A partir del surgimiento del coronavirus en China y su posterior expansión a otros continentes, la incertidumbre en los mercados ha tenido un marcado aumento.
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1- ¿Dónde estamos parados hoy?
La cepa del coronavirus que hoy conocemos como COVID-19 fue descubierta en diciembre de 2019 a partir de un brote originado en la ciudad de Wuhan, China. Rápidamente, la enfermedad demostró una muy alta facilidad de contagio propagándose por dicho país primero, y por otras naciones (especialmente del Hemisferio Norte, que atravesaba los meses más fríos de su invierno) después. A la fecha, el número de infectados superó las 120.000 personas, considerándose según fuentes de información en la materia, áreas de transmisión sostenida China, Japón, Corea del Sur, Irán, Italia, España, Francia y Alemania.
En este contexto, el golpe a los mercados proviene del hecho que, incluso en el escenario más optimista respecto a la contención de la enfermedad, ésta se consigue a costa de una virtual paralización de la actividad económica (cancelación de vuelos, suspensión de eventos, cierre de escuelas y universidades, «cuarentena» o aislamiento de las personas, limitación de la cantidad de gente que puede permanecer simultáneamente en cualquier tipo de almacenes, etc.). El alerta está puesta en tomar los recaudos necesarios para asegurar que este shock transitorio no se convierta en una crisis económica y social de mediano plazo por un círculo vicioso de empresas que no tienen la capacidad financiera de mantenerse en pie luego de las semanas de freno en la actividad y que ello active un círculo vicioso de cierre de empresas, aumento del desempleo, profun­dización de la caída en la actividad económica, etc.
2- ¿Cómo han cambiado las expectativas en relación al crecimiento económico ?
A pesar de que distintos gobiernos del mundo impulsaron medidas monetarias y/o fiscales expansivas a la vez que organismos multinacionales como Naciones Unidas y el FMI anunciaron paquetes de ayuda excepcional para colaborar en mitigar los efectos de la crisis, existe un amplio consenso sobre las limitaciones al crecimiento que ya impondrá el coronavirus en el año 2020.
En esta línea, la OCDE recortó su proyección de crecimiento mundial para este año de 2,9% (estimado en Nov’19) a 2,4% (Mar’20). Se anticipan desaceleraciones en la tasa de crecimiento también en la Zona Euro y en Japón, aunque la economía que más afectada sería China suyo crecimiento interanual pasaría de alrededor del 6% (Nov’19) a menos del 5% (Mar’20); ello es, su menor tasa de crecimiento de las últimas tres décadas.
3- ¿Cuál es la respuesta de los mercados ante la amenaza?
A partir del surgimiento del coronavirus en China y su posterior expansión a otros continentes, la incertidumbre en los mercados ha tenido un marcado aumento. El índice de Incertidumbre sobre Política Económica en Estados Unidos, confeccionado por la Reserva Federal de St. Louis evidencia sus valores más altos desde la crisis financiera de 2008, cuando Estados Unidos atravesaba una recesión. El nivel de incertidumbre que despierta el impacto económico-político del coronavirus supera ampliamente los picos de incertidumbre provocados por la crisis de deuda europea, el BREXIT, las elecciones presidenciales estadounidenses e incluso la reciente disputa comercial entre China y Estados Unidos.
Producto de la alta incertidumbre, precisamente, en los mercados tuvo lugar un flight-to-quality. Es decir, las inversiones abandonan aquellos activos más riesgosos en favor de activos considerados más seguros como el oro o los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Así, el futuro de oro que cotiza en MATBA-ROFEX ha aumentado casi un 10% desde inicios de enero.
Como contracara, la limitación al flujo de personas y mercancías que impuso el gobierno chino para contener el avance del virus desencadenó una importante caída en la demanda de combustible para transporte y usos industriales (se estima que en el mes de febrero el 70% de la industria en China estaba paralizada) motivando el primer desplome del petróleo. Así, al 20 de febrero el combustible fósil cotizaba un 12% por debajo de su precio a comienzos de enero.
La segunda caída en los valores del crudo se produjo a partir del reconocimiento del impacto que el coronavirus tendría sobre la economía global. Con el virus expandiéndose a otros continentes, y generando muchos problemas de contención en Europa, las proyecciones de crecimiento mundial para 2020 comenzaron a recortarse.
4- ¿Cómo se ve afectado el precio de los commodities agrícolas en este contexto?
La particularidad del coro­navirus en el caso de los commo­dities agrícolas es que llega para reforzar las dificultades de largo plazo establecidas en estos mercados. Así, el COVID-19 suma presión bajista a los precios ya resentidos a partir de la disputa arancelaria entre Estados Unidos y China y a la Peste Porcina Africana.
En lo que va del año, el índice de productos agrícolas elaborado por S&P cayó un 16% fundamentado en la menor demanda proyectada de productos agrícolas tanto para consumo humano directo como para para forraje animal. La menor actividad económica global que se espera para este año se verá reflejada en menores ingresos que recortaran y/o modificarán el consumo de alimentos, a la vez que caería la demanda de aceites vegetales y maíz para la producción de biocom­bustibles.
5- ¿Cuál es la respuesta de los mercados ante la amenaza?
A partir del surgimiento del coronavirus en China y su posterior expansión a otros continentes, la incertidumbre en los mercados ha tenido un marcado aumento. El índice de Incertidumbre sobre Política Económica en Estados Unidos, confeccionado por la Reserva Federal de St. Louis evidencia sus valores más altos desde la crisis financiera de 2008, cuando Estados Unidos atravesaba una recesión. El nivel de incertidumbre que despierta el impacto económico-político del coronavirus supera ampliamente los picos de incertidumbre provocados por la crisis de deuda europea, el BREXIT, las elecciones presidenciales estadounidenses e incluso la reciente disputa comercial entre China y Estados Unidos.
Producto de la alta incertidumbre, precisamente, en los mercados tuvo lugar un flight-to-quality. Es decir, las inversiones abandonan aquellos activos más riesgosos en favor de activos considerados más seguros como el oro o los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Así, el futuro de oro que cotiza en MATBA-ROFEX ha aumentado casi un 10% desde inicios de enero.
Como contracara, la limitación al flujo de personas y mercancías que impuso el gobierno chino para contener el avance del virus desencadenó una importante caída en la demanda de combustible para transporte y usos industriales (se estima que en el mes de febrero el 70% de la industria en China estaba paralizada) motivando el primer desplome del petróleo. Así, al 20 de febrero el combustible fósil cotizaba un 12% por debajo de su precio a comienzos de enero.
La segunda caída en los valores del crudo se produjo a partir del reconocimiento del impacto que el coronavirus tendría sobre la economía global. Con el virus expandiéndose a otros continentes, y generando muchos problemas de contención en Europa, las proyecciones de crecimiento mundial para 2020 comenzaron a recortarse.
6- ¿Cómo se ve afectado el precio de los commodities agrícolas en este contexto?
La particularidad del coro­navirus en el caso de los commo­dities agrícolas es que llega para reforzar las dificultades de largo plazo establecidas en estos mercados. Así, el COVID-19 suma presión bajista a los precios ya resentidos a partir de la disputa arancelaria entre Estados Unidos y China y a la Peste Porcina Africana.
En lo que va del año, el índice de productos agrícolas elaborado por S&P cayó un 16% fundamentado en la menor demanda proyectada de productos agrícolas tanto para consumo humano directo como para para forraje animal. La menor actividad económica global que se espera para este año se verá reflejada en menores ingresos que recortaran y/o modificarán el consumo de alimentos, a la vez que caería la demanda de aceites vegetales y maíz para la producción de biocom­bustibles.

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