La Comunidad sufre el goteo constante de cierres de explotaciones por la producción a pérdidas. Por primera vez, las instalaciones más dimensionadas no pueden asumir las toneladas de leche que se pierden.
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La lenta agonía de las granjas
La lenta agonía de las granjas - Foto: Rosa Blanco

La nula rentabilidad de sus explotaciones, con pérdidas inasumibles que no se afrontan con lo que hasta ahora reciben por sus productos ni con las ayudas de las administraciones, unido a la falta de relevo generacional, son las causas que en todos los sectores ganaderos se repiten para justificar los cierres de granjas. Un goteo constante de instalaciones de ovino de leche, vacuno de lecha, caprino, pollos o conejos han echado el cerrojo en los últimos años, principalmente a partir de 2018, aunque en los últimos meses la situación se ha agravado por el aumento de los costes energéticos y de los piensos, entre otros problemas, y muchos ganaderos ya trasladan su preocupación sobre la situación de sus propiedades y valoran el abandono de la actividad ante la imposibilidad de hacer frente a las facturas.

La situación no es ajena a ningún sector ganadero, aunque la desaparición de las explotaciones de vacuno y ovino de leche en la Comunidad es una realidad desde hace años, es más en los últimos cinco han ido abandonando la actividad una media de un seis por ciento anual, pero hasta ahora explotaciones de mayores dimensiones habían asumido tanto la producción como el número de cabezas que se perdían por lo que la Comunidad mantenía sus niveles de producción de litros de leche.

Sin embargo, esta tendencia está cambiando y en lo que va de año, en ambos sectores, la producción ya se está ralentizando y se ha incrementado el número de explotaciones que han tenido que echar el cierre por la falta de rentabilidad ante el incremento de los costes. Además, muchos ganaderos han tenido que enviar animales al matadero para poder hacer frente a las pérdidas económicas, como explicaron fuentes de la Unión Regional de Cooperativas de Castilla y León (Urcacyl).

En Castilla y León se mantienen en activo 804 explotaciones de vacuno de leche, lo que supone un 8,8 por ciento menos con respecto a hace un año (cuando había 882). A esto se suma la pérdida de producción en el sector, pasando de 702.853.000 litros del año pasado a los 698.763.000 de 2020 (un 0,6 por ciento menos). Este descenso es menor en comunidades competidoras, como es el caso de Galicia donde ha bajado un 0,2 por ciento en el mismo periodo.

Una situación similar atraviesa el sector de ovino de leche, donde la evolución de cierres en los últimos cinco años rondaba el seis o 6,5 por ciento, mientras que en el último año es de un 8,4 por ciento (se han perdido 149 granjas). Además, la producción ha caído un dos por ciento entre enero y septiembre, pasando de los 239.422.000 litros a los 234.680.000 en 2021. El descenso en la comunidad de Castilla-La Mancha, la que más leche de oveja produce, es mucho más lento de lo que se ha producido en Castilla y León.

El panorama no es más optimista en el sector caprino, ya que 22 profesionales han abandonado la actividad en lo que va de año, lo que supone que existan en la actualidad un 7,8 por ciento menos de explotaciones. En el caso de la producción ha caído un 3,1 por ciento.

Desde Urcacyl, que engloba a una buena parte de las explotaciones que producen leche en la Comunidad, alertan sobre el futuro de estos sectores. «Hasta ahora las explotaciones más grandes asumían las pérdidas de producción y cabezas por estos cierres, pero ahora ya no», advierte el técnico encargado de Ganadería, José Manuel Domínguez. Además, para paliar los elevados costes energéticos de las granjas y el incremento de los precios, muchos ganaderos han optado por «mandar a los animales» al matadero, «porque resultaban más productivos».

Por su parte, el gerente de Urcacyl, Jerónimo Lozano, asegura que uno de los problemas es «el total desconocimiento del sector agropecuario». «Necesitamos gente porque las explotaciones han mejorado mucho respecto a maquinaria, tecnología y producciones pero sigue sin haber gente que quiera ir a trabajar», incide, y recuerda las complicaciones de un sector donde no existen descansos semanales ni vacaciones porque los animales necesitan atención continuada.

Lejos de la realidad.

Mayor conocimiento de la realidad también es lo que piden desde el sector cunícola de la Comunidad, ya que consideran que las administraciones hacen normativas y leyes desde los despachos sin pisar el terreno. Castilla yLeón es la Comunidad con mayor número de ejemplares de España y, junto con Galicia y la Comunidad Valenciana, es una de las que alberga más instalaciones grandes con más de 800 madres y se caracteriza por tener una cunicultura más profesionalizada.

Sin embargo, esta situación del sector en la Comunidad no le ha salvado de los cierres de explotaciones que pueden ser más en los próximos meses antes la producción a pérdidas que afrontan en la actualidad. «Hay de todo, hay compañeros que lo están pasando mal y otros que son más positivos, aunque por lo menos de momento no tenemos peores noticias como ocurre en otras comunidades donde se han producido suicidios o incendios de las instalaciones», señala Jaime Sanz, responsable del sector cunícola en UCCL.

Reconoce que el sector está mal, «aunque cada granja es un mundo y los que tienen más problemas son los que se han hipotecado para contar con nuevas instalaciones, más modernas, que ahora están más fastidiados». En la explotaciones nuevas, «normalmente gestionadas por gente joven, siguen con ganas de tirar para adelante aunque las estén pasando ‘más putas que en vendimia’, porque tienen hipotecas, pero tienen comprometido mucho patrimonio».

Sanz asegura que la falta de producto en el mercado no está repercutiendo en el precio y apunta a las ofertas de las grandes superficies –más del 40 por ciento de la producción se vende en la gran distribución– como el principal problema que tienen para poder cubrir costes, y ya se han cansado «de denunciar la situación ante la ley de la cadena alimentaria».

Tampoco confía en las ayudas de las administraciones públicas, «lo que se necesita es que se cumpla la ley». «Las ayudas que el sector ha recibido por la guerra de Ucrania no han venido a paliar la situación, ha sido más una medida política que real», dice, tras lo que añade que en Castilla y León, «que no ha ocurrido en otras comunidades», han cobrado las ayudas todas las granjas, aunque han sido «irrisorias» para solucionar el problema. Demanda que se pongan en marcha ayudas de minimis como sí ocurre en la Comunidad Valenciana para las explotaciones de cría de conejos.

Granjas de pollos.

Los granjeros de pollo se suman también a esta situación que atraviesan en otros sectores y se encuentran en situación límite ya que los costes que asumen se han disparado por la inflación, pero el precio que perciben de las integradoras apenas ha variado. «Los consumidores, por su parte, están pagando cada día un precio más alto por la carne de pollo, que además es la fuente de proteínas más consumida de España», denuncian desde las organizaciones agrarias.

Las opas describen la situación como «dramática», como consecuencia del aumento de los costes de producción, tanto en el caso de la energía, los combustibles, y todas las materias primas y materiales que son necesarios para continuar con el proceso de producción.

Estas mismas fuentes señalan que sigue creciendo el número de titulares de granjas de producción de carne de pollo y pavo que anuncia su intención de cerrar las naves, «ya que lo único que están haciendo es acumular pérdidas y contraer deudas con sus proveedores. Es por ello que en los próximos meses existe un enorme riesgo de desabastecimiento de carne de pollo y de pavo en España».

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