Las razones de la escasez láctea en un mercado donde la concentración es un rasgo clave. Problemas estacionales produjeron el desabastecimiento de las últimas semanas, asegura el presidente del Centro de Industrias Lácteas (CIL), Miguel Angel Paulón. Una sola empresa domina el 80% de la plaza. No hay margen para segundas marcas.
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
El desabastecimiento de segundas marcas de leche disparó la polémica. En los supermercados no se encontraban los productos destinados al programa Precios Cuidados.

La imagen de las góndolas vacías de los supermercados o con tan sólo una marca líder de leche, a precios elevados, encendió la mecha de la polémica. Pronto el tema se instaló en la portada de los diarios y ocupó un espacio central en la televisión. En el país de las vacas, no había leche barata. Pero el asunto olía más a maniobra comercial que a circunstancial desabastecimiento.

De un día para el otro las marcas más populares, incluidas en el programa estatal de Precios Cuidados, habían desaparecido de la oferta. ¿Qué había ocurrido en el mercado local? ¿Puede una estrategia empresarial anular una medida de política económica destinada a satisfacer la demanda masiva de un producto alimenticio clave en la infancia? ¿Qué debería hacer el Estado para estimular una mayor producción lechera? Las preguntas se agolpan, surgen a borbotones.

“Argentina es un mercado que tiene un consumo del orden de los 8.000 millones de litros por año. Produce alrededor de 10.500 millones de litros, razón por la cual se puede afirmar que tiene un perfil exportador permanente. Esa exportación está destinada a países de la región, pero también se amplía al resto de América Latina, Africa, Medio Oriente y Asia”, señala el ingeniero Miguel Angel Paulón, presidente del Centro de Industrias Lecheras (CIL), cuando se lo invita a describir el mercado local. El diálogo va de menor a mayor, la problemática tiene aristas filosas.

-¿Con qué productos se llega a esos destinos externos?

-Se llega básicamente con leche en polvo, quesos y sueros. También se exporta algo de manteca. Podríamos producir y exportar bastante más, generar mayores volúmenes. En el mercado interno el nivel de consumo está en los 200 litros por año.

-¿Qué les impide aumentar la producción?

-Como en todo, hay múltiples factores que explican esto. La lechería está instalada en el área pampeana, básicamente, y obviamente la competencia con otras actividades en el mismo área por ahí le van restando posibilidades. Las actividades compiten y no le dan prioridad o mayores chances de expansión plena a la lechería.

-¿Cómo los impacta la situación macro?

-A todos los sectores nos afecta casi por igual. En el caso de la presión impositiva, el tema de los impuestos nos pega a todos de manera parecida. Desde el productor al consumidor, en toda la cadena, se termina tributando un 42% de impuestos. Es decir que el precio en góndola tiene un 42% de carga impositiva.

-¿Tienen que competir con productos importados?

-No. Solamente el sector comercial a veces recurre a alguna importación de especialidades, generalmente quesos que se elaboran en Europa con características propias. Otro caso es el de la crema chatilly, que viene del exterior. La realidad es que la importación no repercute en el mercado.

ESCASEZ

-¿Por qué se padeció recientemente de escasez láctea? ¿El sector es vulnerable a la estacionalidad?

-El sector está muy expuesto a los cambios de estación, que modifican el comportamiento empresarial. Obviamente que el pico de producción se logra en los meses de primavera y verano, y hay una menor producción en otoño e invierno. La escasez fue fruto de problemas estacionales.

-En el sector ponen el acento también en el canal informal como responsable de la escasez. ¿Cómo opera?

-Justamente, motivados por la alta presión impositiva, hay un margen de operaciones muy amplio para quienes hacen el encadenamiento para llegar al mercado evadiendo impuestos. Son estrategias de evasión que van desde el productor hasta el consumidor. También juega aquí su rol la intermediación. Y algún sector del comercio también tiene estas prácticas.

-¿Por qué existe semejante dispersión de precios cuando uno compra leche?

-La dispersión de precios puede tener varios orígenes. Uno de los factores que puede intervenir es este de la informalidad, pero en general siempre existen ofertas de distintas calidades.

-¿No dan los costos para producir una leche barata como segunda marca?

-Llega un determinado momento en que se vuelve insostenible. Una empresa puede trabajar con margen reducido, pero no con pérdida. Cuando uno sufre variables de costos que impactan fuertemente hay que modificar el valor porque sino no hay cómo llegar. Esto tiene que ver con la logística, la energía, el costo de la materia prima, el costo laboral. Todos esos son factores principales a la hora de elaborar un producto.

CONCENTRACION

-¿El principal rasgo del mercado lácteo argentino es la concentración?

-No, en absoluto. No es un rasgo distintivo. Existen alrededor de 700 empresas y eso evita la concentración. En la etapa primaria la cantidad de bocas es amplia. Los productores encuentran múltiples opciones para vender su materia prima.

-¿Es cierto que La Serenísima tiene el 80% del mercado?

-Pero sólo de leche fluida en sachet. Y esto ocurre porque algunos operadores han desistido de continuar con sus líneas de producción, como fue el caso de Sancor. Pero así como esa empresa descontinuó su producción, hay otras que aparecen a nivel regional.

-¿Cuándo cambia el mapa lácteo? Hace 40 años una ciudad mediana solía tener una empresa láctea que abastecía a su comunidad. Eso ya no ocurre.

-Se produjo un cambio. Lo que ocurre es que la leche pasteurizada es un producto ultra sensible en términos de la valoración de la leche como producto vital. Y como es altamente sensible hay muchas empresas que han decidido no intervenir más en ese segmento de mercado porque las expone a un riesgo político. A lo primero que le echan el ojo los políticos es a la leche fluida en sachet, para presionar con estrategias de precios. Ahora faltó un poco de leche y lo primero que se nombra es la leche fluida y pasteurizada.

-¿Cómo se hace para armonizar una estrategia empresarial con una decisión de política económica como puede ser Precios Cuidados?

-Toda empresa que tiene Responsabilidad Social Empresaria siempre está animada a colaborar en esto, pero no a perder dinero. Es posible lograrlo siempre y cuando los costos sean compatibles. Cuando las empresas de transporte, que brindan un servicio esencial, requieren disponibilidad obviamente que el Estado se muestra dispuesto a subsidiar el servicio. En el caso de la leche, la tentación es siempre pedírselo a las empresas. Como empresarios entendemos que no podemos estar trabajando a pérdida.

DESREGULACION

-En el año 1992, durante la gestión de Domingo Cavallo como ministro de Economía, se desreguló el mercado. Fueron eliminados el Fondo de Asistencia Láctea y la Comisión de Concertación de Política Lechera. ¿Habría que contar hoy con algún instrumento para fijar precios?

-Creo que debemos seguir trabajando en el sendero de la competitividad. Si nos lo ponemos como meta, podemos optimizar costos y brindarle a la población productos que sean aceptados.

-¿En la última década decreció la cantidad de tambos?

-La cifra actual en Argentina es de 11.000 tambos. Pero quiero aclarar que la tendencia a la reducción es global. Las unidades productivas van adquiriendo más animales, ganan otra escala, y a su vez aumenta la producción. Y ese fenómeno les permite mejorar la competitividad de costos.

“HAY BUENOS PRECIOS, PERO NO SE SABE CUANDO SE COBRA”

El Estado, un cliente de riesgo

La necesidad de cubrir la demanda de leche de los sectores más carenciados de la sociedad ha llevado muchas veces al Estado a pagar en las licitaciones una cifra sensiblemente superior a lo que puede ganar una empresa exportando el producto. A todas luces pareciera que ingresar como proveedor público termina por generar buenos dividendos. Pero no todo es color de rosa en el laberinto de la burocracia.

-¿Es buen negocio ser proveedor del Estado?

-Es un riesgo. Se pueden establecer buenos precios, altos, pero nunca se sabe cuándo se cobran. En el escenario financiero actual no se sabe si uno termina perdiendo o ganando. Al Estado le hemos sugerido, solicitado y pedido realizar las licitaciones en otros períodos del año donde haya una mayor oferta de materia prima para bajar los precios. Las licitaciones de este año justo coincidieron con un período donde la bajante de producción era relevante. La demanda era importante y eso recalentó el mercado de materia prima.

-¿Y qué responde el Gobierno ante esta sugerencia?

-De parte del presidente Macri, lo vio como algo lógico. Luego en la fase instrumental u operativa no lo hemos logrado nunca. Seguro intervendrán muchas cosas para lograr darle forma a decisiones de este tipo. Además, a medida que avanza el año los recursos deben ser más escasos.

-¿Qué escala de producción hay que tener para ser proveedor del Estado?

-Hay distintas escalas que participan. Básicamente depende de tener las condiciones aptas para una producción segura destinada a leche, un alimento muy caro a la nutrición de los niños. Hay que tener condiciones tecnológicas en producción, envasado, acondicionamiento y distribución en todo el país. Cuando hay una licitación, el Estado pide el producto puesto en los lugares de consumo. Eso implica tener una red de distribución. Es un negocio para empresas que tengan determinada estructura.

Te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Para comentar o responder debes 

o

Notas
Relacionadas