El sector industrial lácteo y su sector primario se encuentran en el podio como los sectores más pujantes y con mayor derrame sobre el resto de la economía, afirmó el Ec. Ignacio Munyo en su disertación de Ceres para la Sociedad de Productores de Leche de Florida (SPLF).
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No obstante, y a pesar de atravesar una muy buena zafra, la batería actual de estímulos no es suficiente para detener la sangría de productores desencantados y los esfuerzos, por otra parte, para atraer nuevos productores se encuentra reducido a una estrategia de colonización fallida y muy ineficiente.

Lo cierto es que emprender en la lechería es un camino minado de obstáculos donde la tierra, la necesidad de financiamiento, los altos costos de producción, la rigidez laboral y el capital humano se suman a la escasez de servicios básicos necesarios para permanecer en el medio rural, lo cual desestimula el ingreso de nuevos productores y trunca el recambio generacional de los jóvenes en los tambos.

La presente coyuntura de precios internacionales entonados convive con esta realidad menos idílica, donde el sector continúa perdiendo remitentes, y la tendencia es la prevalencia de tambos de mayor tamaño. Este proceso que ocurre a escala global se sustenta en la innegable necesidad de economías de escala. Demonizar las grandes explotaciones o intentar radicar la familia rural en pequeños establecimientos a fórceps es tan infructuoso como nadar contracorriente.

Contratistas lecheros

Quizás entonces deberíamos ofrecer una mirada más moderna para revitalizar las cuencas lecheras, donde en lugar de desvelarnos por el tamaño de la superficie explotada y la propiedad de la tierra, nos debiéramos enfocar más en la gente.

El sharemilking o lechería asociada nos puede dar alguna pista de cómo hacerlo. Este sistema tan extendido en Nueva Zelandia basado en el desarrollo de “carreras lecheras” detallado en una columna anterior, consiste en la producción de leche en tambos operados por contratistas lecheros. En lugar de basarse en una relación de dependencia, funcionan como operadores independientes ofreciendo un servicio profesional de gestión de tambos a cambio de un porcentaje de la remisión de leche.

Si bien la rigidez laboral que menciona el Ec. Munyo como principal barrera de competitividad se encuentra asociada mayormente a la fase industrial, el sector lácteo emplea cuatro veces más personal por litro de leche producido que Nueva Zelandia. Esta nueva modalidad de producción propuesta podría contribuir con una mayor flexibilidad laboral en el sector primario basada en los incentivos por productividad.

En este esquema, los establecimientos que incorporan lechería asociada son considerados simplemente un vehículo y la viabilidad de la lechería de pequeña escala descansa en unidades productivas como son los propios contratistas lecheros (no en la tierra), lo cual derriba otra de las principales barreras para insertarse en el rubro.

La lechería cuenta con un diferencial que lo hace único respecto a otros rubros y es la posibilidad de contar con flujos de ingreso mensuales, producto de la remisión de leche diaria. Ello no solo habilita a los pequeños contratistas a iniciarse con acuerdos básicos que permiten sustituir una fuente de salario, sino que ofrece posibilidades para los dueños de los campos de beneficiarse de rentas también basadas en flujos mensuales, postergando o incluso evitando su cierre.

Para desarrollar esta modalidad, resulta crucial contar con una mirada de largo plazo y potenciar las escuelas técnicas donde se deben preparar los contratistas lecheros ad-hoc. De acuerdo con el estudio del Ec. Munyo, 60% de los jóvenes actualmente no son capaces de resolver problemas con algún nivel de complejidad. Conociendo los desafíos que puede enfrentar un contratista lechero en la gestión del tambo, se puede diseñar una formación técnica a medida que los prepare de la mejor forma. Existen actualmente impulsos como el llevado a cabo por la UTU junto a la Intendencia de Río Negro y su “hermanamiento” con pueblos lecheros de Nueva Zelandia que van en la dirección correcta y podrían oficiar de verdaderos semilleros de contratistas lecheros. Esto puede y debe ser promovido también por las propias industrias como mecanismo para revitalizar sus propias cuencas y reducir así su capacidad ociosa.

Derrame del sector lácteo

En este contexto vale la pena preguntarse entonces, ¿debe el gobierno acelerar las medidas de apoyo al sector lácteo? De acuerdo con los resultados obtenidos por Munyo, la relación costo/beneficio basada en la capacidad de derrame que tiene la lechería sugiere que sí. Entonces, ¿debemos concentrarnos en detener la pérdida de productores con mayores estímulos?; ¿o puede ser la promoción y formación de contratistas lecheros un camino válido para revitalizar la lechería desde su base?

Para encontrar modelos exitosos en realidad no hace falta recorrer medio mundo hasta Nueva Zelandia. Aquí mismo en Uruguay existen claros ejemplos como el rubro forestal y agrícola que han registrado una gran expansión, incluso sobre áreas antiguamente destinadas a la lechería. Allí también el debate en algún momento se ha centrado fútilmente en la superficie y la tenencia de la tierra, cuando el secreto de su gran dinamismo siempre ha sido el desarrollo de empresas de servicios cada vez más especializadas, que funcionan como empresas satélites vinculadas a los establecimientos rurales. Allí podemos encontrar a los contratistas, las empresas de transporte, los proveedores de insumos, los centros de acopio y los servicios de asesoramiento e investigación en nuevas tecnologías que han contribuido notoriamente en el aumento de la productividad y la mejora de la logística, siendo los verdaderos dinamizadores del sector. Este modelo quizás tenga algunas de las respuestas para revitalizar las cuencas lecheras.

Lamentablemente, a veces hace falta realizar un “zoom out” para mirarnos con una perspectiva histórica y reconocer los logros que hemos alcanzado durante los últimos 30 años. En este período Uruguay no solo se transformó en un productor forestal de primer nivel (con lo que ello implica en términos de generación de tecnologías y know-how forestal propio), sino que desarrolló un complejo agrícola muy eficiente potenciado por procesos de innovación y profesionalización de los servicios que han disminuido la brecha de rendimientos con nuestros vecinos y en algunos casos como en el arroz nos han puesto a la cabeza.

Algunos de estos cambios se gestaron en la década del 90, cuando la ley forestal y la ley de arrendamientos comenzaron a modificar el paisaje agropecuario para siempre, ofreciendo un marco jurídico y regulatorio propicio para el gran desarrollo que hoy vemos con tanta normalidad al recorrer el interior del país. Actualmente nos encontramos con la obligación histórica de legislar con igual audacia y creatividad para promover un sector lácteo sustentable y competitivo. Nuestro deber, como ocurrió entonces, es crear los instrumentos para desarrollar una lechería dinámica, donde derribemos las barreras de entrada, asignemos estímulos con inteligencia y resolvamos las distorsiones de mercado que limitan al sector lácteo.

*Ingeniero agrónomo, MsC en Agronegocios.

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