María Sánchez: “Sin las mujeres, el campo hoy no existiría” – EdairyNews
España |4 abril, 2018

Productores | María Sánchez: “Sin las mujeres, el campo hoy no existiría”

Veterinaria de campo y escritora, María Sánchez reivindica con su oficio y con su poesía el medio rural y la figura de la mujer

María Sánchez (Córdoba, 1989) celebra las buenas noticias con queso de cabra. Y reclama un archivo de fotos de la realidad en la que se mueven quienes, como ella, encuentran en la escritura otra forma de celebración: “malos pelos, pijamas de franela y calcetines gordos hasta la rodilla”. Cuenta esta veterinaria de campo que la poesía ha sido para ella una carrera de fondo. “Pensaba que lo que iba a escribir no le interesaría a nadie”, confiesa. Benditas equivocaciones. Tras haber cumplido su primer año en las librerías, su poemario Cuaderno de campo (La Bella Varsovia) ya va por la octava edición, y promete muchas más. “La separación de Ciencias y Letras me da mucha rabia. Recuerdo que un libro de Bioquímica de mi abuelo comenzaba cada capítulo con una cita de Shakespeare. ¿Cuándo hemos dejado de ser un todo?”.

Precisamente es bajo la atenta mirada de su abuelo bajo la que María lee, tacha y escribe. Sonriente, José Antonio posa tras una vaca durante uno de sus viajes a Canadá, en una de las fotos que decora la habitación. Las teteras y el azucarero que descansan en la mesita, junto a una pila de libros, son de su bisabuela Rosario. A su abuela la recuerda rodeada de sus gallinas. O con el peso vendiendo a sus vecinas. El mismo peso con el que María y su hermano jugaban a vender en la puerta de su casa las verduras que ella recogía del huerto. También piensa mucho en su madre, cuando de niña trabajaba en la aceituna. “En mi casa, las mujeres no nos regalamos flores, sino ramitos de laurel, perejil o hierbabuena. Así sucede la vida, mientras intercambiamos tarros y canastos, palabras y alimentos. Esa es mi genealogía”.

Soy la tercera generación de hombres que vienen de la tierra y de la sangre

De las manos de mi abuelo atando los cuatro estómagos de un rumiante

De los pies de mi bisabuelo hundiéndose en la espalda de una mula para llegar a la aceituna

De la voz y la cabeza de mi padre repitiendo ‘yo con tu edad, yo y tu abuelo, yo y los hombres’

Son estos orígenes los que formulan sus interrogantes y conjugan sus respuestas. Los que hacen que se pregunte por su futuro en el campo y por el de sus compañeras. “Sin las mujeres, el campo no existiría hoy como tal. En 2013, según el INE, el porcentaje de mujeres dedicadas al sector de “ganadería, silvicultura y pesca” fue el 2,2 % del total de las oficialmente ocupadas en España. Pero la realidad es que ellas siempre han estado trabajando”, asegura. “La primera veterinaria de nuestro país, María Cerrato, estudió para poder heredar el oficio y el lugar de trabajo de su padre. Necesitó un permiso del ministro y un certificado médico para cursar una carrera que terminó en dos años. Al final, todo se resume en quién manejaba la tierra o quién mandaba en la casa, y siempre ha sido el hombre. Por suerte, esto está cambiando. No es que ellas no hayan estado antes, es que ahora es cuando se empieza a verlas”.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. “Cuando no apostamos por nuestro producto local, perdemos territorio. Ese producto viene de la unión del paisaje, el productor y el animal. La gente muchas veces piensa que el campo es algo salvaje, pero hay que mirar más allá, preguntarse quién está detrás, de quién es la mano que lo cuida. Por eso es tan importante que el consumidor nos reconozca y sepa apreciar lo que tenemos. No hay tanta diferencia en el carro de la compra. Yo, por ejemplo, en vez de comprar ropa todos los meses, prefiero pagar un precio justo por la leche que consumo, comprar queso de mis ganaderos o carne de mi zona”, argumenta.

“Hay quienes quieren el campo pero no hacen nada mantenerlo”, prosigue. “Entonces, ¿para qué vamos a quedar los ganaderos y los pastores? ¿Para estar en un zoológico con un par de animales de cada especie? No somos conscientes de lo importante que es nuestro medio rural y quienes trabajan en él. Hace poco, el ser de pueblo significaba ser el cateto, el paleto. Hay una desconexión brutal con el campo. Hemos perdido el sentido de comunidad. Hemos olvidado de dónde venimos, y ahora lo estamos descubriendo, pero para mal. Nosotros también sabemos contar la Historia”. Y, ojalá, ella no deje de hacerlo.

Algo así tiene que ser el hogar:

Oír fandangos mientras las ovejas

van tras sus corderos

Rebuscar con los dedos las raíces

Ofrecer a los tubérculos los tobillos

Convertir la voz en ternura y en presa

Prometerme una y otra vez

que nunca escribiré en vano

un libro con las mismas manchas

Autor: VICTORIA GALLARDO
Fuente: El Mundo
Link: http://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2018/03/31/5ab3eb62e5fdeae7558b45b1.html

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