Ganadería. El coronavirus no ha afectado a la rutina diaria de Lechería La Cántara, aunque sus ingresos se han visto bastante reducidos. «No va a ser nuestro mejor año».
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En Lechería La Cántara-El Pasiego, en Revilla de Camargo, parece un día normal. Las vacas paciendo, los novillos estabulados, el queso madurando… Todo sigue la rutina de una jornada ordinaria de primavera. Y es que, al contrario que otros sectores de la economía, el coronavirus no ha trastocado el día a día de la actividad ganadera. Los animales siguen requiriendo los mismos cuidados que antes y sus productos abastecen a supermercados y tiendas de alimentación. «Las vacas no entienden de virus», apunta Víctor Hernández. Las 35 reses de la familia Hernández Rivas campan a sus anchas por los prados de la localidad camarguesa ajenas a la pandemia. «Mantenemos sus rutinas. Las ordeñamos dos veces al día y el resto las dejamos pacer a su gusto», señala Víctor, uno de los gerentes de la lechería.
Esa constancia se ha visto traducida en una tranquilidad económica para el negocio, aunque han tenido que reinventarse. «Antes vendíamos el 90% de los productos a la hostelería y el 10% se lo ofrecíamos a Agrocantabria, pero a raíz del coronavirus, que ha obligado a cerrar todos los bares, ahora se lo estamos vendiendo todo a la industria», indica Luis David, otro de los dueños de la ganadería. La producción restante la han empezado a despachar a través de la venta a domicilio, una solución que está «funcionando muy bien». «La primera semana empezamos con 10 o 15 pedidos, la semana siguiente hubo 30 y sigue subiendo. Vendemos de todo, desde varios quesos hasta yogur».
Sin embargo, las cuentas del 2020 no van a ser tan buenas. «Este no va a ser nuestro mejor año, pero lo llevamos bien», afirman los hermanos. Y es que al cambiar el receptor de sus productos, cambia el margen de beneficios. «Nosotros estamos acostumbrados a vender la leche a un euro a la hostelería y ahora a la industria la estamos vendiendo a 32 céntimos. Este es el problema que ha creado el coronavirus», apunta Víctor. Reiteran que no se pueden quejar de su situación. «Menos mal que nunca llegamos a romper relaciones con la industria porque, de lo contrario, no estaríamos aquí ahora».
«Solíamos vender la leche a un euro a la hostelería y ahora la estamos vendiendo a la industria por 32 céntimos»
Aunque no ha trastocado el devenir diario del sector ganadero, la pandemia ha significado mayores medidas de seguridad. Todos los contactos con intermediarios o con el veterinario de las vacas se lleva a cabo tomando todas las precauciones al alcance, como son el empleo de mascarilla y guantes.
Animales sin presión
Desde hace cinco años, esta ganadería emplea un sistema de pastoreo. Un modelo en el que la producción es más baja porque a los animales no se les somete a mucha presión y, por lo tanto, están más sanos. Hay vacas que han llegado a durar hasta los 13 años.
«Desde que pasamos a vender nuestros productos, nos limitamos a utilizar lo justo que necesitamos para transformar lo nuestro. No nos importa demasiado la producción. Preferimos que las vacas den 24 litros de media y que no den problemas a que den 38 o 40 litros y enfermen a menudo porque cuanta mas producción, más problemas», explican.
No obstante, todas las vacas siguen unos horarios estrictos, inalterables también ante la pandemia de coronavirus. Se pasan todo el día paciendo, excepto cinco o seis horas que pasan a ser estabuladas donde se les da una ración de pienso y también para ser ordeñadas.

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