Jéssica Fernández, la Cheesemonger de Lactography nos cuenta un poco de su oficio y de cómo la mujer en México tiene un lugar importante en el mundo del queso artesanal.
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Cuando era pequeña, en los compromiso de trabajo de mi papá siempre se referían a él cómo ingeniero y a mi mamá como señora, señora de Fernández, mamá de Jessy. No sabía que mi mamá era Ingeniera química industrial hasta cumplí los10 años de edad, y no entendí lo que significaba esto hasta que cursé mi último año de preparatoria.
Comienzo mi relato de esta forma porque el primer atisbo que tenemos, sobre ser mujeres, cuando somos hijas es nuestra madre y la mía es mi súper héroe y todo un enigma para mí. Ser mujer no fue un concepto muy sencillo al cual llegué, tampoco se me daba de forma muy “natural” o al menos pensaba yo eso. Siempre me gustó trepar árboles, romperme las rodillas y darle al fútbol como defensa lateral. Algo que no se percibía como femenino en algunos círculos, hegemónicos en México. Pero mi madre siempre estuvo ahí para dejarme retar mis propios límites y recoger los pedazos cuando no lo lograba.
Ser mujer viene en una cornucopia infinita de posibilidades, entender eso me tomó tiempo y muchos tropiezos, pero he tenido la fortuna de estar rodeada de increíbles maestras, una de ellas: Georgina Yescas. Hace siete años me abrió las puertas de Lactography, un proyecto que tiene alma y corazón, y del cual me enamoré enseguida. Aprender sobre queso fue un camino que me ha llevado a muchas partes de México y el mundo, y donde la mujer es mayoría en fuerza de trabajo, pero no muchas veces en visibilidad.
Lactography, más que queso, un escaparate al trabajo femenino en la industria
Cuando asumí la gerencia de Lactography dimos continuidad a la visión de género. El 80 por ciento de las personas que han trabajado con nosotros son mujeres, el 62 por ciento de quién produce el queso son mujeres y actualmente nuestro equipo se conforma por cuatro mujeres y dos hombres. Lactography es sin duda una férrea fémina.
Con el pasar de los años caí en cuenta del poder que tiene el oficio de ser Cheesemonger, entendí que era un vehículo de empoderamiento para las mujeres y cómo nuestro trabajo ayuda a hacer visibles las realidades de muchas mujeres productoras de queso en México. Una Cheesemonger no sólo vende queso, su oficio le permite crear puentes y conexiones, contar la historia de un queso, su cultura, realidad, construcción y sobre todo hacer visibles las desigualdades a las que se enfrentan las miles de mujeres que elaboran queso en México y la necesidad imperante de legislar políticas públicas alimentarias con visión de género.
Ser mujer en el 2021 sigue siendo igual de relevante que hace 70 años, que nació mi madre, siempre lo ha sido. Pero hoy tenemos la obligación de alzar la voz y exigir un mundo mucho mejor para todas, de generar proyectos que operen con visión de género y que sean un pilar comunitario para la justicia social. Pero sin duda hoy más que nunca es increíble ser mujer.

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