Fenil sostiene que el sector está haciendo un esfuerzo por ser sostenible, pero que ese cambio tiene un coste.
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En cualquier supermercado podemos encontrar un cartón de leche cuyo precio no llega a los 60 céntimos, aunque la media suele estar en torno a los 80 o 90 céntimos. Y esta situación no es sostenible, aseguran en la Federación de Industrias Lácteas (Fenil), que ayer celebró el Día de la Leche con una mesa redonda para hablar del presente y del futuro del sector. Según el presidente de esta entidad, José Armando Tellado, la pandemia ha hecho ver al consumidor el papel importante que tiene este alimento. Ahora, es el momento de que todo ese valor se vea repercutido en el precio. Porque solo de esa forma se podrá afrontar la transformación en la que está inmersa toda la cadena de producción de la leche para ser más sostenible.

«Estamos comprometidos con mejorar. Todos estamos invirtiendo para que el sector sea cada vea más sostenible», aseguró Tellado. Pero «esa transformación económica tiene un coste elevado. Y ese consumidor que reconoce que somos un sector esencial y estratégico no está siendo capaz de valorarlo en el precio del producto», insistió. Quiso dejar claro que el sector está trabajando «con precios inalterados de hace 7 años y la cadena solo es sostenible si el consumidor le da valor al producto. Para que el ganadero y la industria sigan trabajando tienen que tener su reconocimiento en el precio», añadió. Tellado expuso los beneficios que este sector tiene en el conjunto del país, desde su papel como vertebrador y creador de riqueza en el medio rural hasta la aportación que realiza de un alimento saludable. Aseguró que las industrias lácteas en España emplean a más de 30.000 personas y absorben 7,4 millones de toneladas de leche al año que recogen en más de 2.000 centros y a 21.000 granjas repartidas por todo el país.

Bebidas vegetales

«Es un alimento esencial, por mucho que se intenten expandir rumores de lo contrario o se intente confundir al consumidor con las bebidas vegetales», afirmó el presidente de Fenil. Productos que, por otro lado, alcanzan precios mucho más altos en los lineales de los supermercados. Porque una bebida de soja o de almendra cuesta, como mínimo, un euro, aunque la media se sitúa entre los 1,40 y 1,50 euros y puede llegar a superar los 2,5 euros si es bio. «Las alternativas vegetales no se puede comparar con los productos lácteos. Los alimentos lácteos pueden formar parte de una dieta sostenible y hay que promover su consumo», añadió Guillermo Mena, asesor científico en la Confederación Española de Consumidores y Usuarios del Ministerio de Sanidad, que también participó en la mesa redonda.

Mena reconoció que «los lácteos siempre son atacados, pero por suerte ya existen datos científicos como para afirmar que esas críticas son subjetivas. Cuando alguien decide retirar estos productos de su dieta deja un vacío importante de nutrientes que no es fácil suplir», añadió. «Buscar un sustituto al lácteo encarece la dieta, por eso apelamos a que se reconozca ese valor nutricional que tiene», afirmó Tellado. Celebró, además, que «las familias españolas aumentaron la ingesta de lácteos conforme se reforzaba la importancia de llevar una dieta sana para cuidar la salud. Hemos visto que, durante el período más agudo de la pandemia, se ha registrado una evolución positiva en el consumo de lácteos en los hogares y esperamos que esa tendencia se mantenga en el tiempo». Según los datos de Agricultura, el consumo per cápita de leche en los hogares españoles durante el 2020 alcanzó los 73,7 litros por persona y año, convirtiendo a España en uno de los principales consumidores de la Unión Europea.

De clausurar el encuentro se ocupó Fernando Miranda, secretario general de Agricultura y Alimentación, quién destacó el papel del sector durante la crisis para evitar el desabastecimiento. «El aumento del consumo en los hogares no ha compensado el cierre de la hostelería y por eso garantizamos que la industria láctea va atener nuestro apoyo», aseguró. Destacó la importancia del sector, sobre todo en el medio rural, e insistió en las necesidad de apostar por la sostenibilidad. Recordó, además, que este fue un sector pionero «en las relaciones de la cadena» y aseguró que el ministerio quiere ordenar el sector para sentar las bases de los próximos diez años. «Queremos explotaciones competitivas, pero no de gran tamaño», aseguró al tiempo que apostó por buscar fórmulas que permitan poner fin al cierre continuo de explotaciones que se está viviendo en los últimos años.

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