El maíz y la soja les pegan en raciones y alquileres.
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Los tambos tienen un escenario complejo por la sequía, la guerra y pautas comerciales.

“Los tamberos hacemos una cuenta muy de almacenero antes de ir a los números complejos de cada tambo en particular y que sirve para ver cuán desfasados estamos en cuanto a precios y costos. Y ahí miramos cuánto nos pagan el litro de leche y cuánto pagan un kilo de soja. En números redondos en enero nos pagaron 36 pesos el litro de leche y con eso estábamos 10 pesos abajo en ese momento”, comienza relatando Andrea Passerini, referente de la Comisión de Lechería de CRA y tambera de Carlos Casares, sobre la realidad del sector que intenta navegar en la turbulencia de los precios de las commodities.

Pero no es el único punto que preocupa a los tambos. En realidad hay un cúmulo de dificultades que vienen desde afuera y también desde adentro de la cadena láctea. “El punto central es el descalabro macroeconómico vigente más agravantes como sequías locales, regionales o internacionales y otros como la guerra con Ucrania que aparece como un cisne negro. Son todas en contra en este momento porque una sequía más una guerra, son externalidades que no se suelen juntar”, agrega la dirigente agropecuaria en diálogo con Tranquera Abierta.

Y luego avanza: “El problema grave que tenemos en la cadena agroalimentaria láctea es la economía desquiciada, pero el eslabón productor no tiene amortiguación porque padece fijación unilateral de precio de parte de su comprador. Y el 25 de mes, cuando ya entregamos casi el mes completo, todavía no sabemos cuánto vamos a cobrar. Y de todo esto no se habla y los funcionarios siguen mirando para otro lado”, remarcó Passerini.

¿Y cómo juegan ahí las retenciones?

Desde nuestra posición de dirigencia gremial agropecuaria estamos en contra de las retenciones y cada vez que viene el rumor de los talibanes felettistas que intervendrían el comercio exterior de lácteos salimos con los tapones de punta. El nuevo secretario de Agricultura tiene como una de sus tareas centrales contrarrestar a la línea talibana que quiere seguir interviniendo mercados y exportaciones como si eso hubiese dado algún resultado razonable en los últimos 20 años.

¿El impacto de los granos se centra en la alimentación?

La realidad es que hay un combo. El maíz, trigo y soja son las principales materias primas. De hecho en mi caso cambié harina de soja por girasol porque estaba más barato. Eso fue antes de la guerra. Pero la comparación con la soja se hace en parte por el costo de la alimentación, pero más aún por el costo de oportunidad en el uso de la tierra: el tambo que alquila paga en quintales de soja.

¿Y el impacto del maíz?

El tambo que no pueda hacer su propio maíz está en el horno. Y este año tenemos muchos tamberos que pudieron picar un silo raquítico por la sequía y la ola de calor y la pregunta es cómo van a lograr atravesar el año con escaso forraje y en este contexto. Pero además de todo este combo de cosas hay que sumar el tipo de cambio. Este panorama es con un tipo de cambio ridículamente bajo. Ahora se espera que la devaluación se acelere.

Eso agravaría el cuadro…

Hasta ahora los commodities suben afuera, por expectativa de menor oferta por la guerra. Lo mismo los insumos, que ya estaban por las nubes en diciembre, como fertilizantes y glifosato sobre todo. Pensemos qué pasaría si hay una aceleración de devaluación. Y no es que queremos mantener la brecha ni mucho menos. Sólo describo una bomba de tiempo con distintos componentes. Y cuando le saquen la traba a la granada van a explotar una serie de cosas. El tipo de cambio y el precio del gasoil son dos ejemplos. No olvidemos que en 2021 hubo congelamiento por las elecciones. ¿Y cuando eso se actualice? Habrá que sumarlo a la suba de commodities, guerra, sequía y todo lo demás. Es un escenario muy difícil. Mientras tanto habría que trabajar adentro de la cadena para terminar con este esquema paleolítico de fijación unilateral de precios. Pero no quieren ir contra la industria porque ya la complican con precios congelados y derechos de exportación. Y entonces el que queda es la variable de ajuste de la cadena que es el tambero.

¿Y la producción?

No hay que olvidar que en 2015 se dio el récord histórico de producción con 12 mil millones de litros pero en el segundo semestre nos caímos como un avión porque se derrumbó el precio internacional mientras acá había cupos, derechos de exportación y demás, como ahora. Y era porque había un precio de más de 5 mil dólares la tonelada de leche en polvo y ahora no estamos tan lejos. Con un consumo que en aquel momento era mayor porque había menos pobreza. A fines de 2015 nuestro precio nominal se había caído más del 30%. Cuando asume el nuevo Gobierno liberó el tipo de cambio, quitó derechos de exportación cuando nuestros principales costos eran soja, trigo y maíz. Yo nunca ví semejante sangría, porque se olvidaron que lo que para unos era más precio, para otros era más costo. Todos sabemos que los derechos de exportación son malos, pero la bomba es tan compleja que hay que ir desactivándola de a poco para que no se mueran en el camino aquellos a quienes no mira nadie. Para eso hay que tener hojas de ruta y planes de contingencia.

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