La tecnología, el 5G, la Big Data, la robótica y el internet de las cosas son herramientas que en la unión de lo virtual con lo biológico y lo real permiten eficientizar los procesos productivos, mejorar las condiciones de las labores de las y los que trabajan la tierra y reducir el impacto ambiental.
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Se produjo un salto productivo al mejorar el tambo mecanizado. Imagen: NA

La sustitución de fuerza de trabajo por robots es una realidad que cada día se hace más tangible. El peligro de que “vivir ya no solo cueste vida” parece respirarnos en la nuca, sin embargo la pelea no es contra las máquinas ni contra los robots.
El sistema de explotación de la humanidad y la naturaleza solo para enriquecer al 1 por ciento se encuentra en una crisis estructural y profunda. Hay una sobreproducción de fuerza de trabajo producto de un salto de fase productiva en pleno proceso, en el cual la virtualización y la robotización de muchas tareas y labores requieran de la intervención de cada vez menos mujeres y hombres, pero con mayor tasa de explotación, provocando la expulsión de las y los trabajadores sobrantes, en su rol sistémico de ser mercancía fuerza de trabajo.
Algunos puestos de trabajo ya pueden ser sustituidos por robots, entonces ¿qué hacemos con las y los que sobran?
El ordeñe artesanal de vacas requería que una persona dedicara alrededor de 7-8 minutos de labores por vaca, con la aparición del tambo mecanizado el tiempo de labores de una persona se reduzco a 85 segundos por animal. Incluso se produjo un salto productivo al mejorar el tambo mecanizado: mientras la instalación de un sala de 8 bajadas requería 1 operario/a para ordeñar un rodeo de 100 vacas en un tiempo de 2:10 horas. Cuando se invirtió en un sala de ordeñe de 24 bajadas (espina de pescado), se necesitó 2 trabajadores/ras, pero se ordeñan 300 vacas en las mismas 2:10 horas. Es decir que con el doble de tiempo social, ya que hay una persona más, se ordeña el triple de animales. Por lo tanto, al invertir en capital constante se reducen los tiempos de trabajo (horas hombre, como se dice) y por ende se reduce el gasto en salarios, ya que menos personas producen el mismo o más valor.
La aparición del tambo robotizado garantiza: cumplir con bienestar animal, mejorar rindes productivos y calidad de la leche, entre otros indicadores económicos. Ya no requiere de fuerza de trabajo colocando las pezoneras y lavando las ubres, ahora necesita personal capacitado intensivamente en conocimiento, para interpretar los datos y decidir las acciones, aunque más no sea tocar un botón o una parte de la pantalla. Pero ¿cuántas vacas se ordeñan sin trabajadores?
El sistema
Estados Unidos es la primer economía mundial, con casi 22 billones de dólares y el 25 por ciento del PIB global, a la que la covid-19 le produjo una caída de alrededor del 32,2 por ciento de su PIB anual. Como respuesta algunos sectores proyectan una fuerte inversión en capital constante para reemplazar a las fuerzas de trabajo paralizadas por la pandemia.
La inversión en innovación tecnológica que la empresa frigorífica Tyson Foods está realizando en robótica espera que quintuplique ingresos y reduzca a un 10 por ciento la mano de obra asalariada. Será un gran salto de escala productiva.
Oxford Economic calcula que en diez años más 20 millones de trabajadoras y trabajadores del mundo dejarán sus tareas para que sean realizadas por robots. Siempre siguiendo con las mismas recetas de un sistema que está poniendo en jaque a la población mundial, a la biosfera y a su biodiversidad.
Tecnología
La vida cuesta y se calcula en base al coste de los bienes y servicios que los hogares consumen para llevar un determinado nivel de satisfacción. La movilidad social ascendente fue emblema de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, cuatro años de un gobierno neoliberal reabrieron y agudizaron las desigualdades, las que en la cotidianeidad rural se hacen notar con más profundidad.
Las respuestas a la pandemia demuestran que la tecnología podría terminar con muchas de las desigualdades sociales, independientemente de la geolocalización. Para lo cual basarnos en indicadores humanos o “runa indicadores”, que muestren el grado de buen vivir de mujeres y hombres en cada territorio resulta imprescindibles. ¿La robotización aumentará la explotación o dará más salud y tiempos de relación-reflexión socio-comunal para las y los trabajadores?
Si la conectividad se convierte en una realidad a la que accedan todos y todas, la educación, por ejemplo, ya no sería una de las causas de migración forzada de muchas y muchos jóvenes rurales. También podría disminuir algunas labores forzosas, en muchos caso insalubres, al realizarlo por medio de robótica, IoT, Inteligencia Artificial, entre otras herramientas tecnológicas.
Dependerá quien controle la tecnología y el conocimiento para que estas herramientas sean usadas para producir mayor explotación de la humanidad y el ambiente, o para garantizar los derechos y la libertad de los hombres y las mujeres de los pueblos, lo cual involucra La coyuntura de emergencia por la crisis acelerada por la covid-19 intensificó el endeudamiento de mujeres donde se desarrolla la vida.
Planificar la pospandemia
Es el momento de redireccionar el modelo productivo y cambiar el desarrollo desigual del país causado, principalmente, por más de 200 años de explotación de las condiciones extraordinarias de la región central, con la mirada puesta en el exterior.
La tecnología, el 5G, la Big Data, la robótica y el internet de las cosas son herramientas que en la unión de lo virtual con lo biológico y lo real permiten eficientizar los procesos productivos, mejorar las condiciones de las labores de las y los que trabajan la tierra y reducir el impacto ambiental. También permite democratizar el acceso al conocimiento y otros aspectos de la vida cotidiana haciendo posible el arraigo rural con movilidad social ascendente.
El mundo se está informatizando, virtualizando y digitalizando. Se dividirá en conectados y desconectados, en incluidos y excluidos. La pelea es contra los de arriba, no contra las máquinas sino contra quienes las controlan. Del resultado de esta lucha se determinará si la nueva normalidad es un mundo libre o una moderna esclavitud.
* Médico Veterinario, director del Centro de Estudios Agrarios.

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