Cobran menos de lo que debieran. Se ven encerrados en un sistema de comercialización sin ton ni son y asisten a una importante suba de costos. Y además están en esta Argentina, con todo lo que eso significa.
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La actividad exige un alto grado de resiliencia; una vez más los productores de leche vienen a los tumbos con los precios. Nadie se salva de las intervenciones distorsivas en el mercado que limitan la inversión y una mayor producción. Como sucede en granos y carnes, el largo brazo del Estado pone patas para arriba el negocio, y todos pierden.

La Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de la provincia de Buenos Aires (Caprolecoba) advierte que en 14 meses el diferencial de variación mensual entre el valor al que vende la industria y el que paga el consumidor, alcanzó un 14% en contra de los precios en salida de fábrica. Según el Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA) esto demuestra el retraso de precios en los lácteos que factura la industria y sus consecuencias sobre el productor. Implica $/l 6,65 que no llegan al bolsillo del agroempresario.

Esta idea de mantener precios ficticios al consumidor para disimular la caída del poder adquisitivo de los salarios tiene consecuencias en toda la actividad. Es una fantasía que tarde o temprano se acaba, dejando en el camino relaciones comerciales alteradas de todo tipo. La pérdida de poder de compra de la población tiene que ver con los desmanejos del Estado y no con la actividad privada, que también los padece.

Mucho peor en el caso del productor de leche, que es el eslabón más desprotegido de su cadena. Entrega su leche a cambio de nada, de palabra, y tiempo después le fijan unilateralmente un precio. El estancamiento en el valor de la leche en tranquera convive con un aumento de costos de alimentación potenciado por las necesidades que imponen tres años de seca. Es que la vaca ingiere dólares para generar un producto valuado en pesos.

Por si alguna duda cabe, vale remitirse al análisis del Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos (IAPUCo). La entidad concluye que queda claramente evidenciado que la situación de quien origina la leche no pasa por un problema de “transmisión” dentro de la cadena. La razón por la cual no se accede a precios de la leche al productor como se da en los mercados mundiales (unos u$s/l 0,53), obedece a “interferencias” que impiden que la cadena se apropie del valor que genera. Esas interferencias son de variada índole e impacto: controles de precios domésticos de los productos lácteos, caída del poder adquisitivo de los consumidores, primarización del consumo, productos alternativos, informalidad impositiva, derechos de exportación y bajas de reintegros, entre otras.

En cuanto a la industria sus niveles de facturación están muy lejos de los valores que se logran en los principales países lecheros, que se ubican en un nivel cercano al dólar por litro equivalente (en planchada de fábrica) y que no se dan en Argentina por las interferencias entre el mercado y los actores de la cadena mencionadas anteriormente.

Los cálculos indican que vamos hacia un cierre de año parejo en materia de producción de leche, con volúmenes similares a los de 2021. Es una pena que muchas de las cuestiones planteadas estén lejos de resolverse. También lo es que se sigan dirimiendo por la fuerza los conflictos gremiales, como sucede en el caso de una láctea de la zona de Carlos Casares. En este caso el productor es asimismo uno de los más perjudicados. Siempre pierde.

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