Mike McCloskey es un productor lácteo de Estados Unidos, que transforma los desperdicios del tambo en energía.
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En «La energía del campo«, columna quincenal de Agrolink Radio, Ezequiel Weibel, ingeniero agrónomo y socio de BGA Energía Sustentable, relató cómo funciona el tambo sustentable de Mike McCloskey, un productor estadounidense que revolucionó la producción láctea. ¿De qué se trata?

En Indiana, Estados Unidos, McCloskey cuenta con un tambo sustentable. Pero, ¿en qué se basa sus sistema productivo? Las vacas lecheras del estadounidense son alimentadas con algas cultivadas en aguas residuales de biodigestores que se generaron del estiércol de las mismas vacas, reemplazando la proteína de la soja.

Mike McCloskey

A través de un reactor anaeróbico que genera biogás y biofertilizantes (usados para el maíz y la alfalfa que comen las vacas), estos son utilizados para autoabastecimiento energético tanto de las instalaciones como la de la flota de más de 40 camiones lácteos que «tiene integración vertical desde los productores hasta el restaurante».

Es decir, McCloskey tuvo la idea de reciclar los desechos de las vacas, convirtiendo toneladas de estiércol en una fuente de energía, como parte de una búsqueda para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero dentro de su tambo.

El inicio de la sustentabilidad del tambo de McCloskey

Mike McCloskey comenzó con tan solo 300 vacas en California, y se fue integrando hasta tener 15.000 vacas convirtiéndose en el CEO de Fair Oaks Farms, creada en 1994. Luego se asoció en 2004 a Select Milk Producers, una cooperativa lechera de venta costomisadas, aquellas leches que son altas en proteínas o sin lactosa. Años después, Coca Cola eligió a su empresa para una incursión láctea.

El proyecto no quedó ahí. Con una tecnología nueva, lograron recoger el nitrógeno gaseoso del amoníaco de los desechos, y así evitar su evaporación y posterior caída en forma del tan contaminante PM10.

Sin embargo, estas tecnologías son costosas, pero McCloskey tuvo otra idea crear una especie de bonos de nitrógeno. Porque el nitrógeno y fosfatos que se perdían iba a las mismas aguas municipales donde van los excrementos humanos, que deben tener menos de 10 partes por millón.

Es entonces, que le pidió al ente regular estadounidense Environmental Protection Agency (EPA) regularse voluntariamente. Pudo demostrar que recuperó lo que se estaba yendo al agua y a la atmósfera, y de los desechos generar energía.

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