Crisis del petróleo: tomar distancia para ver más allá
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Marta Jara

Marta Jara

Advisory Board Member en Wilson Center Latin American Program
El tema de actualidad es la estrepitosa caída de los precios del petróleo y se torna difícil tomar distancia de este hecho histórico: nadie de mi generación ha vivido algo así. Francamente tampoco se había experimentado jamás un desplome tan abrupto de la demanda mundial como el de las últimas semanas. Lo inédito es que se ha llegado a pagar a los compradores para que en mayo tomen físicamente volúmenes que no encuentran salida en el mercado del WTI. ¿Cómo analizar este momento sin quedarse en lo coyuntural? Tomemos distancia para poder ver más allá del hecho puntual.
Revisemos un poco de historia. Desempolvé un libro de cabecera, The Quest – Energy, Security, and the Remaking of the Modern World del reconocido Daniel Yergin, premio Pulitzer y asesor del gobierno americano (The Penguin Press, 2011). Con sus más de 70 años, ha vivido muchos acontecimientos en primera persona y sus relatos son realmente interesantes. Habla de los orígenes del mercado WTI en un capítulo titulado, paradójicamente, “The Demand Shock”. Digo paradójicamente porque se refiere a un shock de demanda, pero de sentido inverso al que estamos viviendo hoy.

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La historia comienza alrededor del 1912 con el desarrollo del campo de Cushing, considerado la estrella de los campos petroleros de Estados Unidos de la época. Allí se instaló un enorme parque de tanques al que llegan ductos que trasportan el hidrocarburo desde las zonas productoras y lo redistribuyen a las refinerías (su capacidad equivale a 6 veces el consumo anual del Uruguay). Aquel yacimiento se fue agotando pero se mantiene ese punto de entrega física para los contratos de WTI que se operan en el New York Mercantile Exchange (NYMEX). Además de proveer un punto logístico para el comercio, el mercado se asocia a una calidad de referencia, el West Texas Intermediate, también conocido como “domestic sweet”. Otros crudos se descuentan o premian, según su calidad, en base a este marcador. Ahora bien, hay muchos otros puntos hoy que podrían considerarse más relevantes que este, en particular dadas las crecientes exportaciones. De hecho se intenta desarrollar nuevos commodities como el WTI Houston. En la imagen a continuación, el nudo en el centro de Norteamérica es Cushing, mientras que Houston queda en la costa de Texas.

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¿Entonces, por qué seguimos obstinadamente la evolución del WTI como uno de los datos que hay que conocer para empezar el día bien informados? Resulta que, asociado a este correlato físico, se comercializa un múltiplo mucho mayor de “barriles de papel” o “barriles electrónicos” y, a su vez, toda clase de instrumentos financieros derivados. El comercio de futuros de WTI comenzó en 1983, en paralelo al del mercado ICE en Londres para el crudo Brent, lo que marcó el nacimiento de un verdadero mercado líquido de futuros. Estos brindan un mecanismo de mitigación de riesgos para quienes dependen de la compra o venta del petróleo para asegurar la rentabilidad de su negocio. Por un lado están los productores y, por el otro, los compradores, como los refinadores o los clientes finales de destilados como los agricultores o las aerolíneas. En el medio de estos actores, que en última instancia se involucran con el producto físico, están los especuladores, un término que técnicamente no tiene ninguna connotación negativa. Son agentes, cuyo negocio consiste en la mera comercialización, intentando cerrar posiciones para no tener que tomar ni entregar producto.

 El comercio de futuros de WTI comenzó en 1983, en paralelo al del mercado ICE en Londres para el crudo Brent, lo que marcó el nacimiento de un verdadero mercado líquido de futuros

Antes de los ’80 el negocio estaba menos fragmentado y globalizado, y por lo tanto era menos complejo. Hasta entonces lo controlaban las multinacionales muy integradas, los gobiernos (¡en Estados Unidos recién en 1981 Reagan liberó el precio del petróleo!), una OPEP con mayor participación de mercado y una Unión Soviética bajo una economía planificada.

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Si miramos la evolución de precios reales desde principios del siglo XX, se ve claramente la mayor volatilidad de las últimas décadas. Puede argumentarse que este comportamiento se asocia justamente a un mercado que se regula libremente. Para entender la dinámica, hay que tener presente que las inversiones en este rubro son muy altas y tienen periodos de desarrollo y ejecución largos.
Ahora, premiando la paciencia de los lectores, volvemos al “shock de demanda” al que hacía referencia al principio. Sucedió al cabo de algunos años de grandes recortes en la industria petrolera y sus servicios asociados, en los que se e contrajeron inversiones, se desarmaron equipos y se cerraron empresas a lo largo de toda una cadena de suministros para la industria. Esa había sido la reacción a la crisis financiera asiática de 1998 que aplastó los precios a su punto más bajo desde la época del embargo petrolero. Esa señal de precios quedó grabada a fuego en la mente de los inversores, que durante varios años aprobaron solamente proyectos que fueran viables con un petróleo en los 20 dólares por barril (moneda corriente). Entonces en 2004, cuando se empezó a despertar China como potencia económica y centro de consumo de materias primas, la industria no pudo responder con fluidez. No se conseguían suministros, ni siquiera personal técnico. Tal escasez escaló los costos de producción al punto que se duplicaron en un quinquenio. En 2008 el precio del barril perforó la barrera de los 100 dólares. Precios tan altos, a su vez, atrajeron nuevos jugadores y la experimentación con nuevas tecnologías, en particular incorporándose las reservas de shale oil que explican parte de la sobreoferta que desemboca en la situación actual.
Volviendo al presente se puede presumir, por analogía, que vendrá otro invierno crudo y largo como el de Juego de Tronos para los productores de petróleo, en el que se congelarán las inversiones y, consecuentemente, no se puede descartar a mediano plazo un efecto rebote como el de 2005-2008. Aunque, personalmente, no pondría todas las fichas en un auspicioso deshielo…

Según manifestó en estos días Fatih Birol, Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la organización está trabajando con varios gobiernos en formular estrategias para que la reactivación económica post COVID-19 se aproveche para acelerar la transición energética

Según manifestó en estos días Fatih Birol, Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la organización está trabajando con varios gobiernos en formular estrategias para que la reactivación económica post COVID-19 (los paquetes fiscales) se aproveche para acelerar la transición energética. Menciona tres líneas de trabajo que tendrían cabida también en nuestro país:

  1. La remodelación del parque edilicio para mejorar su eficiencia energética. Por cada dólar invertido en remodelaciones, se calcula que 60 centavos son en mano de obra,
  2. El aumento de las energías renovables e hidrógeno. Ya hay suficiente capacidad para la generación de energía renovable en Uruguay, esperemos que se continúe hacia la descarbonización del transporte pesado concretando un piloto de hidrógeno verde,
  3. La eliminación de los subsidios a los hidrocarburos. Para paliar el impacto del COVID-19 sobre los sectores más vulnerables, el Ministerios de Desarrollo Social de Uruguay (MIDES) ha tenido que optimizar herramientas que le permitan ser bien selectivo para dirigir las transferencias a los beneficiarios a los que necesita llegar. Contando con estas herramientas y precios bajos (el mejor momento para quitar subsidios), se debería eliminar el subsidio generalizado del supergás.

¿Nos estaremos acercando al anunciado pico de demanda para los hidrocarburos? ¿Estaremos ante la línea de largada de una carrera entre las petroleras para vaciar sus reservas, que corren el riesgos de perder su valor?

Si se concreta la visión de la AIE, se consolidará la tendencia de una demanda de petróleo que no acompaña linealmente el crecimiento económico. De por sí, se ganará eficiencia mediante tecnologías que están encontrando terreno fértil en la nueva normalidad: la automatización, el teletrabajo y la realidad virtual. ¿Nos estaremos acercando al anunciado pico de demanda para los hidrocarburos? ¿Estaremos ante la línea de largada de una carrera entre las petroleras para vaciar sus reservas, que corren el riesgos de perder su valor?

No es capturar la foto del momento sino tener la capacidad de ver más allá. Se requiere mucha preparación y análisis para poder gestionar los riesgos

En cualquier caso, parece demostrado que el mundo es más complejo que en el siglo pasado. Y, para abordar la complejidad, se requiere tomar distancia del hecho puntual para comprender las dinámicas que están en juego. No es capturar la foto del momento sino tener la capacidad de ver más allá. Se requiere mucha preparación y análisis para poder gestionar los riesgos. Lo primero es plantear lo más claro posible los objetivos y la tolerancia al riesgo: qué oportunidades se quiere retener y qué daños se es capaz de tolerar. Recién entonces se podrán definir las estrategias adecuadas. Nos falta profundizar muchísimo en este tema, porque la gestión de riesgos se vuelve una habilidad fundamental en la nueva normalidad.

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