Los acuerdos en Catalunya de la Cooperativa Vaquers Plana de Vic i Lletera de Campllong con los supermercados Bon Preu y Lidl abren la puerta a un nuevo escenario para negociar los contratos entre la industria y los productores, a la vez que pueden concienciar a los consumidores de un precio justo frente al encarecimiento de las materias primas.
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La consellera de Agricultura​ del Govern, Teresa Jordà, con los representantes de supermercados Lidl y Campllong, tras el anuncio del acuerdo entre las compañías. — GOVERN DE LA GENERALITAT

Punto de partida, hebra de esperanza o primera piedra del camino. Son algunas de las expresiones que utilizan los ganaderos catalanes para definir e interpretar los primeros acuerdos entre las cooperativas y las industrias lecheras para abonar un precio justo a los ganaderos de forma que, al menos, éstos cubran los costes de producción.

Tras el grito de auxilio lanzado a principios del verano de 2021, en el que los productores pedían medidas para detener la sangría de abandonos de profesionales, esta iniciativa se ha acogido como un pequeño punto de inflexión. De hecho, la realidad estadística se empeña en mostrar cómo, en sólo cuatro años, entre 2017 y 2021, la cifra de explotaciones lecheras en Catalunya ha descendido un 21,77%, pasando de las 542 a sólo 424. Esta constatación del Observatori Sectorial de la Llet, unida a las reivindicaciones por la mejora del funcionamiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, es la semilla que parece que ahora empieza a germinar.

Poner a la venta 20.000 litros semanales de leche a un precio de 41,5 céntimos por litro. Es el acuerdo al que llegaron a mediados de febrero la Cooperativa Vaquers Plana de Vic y la cadena de supermercados catalana Bon Preu. Los ganaderos recibirán 41,5 céntimos por litro, y no 34, que era hasta ahora su valor habitual, pese a que el coste de producción era de 37 céntimos por litro. Comercializada con el nombre Terra i Tast, cuesta 99 céntimos el litro, un precio un 50% más caro que la leche de la marca blanca de Bonpreu, pero similar al de otras marcas que el consumidor puede encontrar en la misma cadena. El director de operaciones de Bon Preu, Joan Sabartés, asegura que “estaríamos encantados de no vender leche a 66 céntimos y que todo el mundo comprara esta leche”, pero argumenta que la cadena pone al alcance del consumidor “todos los productos que ofrecemos en el mercado” y que “el consumidor elige”.

El segundo de los acuerdos entre la industria y los representantes de los ganaderos fue el que formalizaron a principios de este mes de marzo la cooperativa Lletera de Campllong (en las comarcas de Girona) con la cadena alemana de supermercados Lidl. Ésta se comprometió a comprar el litro de leche a 40 céntimos, casi tres por encima del coste de producción. Inicialmente, la previsión es comercializar 150.000 botellas mensuales. La leche, que se venderá bajo el paraguas de la marca Campllong, se encontrará en el lineal a un precio de 85 céntimos e incorporará un sello identificativo para el consumidor que le indicará que se trata de un producto de proximidad.

Contratos por necesidad

Uno de los actores que se encuentra detrás de la larga reivindicación de un justiprecio de la leche para los ganaderos es la Cooperativa Vaquers Plana de Vic. Su director general, Daniel Bassas, valora positivamente la iniciativa. “La previsión de 12.000 botellas mensuales la cumplimos en una semana y hemos ido rompiendo los stocks”. Por Terra i Tast, los ganaderos perciben más de 40 céntimos, casi cinco más que hace un año.

Ahora, la incertidumbre de los productores se genera con la renovación de los contratos con las industrias. Muchos de ellos finalizan el 1 de abril. Antes se prorrogaban anualmente. Ahora, la volatilidad del precio de las materias primas por la invasión de Rusia sobre Ucrania -el principal importador de cereal europeo-, hacen que estas revisiones se planteen trimestralmente o incluso mensualmente. “En un momento en que en el contexto global falta leche, tenemos la oportunidad de actualizar los precios que recibimos, ya que con el encarecimiento de los inputs energéticos, el coste de producción ya supera los 41 céntimos por litro”, indica Bassas.

Daniel Bassas denuncia que, como sucedió en el 2008, cuando se produjo una burbuja con el cereal por el auge del biodiesel, determinados agentes “practican la especulación y el oportunismo con la leche”. A pesar de la aparente mejora del sector, el director general de la cooperativa recuerda que cada vez hay menos explotaciones (los animales se concentran en menos manos) y que en tan sólo nueve meses han cerrado tres socios de la entidad con las dificultades que comporta asumir la deuda que arrastran. Eso sí, matiza que si la industria se ha avenido a firmar estos contratos es por necesidad ante la carencia generalizada de leche en el mercado.

La conciencia del consumidor

La unión de los ganaderos frente a la industria y la distribución es la que hace la fuerza. Es el mensaje que quiere transmitir Imma Puigcorbé, ganadera y veterinaria que gestiona la explotación lechera Mas el Lladré, en Les Llosses (comarca del Ripollès en la provincia de Girona). Puigcorbé, a través de una mezcla de pedagogía y reivindicación, se ha convertido en una de las figuras que más ha luchado desde el sector primario para conseguir un precio digno para los productores. Aunque admite que los acuerdos con Bon Preu y Lidl sólo representan un 5% del volumen total de la leche que se produce en Catalunya, considera que los dos supermercados cuentan con una cuota de mercado importante y es una forma de acercarse a un segmento de compradores. “Tenemos una posibilidad muy buena de concienciar a los consumidores”.

Para Puigcorbé, teniendo en cuenta que el consumo de leche por persona y año en Catalunya se sitúa en unos 60 litros, el incremento del precio que cobrarán los ganaderos únicamente es un gasto añadido para el consumidor de entre 20 y 25 euros al año. “De estos dos o tres céntimos añadidos que nos pagan a los productores depende, en muchas ocasiones, la supervivencia de la explotación”. La ganadera apoya este tipo de acuerdos porque “los contratos acaban siendo una herramienta de presión para reclamar un precio justo”.

Como Bassas, Puigcorbé coincide en señalar la poca oferta de leche a nivel global como uno de los motivos para explicar la mejora de las cotizaciones que reciben los ganaderos. “Este déficit nos favorece”. Al otro lado de la balanza, la escalada del valor de las materias primas tensa los costes, que han subido hasta los 41 o 42 céntimos por litro, lo que implica una renegociación al alza de los contratos con la industria. Imma Puigcorbé elogia el trabajo realizado por el sector lechero catalán, que ha mejorado en aspectos como la genética, la eficiencia, la calidad o el ajuste de los costes.

Los movimientos que se han producido en el sector lácteo son inéditos en los últimos 30 años. En este tiempo, parece que la ganadería bovina catalana se ha mantenido en pie con un equilibrio precario en una combinación de pasión vocacional por el trabajo y de pragmatismo por no poder abandonar la actividad ante el exceso de deudas de algunas explotaciones. Ahora, la creación de una Interprofesional de la Leche y la puesta en marcha de créditos ganaderos para aliviar su situación financiera son los retos pendientes para seguir avanzando.

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