondaba los 1.800 y 2.000 pesos y las zapatillas entre $2.700 y $3.600, pero ahora las camperas rondan los 5.000 a 6.000 pesos y las zapatillas rondan los 7.000 pesos en adelante.

Las subas reales que impactan en el presupuesto familiar superan ampliamente los cálculos de la inflación oficial, que fue de un 36 por ciento para 2020 y de un 32, 3 por ciento en los primeros meses de 2021.

El contador y director de la consultora Finex, Álvaro Pérez, explicó que las causas de la inflación no se pueden buscar en un sector
determinado.

“Muchos van a decir que depende exclusivamente de lo concentrado que esté el sector, pero en el mundo las concentraciones son aún peores que en Argentina, en países chicos y, sin embargo, no registran inflación”, argumentó.

Y añadió: “Suponiendo que sea así, la solución sería poner más oferta de empresas y productos. Ahí podés agarrar el tema indumentaria porque de repente cuando tenés abierta la importación entran productos a un precio mejor que el de la producción local, entonces el empresario local tiene que bajar precios y ajustar costos y, obviamente, se ve con el problema de la carga impositiva”.

Recalcó que si se quiere hacer un sector eficiente y competitivo hay que bajarle los impuestos, no impedir la importación del artículo porque si no se concentra la demanda en sectores insuficientes.

En relación con las subas de los alimentos, manifestó que tienen que ver con el impacto de políticas que no dan previsibilidad. “Por otro lado, tenés una gran emisión monetaria y un déficit fiscal, una presión tributaria subiendo y controlar no está en la agenda, entonces tenés el cóctel perfecto para el aumento de precios, adicionalmente está el precio de los commodities, sin duda que ha presionado las márgenes”, señaló.

Con el combustible sucede lo mismo que con los alimentos. “En plena pandemia el petróleo bajó y, por ende, la nafta debería haber bajado pero no fue así”, dijo.

El especialista también destacó que el valor del salario está en un nivel históricamente bajo en términos de dólares. Señaló que hay ajustes implícitos como el del ingreso de las personas jubiladas que se ha actualizado muy por debajo de la inflación.

“A futuro la perspectiva no es positiva. Argentina si no hace el ajuste por las buenas, lo hace por las malas. Este es un salto inflacionario con salarios congelados y, por lo tanto, hay una caída del poder de compra”.

“Los trabajadores, seriamente afectados”

El titular del Sindicato de Empleados de Comercio, César Guerrero, expresó que desde hace mucho tiempo a esta parte la suba descontrolada de precios, por más que existan Precios Cuidados del Gobierno para una serie de artículos de primera necesidad, es una realidad.

En relación con los salarios de los trabajadores refirió que el 100% de las paritarias que se consiguen “corren por detrás de la inflación, por eso hay tantas cláusulas de revisión. En la nuestra, dos aperturas en las negociaciones. Pero si esto sigue así no hay paritaria que alcance”, recalcó.

Aseguró que todo aumento se licúa apenas se recibe. “Para el colmo los aumentos no son del 100% en el momento. Conseguís, pero la patronal lo divide en tres tramos y es imposible para cada trabajador sostener el ritmo de la inflación”, señaló.

El referente destacó que tendría que haber un control efectivo de precios para que no suban de forma indiscriminada. “Sabemos por los compañeros de los supermercados sobre la remarcación. Y cuando falta stock a la semana aparece la mercadería, pero con precios muy inflados. Alguien tiene que poner un freno”.

Indicó que el valor de los comestibles y la indumentaria son los que más se disparan porque todo el aumento que se consigue en las paritarias se vuelca a la canasta básica y la poca ropa que pueden comprar los trabajadores. “No es para dólares, plazos fijos, ni nada de eso”, resaltó.

Por su parte, el secretario Gremial del Sindicato de Empleados de Comercio de Salta, Ángel Ortiz, refirió que el inicio de la pandemia en marzo de 2020 generó que todas las paritarias de los trabajadores hayan quedado inconclusas y a eso se sumó el cierre de actividades. “Sin duda alguna los trabajadores han perdido mucho en este proceso. Ya veníamos con inflación alta. En ningún momento cedió. Han resultado seriamente afectados en su poder adquisitivo”.

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