El efecto es una subida de precios que podría llegar a una media de 0,40 euros litro.
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Vacas en una granja de producción de leche en Logroño. RAQUEL MANZANARES (EFE)

Las industrias lácteas se hallan embarcadas en una guerra en el campo para mantener contratos de suministro con ganaderos o para captar nuevos ganaderos proveedores ante el desajuste entre la oferta y la demanda mundial de leche que ha provocado fuertes subidas de las cotizaciones en todos los mercados. En el caso de España, la subida se ha resistido, pero, por fin, ya está provocando incrementos de los precios en origen hasta los 0,38 euros que se pagan actualmente en los contratos en las zonas más productoras y que se espera puedan llegar en esta primavera a los 0,40 euros. En diciembre, oficialmente, el precio medio nacional era de 0,356 euros litro, pero incluyendo primas y materia grasa y las cifras más bajas en zonas grandes productoras. En todo caso, esa cotización sería todavía inferior a los precios medios comunitarios de 0,42 euros y lejos de los 0,50 que se manejan en el comercio exterior.

En 2021, consecuencia de una mayor demanda, especialmente de los países asiáticos, los precios de la leche se incrementaron en una media del 17% según datos de FAO. Pero, en lo que va de año, de acuerdo con las cifras de la Cooperativa de referencia Fonterra, en Nueva Zelanda, las subastas de leche han tenido ya un incremento en los precios de un 13%.

Fuentes del sector ganadero creen que esa subida en marcha solo serviría para cubrir los costes derivados del alza de los precios de los piensos, que han aumentado por la sequía que está afectando a los pastos en algunas zonas. Desde el sector se sigue reclamando el cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, que obliga a pagar unos precios que cubran los costes de producción. Ante esa exigencia, algunas industrias —por ejemplo, la cooperativa Corporación Alimentaria Peñasanta-Central Lechera Asturiana— dejan claro en sus contratos de compras a no socios que “las partes manifiestan que el precio pactado cubre el coste efectivo de la producción”. Es una forma de evitar problemas con la Agencia para la Información y el Control de la Cadena Alimentaria (AICA), el organismo que vela por el cumplimiento de la norma.

Sobre un total de casi 12.000 ganaderos en activo, excluidos los socios de las sociedades cooperativas, las industrias manejan contratos de carácter anual con unos 8.000 ganaderos. La mayor parte de ellos renuevan sus contratos en marzo y las industrias tienen obligación de comunicar con dos meses de adelanto su decisión de renovar o no la relación.

Esta situación de las industrias en guerra para captar nuevos ganaderos o no perder los actuales proveedores contrasta con la vivida en años precedentes cuando las empresas llegaban a pactos para bloquear la posibilidad de que los ganaderos pudieran cambiar de industrias y que fue denunciada y multada por los servicios de la Competencia.

Desde Uniones Agrarias en Galicia, Román Santalla señala la necesidad de fortalecer el mercado interior y reclama una nueva iniciativa del Ministerio de Agricultura para que todas las partes de la cadena apuesten por una actividad que dé estabilidad y, sobre todo, sostenibilidad económica a la actividad del sector al margen de situaciones coyunturales. En 2015, auspiciado por Agricultura, medio centenar de industrias y otras tantas empresas de la distribución, junto a las cooperativas agroalimentarias e inicialmente solo con Asaja desde las organizaciones agrarias, suscribieron un acuerdo en la misma dirección. Los resultados no fueron los deseados.

El sector de la leche de vaca, consecuencia de una reducción anual de entre 700 y 800 ganaderos, fundamentalmente de pequeñas explotaciones por la falta de rentabilidad y de relevo generacional, actualmente cuenta con menos de 12.000. Aunque en los últimos cuatro años la producción se ha incrementado un 7% hasta los 7,4 millones de toneladas por el redimensionamiento de las mismas, la realidad es que España sigue siendo un país deficitario que cubre esa situación con importaciones de otros países comunitarios, tanto leche como de quesos baratos.

En el sector faltó rentabilidad. Miles de ganaderos abandonaron. Ahora, aunque aumentó la producción, la industria quiere más leche nacional, de cercanía. Y, en los próximos meses, a pesar de la mejora de los precios, podrían ir más vacas a matadero si continúan subiendo los piensos, especialmente el maíz, agravado por el conflicto de Ucrania como uno de los principales proveedores.

Te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Para comentar o responder debes 

o

Notas
Relacionadas