El sector no puede permitir que el último dato del FEGA referido al precio pagado por la leche se convierta en una cortina de humo ante la situación real que atraviesa el vacuno de leche.
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Los 420 euros por tonelada que registran las estadísticas sólo responden al encarecimiento de los costes de producción y al aumento de la demanda. Llegar a los 500 euros por cada mil litros no es una cuestión especulativa por parte de los ganaderos sino una petición irrenunciable para mantener la viabilidad de las explotaciones. La subida del precio ha sido histórica en España y en todo el mundo pero eso no quiere decir que el futuro sea halagüeño.

Las ayudas de las diferentes administraciones, la subida del precio de la carne de las vacas que están yendo al matadero e, incluso, las bonificaciones en materia energética son las que, ahora mismo, están disimulando las pérdidas que, en realidad, presentan las explotaciones ganaderas. Esos tres, cuatro o cinco céntimos por litro procedentes de medidas excepcionales no serán eternos y los ganaderos quieren que se les pague por su trabajo y no que se subvencione el producto que ofrecen a la sociedad. Engañarse con ayudas, medidas excepcionales e, incluso, especulación no es la solución para un sector que produce un bien básico e irrenunciable como es la leche. Quienes tienen que, de verdad, dar solución a esta situación son las industrias lácteas que, de una vez por todas, han de repercutir los costes de producción hacia la gran distribución, el nudo gordiano de la ecuación. 

Si industrias lácteas y distribución no son capaces de resolver la ecuación será la administración la que tenga que intervenir para hacer cumplir esa Ley de la Cadena Alimentaria que ella misma ha aprobado y alentado. La intervención pública no ha de pretender marcar precios y determinar las cuentas de resultados de nadie sino que ha de evitar que se produzcan prácticas ilegales vinculadas a la competencia, a la dependencia de los monopolios y, por qué no, a la Justicia. 

El precio de la leche, en primer lugar, va a seguir subiendo porque la alimentación de los animales indudablemente va a seguir encareciéndose. El precio de la leche, en segundo lugar, va a seguir subiendo porque la demanda cada vez va a ser mayor que la oferta y en tercer lugar, va a seguir subiendo porque, si nadie lo evita, el sector desaparecerá y después será tarde para explicar a los consumidores que ya no disponen de un bien básico, barato e imprescindible para una dieta saludable como es la leche

Engañarse con el precio que hoy se paga por la leche no beneficiará ni a los ganaderos, ni a las industrias ni a la descreída distribución.

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