Los valores venían recuperándose durante el invierno, pero en agosto y en septiembre la situación perdió ímpetu por la mayor disponibilidad estacional de materia prima
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Entre agosto y septiembre perdió ímpetu la mejora de los precios de la leche recibidos por el tambero Archivo

La situación del negocio lechero puede caracterizarse así, según el consultor Marcos Snyder: la producción aumentó estacionalmente en septiembre y octubre, pero en noviembre comenzó el período de reducción que se extenderá a los meses de verano. En tanto, el consumo interno de lácteos se redujo en lo que va de 2021 respecto de igual período de 2020, pero creció la exportación, que alcanzó el 24% del total producido, gracias al excelente valor de la leche en polvo entera, que araña los US$4000 por tonelada.

En ese contexto, los precios recibidos por el productor venían recuperándose durante el invierno y superaban a la inflación, pero en agosto y en septiembre la situación perdió ímpetu por la mayor disponibilidad estacional de materia prima.

Así los valores pagados, según el Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina, fueron: junio, $31,32 por litro; julio, $32,15; agosto, $32,51, y septiembre, $33,03. Actualmente, los precios del litro son interesantes medidos en dólares (33 centavos vs 28 del promedio histórico), pero “han sido muy afectados por la suba incesante de costos, principalmente de fertilizantes, agroquímicos y de concentrados”, condiciona Snyder.

Clima en contra

Además, todos los productores arrastran la mochila de la rentabilidad negativa de 2020 y de los primeros meses de 2021, que los llevó a la descapitalización y al endeudamiento en distintos niveles. Si se consideran los últimos 12 meses, el sector afrontó en conjunto una pérdida de $12.600 millones, según el Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos.

También hay que considerar lo que está ocurriendo con el clima y sus perspectivas: hay pocas zonas con lluvias suficientes (por ejemplo, el oeste de Buenos Aires), mientras que padecen escasez o falta de humedad el litoral, la zona de abasto de Buenos Aires y varias cuencas orientadas principalmente a la industria láctea.

El congelamiento de precios de estos productos es otro elemento negativo para la ecuación del productor. Se impone a nivel del comercio minorista, no para la industria ni para los tambos, pero genera un “efecto cascada” hacia atrás en toda la cadena, que llegará las empresas lecheras. “Es una medida electoralista, que no puede proyectarse hacia los dos años que quedan del actual Gobierno, pero que enrarece el clima de negocios en las cadenas vinculadas a la alimentación”, concluye Snyder.

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