Las mejoras logradas en la digestibilidad de las especies forrajeras permiten aumentar su presencia en las dietas y mejorar la productividad.
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Unos tres kilos de ración pueden ser reemplazados por tres kilos de materia seca de buen silo y sacar los mismos litros. Foto: Shutterstock

“El productor tiene que tomar conciencia de la importancia de tener forrajes de alta calidad, si no, en los sistemas intensivos de producción de carne o leche se está muy atado al precio de los granos”. La frase cobra un peso especial en estos tiempos de precios altos, pero hace años que el especialista en nutrición animal Ramón Gorosito se la viene repitiendo a sus clientes.

Según Gorosito, la clave para trabajar con dietas en base a forrajes es haber hecho los deberes para lograr reservas voluminosas de calidad. “En este sentido, por ejemplo, hace años que venimos trabajando en los tambos con silos de maíz y de alfalfa bajos en lignina. Estos materiales tienen 15 a 17 puntos más de digestibilidad (fdn). Por cada punto de digestibilidad se pueden obtener 250 cc más de leche, es decir que con estos materiales se puede obtener 3 o 4 litros más de leche por vaca”, explica.

Luego agrega que el ir mejorando la calidad de los silos de alfalfa, maíz y cebada le ha permitido bajar la cantidad de alimento balanceado. Hace no muchos años, recuerda, en los rodeos de punta de los tambos se debía trabajar con relaciones concentrado/voluminoso cercanas a 60/40. Hoy, con alta calidad de reservas en los tambos de punta se logran los mismos 35-45 litros por vaca con una relación concentrado/voluminoso de 48/52. “Unos tres kilos de ración pueden ser reemplazados por tres kilos de materia seca de buen silo y sacar los mismos litros. El solo hecho de mejorar la digestibilidad un 15 por ciento permite producir 4 litros más por vaca, y ahí está hoy la rentabilidad del tambo”, remarca el experto.

En cuanto a las especies que vienen pidiendo pista en el plano forrajero, Gorosito cuenta que cada vez se ven más planteos de pastoreo directo de triticale como verdeo de invierno, una opción que aporta alta calidad y resistencia a heladas y ataques de roya. La alfalfa baja en lignina en pastoreo y los sorgos para silo diferidos o en pastoreo también van ganando terreno ya que han mejorado mucho su calidad. “Por otra parte, los silos de cebada o de trigo cada vez son más comunes en las dietas de tambos o planteos de carne”, dice el especialista, y luego agrega que en rodeos de recría para producción de carne cada vez se ven más planteos de pastoreo con alta carga sobre cultivos de cobertura o servicios, por ejemplo triticales o vicia, siempre teniendo el cuidado de liberar los lotes en función de lluvias y perfil de agua para no comprometer al cultivo agrícola posterior. “La idea es hacer uno o dos pastoreos para cosechar proteína barata y después completar con silo o rollos”, dice.

El segundo paso, tras lograr la mejor calidad posible de forrajes, es jerarquizar correctamente las necesidades de cada categoría. Al respecto, Gorosito explica que en los tambos la prioridad serán las vacas con menos de 90 días de paridas. “Hay que tener en cuenta la gran importancia de lograr altos picos de producción de leche, que luego permitirán seguir produciendo muchos litros en la lactancia avanzada, con más pasto y menos ración”, remarca. Otras categorías intocables en este sentido son las vacas en preparto y la guachera.

“Hoy y en el futuro, la rentabilidad del tambo va a pasar por lograr reservas de alta calidad que permitan reemplazar el uso de granos y concentrados proteicos. En este sentido todavía hay mucho por hacer, se habla mucho de calidad pero se hace poco”, remarca.

Pensando en el feedlot, dice que uno siempre debería tener opciones a, b y c. “Es riesgoso quedar atado a una sola opción, por ejemplo el maíz, porque una suba de precios puede complicar la ecuación. En este sentido, hace años que hago hincapié en trabajar con altos porcentajes de silo de maíz. Al reemplazar cierto porcentaje de granos por el mismo porcentaje de materia seca de silo se puede lograr bajar unos 2.500 pesos de costo por novillito logrado. En un feedlot que hace tres vueltas al año de 2.000 cabezas cada una, esto representa 13,5 millones de pesos”, afirma.

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