Cristian Chiavassa - Pellegrini, Santa Fe
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Al tambero santafesino le preocupa el sobrestock que habrá en primavera. Cree que todas las partes deben sentarse a discutir cómo afrontar lo que viene.
“El año pasado se recuperó bastante la rentabilidad a partir de una mejora en el precio de la leche, pero en Argentina es así, viene una devaluación y pasas de ganancia a pérdida de un día para el otro, como pasó después de las elecciones primarias en 2019, podés entrar en rojo en un fin de semana”, señaló el productor tambero Cristian Chiavassa, que junto a su familia (tres hermanos, su padre Carlos y su madre) llevan adelante un tambo con 1250 vacas en ordeñe promedio y 40.000 litros por día.
Están en Pellegrini, Santa Fe, donde tienen una sala de ordeñe rotativa (tambo calesita que le llaman) por la que pasan 200 vacas por hora y se procesan unos 2600 litros/hora. Unas 1000 vacas están estabuladas, confinadas en camas de compost y tienen un collar de actividad y rumia que les permite anticipar cuestiones de sanidad y seguir de cerca al animal.
El de los Chiavassa es un tambo, si se quiere, modelo. Sin embargo, cuando hay crisis golpea a todos. “Más allá de los niveles de eficiencia y que puedas vender la leche un poco mejor que otros tambos, una devaluación del 40% los golpea a todos por igual, te hace retroceder muchos casilleros, porque los insumos que compramos que están dolarizados, por más eficiente que seas es muy difícil absorber tal aumento de costos”, relató Chiavassa. Y agregó: “Se devalúa y al día siguiente la soja, el maíz, los agroquímicos, los alquileres en soja, todo vale más, menos la leche que recién empieza a subir al mes siguiente y de a poco”.
“Hacia adelante, me preocupa qué vaya a pasar en primavera porque por la pandemia probablemente los saldos exportables que tenemos no van a poder ser colocados en su totalidad, pero, además, ha bajado el consumo interno”, expuso el tambero. Y agregó: “Un camino es no hacer nada y que pase lo que pase, pero si todo se da como viene sucediendo muchos tambos van a cerrar. Otro camino es tratar -entre todos los actores de la cadena- de ver cómo articulamos esfuerzos para amortiguar esta eventual crisis que podríamos tener en primavera cuando estemos produciendo al máximo”.
Chiavassa mencionó también que no sólo la pandemia ralentizó todo el circuito lechero mundial. También hay que evaluar comportamiento del precio del petróleo ya que “muchos de los países importadores de leche en polvo son países cuya economía depende en gran parte de la exportación del petróleo, que hoy está en precios mínimos históricos, por lo que eso también seguramente afecte la demanda internacional”, opinó Chiavassa.
En el plano interno, el menor poder adquisitivo de muchos sectores va a afectar la normal demanda de leche. “Las alternativas son buscar herramientas para financiar que se elabore más leche en polvo o quesos de pasta dura para amortiguar la tensión entre la sobreoferta y la baja demanda porque la industria aún tiene capacidad de procesamiento”, dijo el tambero.
Si la leche cae a precios de quebranto, la película ya se ha visto: se mandan vacas a faena, cierran tambos, y para el próximo año va a haber menos leche. Y así.
Para Chiavassa, la ventaja es que en Argentina la industria tiene 50% de capacidad ociosa, lo que le da cintura para poder afrontar un mayor procesamiento de leche. Sin embargo, “el tema es financiero, ¿cómo se financia eso? Hay que encontrarle la vuelta, porque estos ciclos nunca son buenos, ni para el productor ni para la industria”, concluyó el tambero.

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