La empresa de Gobernador Udaondo deja de utilizar agroquímicos y fertilizantes industriales para pasar a un modelo natural.
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Campos de Mayol. Foto: Joaquín Chiozza Logroño

Las vacas de la empresa Lácteos Mayol de Gobernador Udaondo vuelven a alimentarse con pastos y forrajes desarrollados sin fertilizantes ni agroquímicos de origen industrial, como sucedía en sus orígenes, en el siglo pasado. Este cambio de paradigma permitirá que la firma, fundada en 1936, comience a ofrecer dulce de leche o quesos agroecológicos elaborados a partir de leche producida en forma natural.

La llamada “transición agroecológica” comenzó hace dos años con la disminución en la utilización de agroquímicos en los cultivos de raigrás. Al advertir un resultado positivo en el aumento de especies forrajeras nativas y naturalizadas, se decidió avanzar hacia un tambo de base pastoril.

En segundo lugar, se comenzó a generar cruzas genéticas para lograr que las vacas produzcan leche con menor cantidad de suplementación, aprovechando mejor el aporte de nutrientes de los forrajes ofrecidos.

Detrás de este proyecto –prácticamente pionero en los tambos bonaerenses– está el joven veterinario Joaquín Chiozza Logroño, egresado de la Facultad de Veterinaria de la UNICEN (Tandil), con una diplomatura en Agroecología en la UTN de Trenque Lauquen y un doctorado en marcha en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Chiozza Logroño explicó a InfoCañuelas que en sus 450 hectáreas Mayol obtiene el 100 % del pasto y el 70 % de los granos (maíz y cebada) que consume el ganado. Actualmente lo único que se compra en el mercado es el expeller de soja para reforzar la provisión de proteínas. Ese insumo poco a poco se irá remplazando con cultivos propios de arveja.

Las pasturas que sólo tenían como base dos especies fueron intersembradas con avena y vicia para aumentar la biodiversidad y la sinergia que ofrece la asociación de gramíneas con leguminosas, tanto a nivel del suelo, como en la mejora de la calidad de la dieta para las vacas. Las pasturas nuevas, sembradas en marzo 2021, que originalmente habían sido planteadas con pocas especies como base, fueron modificadas en su composición incrementando de dos a más de cinco o seis especies de leguminosas y gramíneas.

Para la siembra de maíz, se planificó la siembra asociada con leguminosas en la misma superficie, sin la utilización de agroquímicos, además de la futura intersiembra al voleo con especies como avena, cebada y vicia.

“La estrategia del policultivo consiste en mantener dos o tres especies encadenadas para generar una continuidad de cultivos, una sinergia que los potencia y que evite el desarrollo de las malezas o plantas no deseadas. Con esto se obtiene una leche con mayor valor nutricional y con menor carga de químicos en el proceso productivo”, explicó el especialista.

Habitualmente se cree que el uso de agroquímicos y fertilizantes mejora los rindes; o dicho de otra manera, que la ausencia de esos elementos salvadores haría inviable la producción. Para Chiozza Logroño es un discurso instalado por las multinacionales, especialmente a partir delos ´90 cuando se generalizó el uso de los paquetes tecnológicos.

“Estos paquetes simplifican la producción. El productor lo único que hace es aplicar una receta conocida que da resultados medianamente satisfactorios de manera simple. La agroecología implica un mayor análisis, hay que estar, evaluar y aplicar distintas herramientas durante el ciclo productivo. En la transición hay una merma productiva pero una vez que el sistema se estabiliza, se logran niveles similares a los de la agricultura convencional sin el costo de los productos químicos, que se volatilizan y generan un efecto invernadero”.

“La industria generó miedo a la maleza, al insecto, y eso nos ha llevado a hacer más mal que bien. Hemos convertido a la tierra en drogadependiente. No hay que olvidar que cuando uno aplica insecticidas en un campo también mata abejas, arañas, mariposas… Cuando éramos chicos era común ver decenas de libélulas estrelladas contra los parabrisas de las camionetas. Hoy ya no lo vemos”.

En este nuevo camino se han vuelto a utilizar herramientas de labranza que estaban abandonadas, como la escardadora que “Polaco” Mayol utilizó durante décadas para rastrillar los campos y que estaba juntando polvo en un galpón.

Según Chiozza, otra ventaja del modelo agroecológico es que la da mucha independencia al pequeño productor, dado que se reduce la dependencia respecto de los insumos externos. “Nuestra siguiente fase –dice– es producir nuestro propio fertilizante a partir de suero lácteo que se descarta de la fabricación de quesos. Ese desecho mezclado con bosta y ceniza más algunos minerales orgánicos genera un fertilizante líquido de muy buena calidad. Este año empezamos a aplicarlo comprándolo a una cooperativa de La Plata pero en breve pensamos hacerlo nosotros. Y eso lo puede hacer un productor con un tacho de 200 litros, independizándose de fertilizantes que tienen un alto costo e impacto ambiental”.

El veterinario subraya que en la provincia de Buenos Aires hay bastante experiencia agroecológica aplicada a la horticultura, producción de miel y pollos, pero que es muy escasa en el terreno de la leche. “En Brandsen hay un tambo que arrancó con certificaciones orgánicas y en Trenque Lauquen hay otro que vende leche agroecológica. También hay antecedentes en Mercedes y Saladillo, no mucho más”.

Esta transición permitirá que en poco tiempo el multipremiado dulce de leche Mayol incorpore la insignia de “agroecológico” en su etiqueta o que la empresa pueda sumar productos prácticamente inexistentes en el mercado, como manteca, crema o queso certificados. Una interesante innovación en la que trabajan Paulina Mayol y la nueva generación a cargo de la firma que el 12 de octubre cumplió 85 años.

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